En el mundo andino la Pachamama es concebida como la madre que nutre, protege y sustenta a los seres humanos. El origen de este culto a la Madre Tierra es preincaico. Los pueblos andinos realizaban desde tiempos ancestrales ofrendas en honor a la Tierra. Sacrificaban camélidos y ofrecían alimentos y hojas de coca. Las ceremonias estaban a cargo de personas ancianas o de mayor autoridad moral dentro de cada comunidad. Actualmente los rituales se mantienen vivos en las áreas andinas de Ecuador, Perú, Bolivia y norte de Chile y Argentina.

"Pachamama es un vocablo quechua que implica mucho más que la simple traducción adaptada de Madre Tierra, ya que en su lengua original, este vocablo incluía un sentimiento místico y hasta esotérico de la entidad que da vida a nuestro mundo, que lo acoge, protege y sostiene. Asociada a la fertilidad, a lo femenino, en su capacidad intrínseca de acoger la vida, recrearla, darle sentido. Pachamama es así una entidad consciente, vital, suprema en su inteligencia, regente de los ciclos de vida/muerte/vida tan significativos en la cosmogonía de los Pueblos Ancestrales de los Andes", dijo en diálogo con El Tribuno Carolina Wilches, dueña del Café de las Mancias (Alvear al 300).

La sahumada


Sahumar es perfumar con humo aromático. Es purificar el aire con perfumes. Para ello se coloca el polvo de las esencias sobre un carbón prendido en un hornito. Luego se lleva el horno a las cuatro esquinas de la habitación y en el centro se dice una oración. Se recorren todos los ambientes de la casa y luego, se sacan las energías por la puerta principal. Katya Gibaja, presidenta de la Fundación Ecos de la Patria Grande, explicó: "La costumbre ancestral del noroeste argentino es sahumar las casa el 1 de agosto, pero lo que no se conoce es que el 31 de julio se debe limpiar muy profundamente la casa, sacando desde todos los rincones la basura. Esta limpieza es para evitar que en el mes de agosto, que corren los vientos de la zona de los Yungas, se enferme la familia. Generalmente, este viento caliente afecta a las personas mayores y a los muy niños. Por eso se dice que en agosto a más de una persona se la lleva la Madre Tierra. En la mañana, después de la limpieza se toma el coymi, que es un té o mate cocido al que se le agregan varias plantas nutritivas que ayudan a fortalecer el cuerpo. Esto debe tomarlo toda la familia unida antes de sahumar. Para sahumar se deben sacar del jardín de la casa plantas aromáticas. El objetivo es desinfectar, sanar".

Los rituales en la actualidad

Carolina Wilches dijo: “Hoy ha regresado en cierta forma el rito a la Pachamama, quizás bastante carente aún de sentido, pues en verdad vivimos muy desconectados de sus ciclos, su lenguaje, su importancia existencial para nuestra vida. Hacer una ofrenda pequeña, desde ya que nos reconecta, bastan algunas semillas, un poco de vino, algo de tabaco, no es pretenciosa nuestra Madre Tierra, siempre que lo hagamos con sentido. Momento de agradecer lo que hemos recibido y pedir por aquello que anhelamos en este nuevo ciclo. Algún sueño, un proyecto, trabajo, comida, salud, agradecer, así de natural”.

Humito protector
Sahumar también es muy bueno, recambio de los aires después del invierno, de tantos días en encierro por el frío, en agosto cambian los vientos, las bondades de los inciensos, la mirra, el almizcle, en estado puro, renuevan y limpian el aire en nuestras casas, ahuyentan las energías más densas. Basta con cerrar todas las ventanas, comenzar desde el fondo hacia adelante, de arriba hacia abajo. Dejar impregnado el ambiente con el olor y el humo de los sahumerios por unos momentos, abrir todo de nuevo y, por último, barrer. “Así, el aire y la energía de nuestra casa quedaron renovados. Hacerlo con ánimo alegre, o al menos armónico, desde ya, colaborará con la limpieza”, dijo Carolina. “El inicio de agosto es un momento energético particular, inicia el ciclo natural donde vivimos inmersos, es ahora, no en diciembre que nuestro año energético comienza, después de la introspección del invierno, nosotros también estamos llamados a sembrar, germinar, para después cosechar, agradecer lo recibido y comenzar a soñar, planear aquello que deseamos materializar, es ahora el momento, lo sepamos aprovechar”, concluyó.


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