Algunos miraban mal que de niña interpretara canciones rancheras, esas que hablan de tequila y enamoramiento. Pero ella les puso la voz y el alma. Desde entonces abrazó la música y, a través de ella, Lila Downs enlazó dos culturas: la mexicana y la estadounidense. Pintó mapas de arte con los colores de su cantar siempre variopintos, con los de su baile y hasta con los de sus atuendos, que son también una fiesta cuando ella sube al escenario. El lunes, por primera vez, pisó tablas salteñas. Presentó "Balas y chocolate" en el Teatro Provincial. A sala llena, la artista compartió su música de mixturas y de vidas sin cadenas.
Los de "Humito de copal" fueron los primeros acordes. Dedicados a todos "los hermanos periodistas", la mexicana le cantaba así a los medios de comunicación exigiendo: "Humito, humito, yo quiero la verdad". Siguieron "La iguana", "Balas y chocolate" y "Dulce veneno".
"Que hermosura la gente de Salta. En esta hermosa provincia me he sentido hermanada por todos ustedes", dijo con su voz grave Lila, que encanta también cuando habla porque tiene qué decir y encuentra siempre las palabras más bonitas para esos decires.
Para cuando interpretó "La cumbia del mole" ya todos bailaban sentados, incontenible el ritmo que se multiplicaba en los cuerpos. Antes había sonado "La patria madrina" para anunciar que "todo amaneció mejor, mejor" en un mundo a veces quebrantado.
Y comenzó a sentirse el tiempo de despedida. Pero hubo bises, varios. En el primero varias parejas de la academia de danzas folclóricas salteña Raíces le pusieron más baile a la noche. Luego otra mujer apasionada fue invitada a subir al escenario. Mariana Carrizo y Lila, entonces, cantaron juntas "Doña Ubenza". Se despidió con "La llorona", a capela y muchos lloraron.
"Han sido un público hermoso", dijo adiós Lila con lágrimas en los ojos.
Con música, frescura y magia, pasó Lila y nos atravesó.

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