Dos o tres horas antes de la función Ana María Parodi se quitará toda la ropa y se despegará incluso de sus gestos y sus formas. Una vez desnuda, comenzará a vestir a Lolita, desde el calzón hasta el deshabillé y la cabeza llena voces y recuerdos. Voces, recuerdos y nostalgia. La vestirá para subirla al escenario con "Yo tengo un brillante", la obra que estrenará esta noche, a las 21.30 en el Salón Auditórium (Belgrano 1349). La entrada general es de $90. Promoción anticipada: dos por $150.

Ana María dice que le resultó más interesante la personalidad de Lolita que la historia en sí misma. El texto del cubano Nicolás Dorr propone un juego escénico que constituye en sí mismo un desafío histriónico, un juego vertiginoso y alienado en el que una mujer, en el ocaso de su vida, recuerda sus días de brillo y máxima performance entre el amor y la pasión; entre el amor y la locura; entre recuerdos y fantasmas reales o inventados. ¿Hasta dónde nos llevan los sueños, el amor, la soledad? "Es un desafío actoral y también un buceo muy interesante en la profundidad del alma humana, más allá de que es una historia de ficción", dijo Parodi a El Tribuno. "Qué interesante esto de encontrar una persona alienada y los motivos por los que está así", agregó.

Encarnar a esa Lolita la confronta con interrogante que trasciende la historia. "¿Hasta dónde la realidad y hasta dónde su propia fantasía?", reflexiona. "Encontré esta pregunta que pude trasladarla a la vida. Los seres humanos nos movemos todos los días haciendo cosas y entonces, ¿por qué no pensar que ese mundo en que vivimos es solo un espacio en el que desempeñamos roles dentro de una realidad o dentro de una ficción? Desempeñamos diferentes roles que la realidad o las circunstancias que vivimos nos imponen. Yo creo que todo el mundo actúa para vivir", reflexiona la actriz.

"Yo tengo un brillante" llegó a las manos de Ana María gracias a Omar Pizzorno para que la leyera y evalúe si la subía a las tablas. Ana María dice que después de una primera lectura dijo "sí". "Siempre es muy subjetivo. Llamale intuición, oficio o esa cosa empírica que tenemos los artistas que te atraviesan. Pienso que la historia no es de esas a partir de las cuales la gente sale de la sala diciendo '¡qué maravilloso el texto!'. Creo que es una obra que hará reflexionar más sobre si gustó o no la interpretación", dijo.

"También creo que el público se va a preguntar hasta dónde la realidad es la realidad y la ficción es la ficción y la fantasía o lo fantasmagórico de Lolita son recuerdos o inventos". Esos recuerdos están en una valija en la que guarda objetos de sus años dorados. Hoy vive la decadencia total. Para recrearla, Parodi primero construyó la obra, el ámbito, algunos pasajes de la historia de esta mujer alienada. Primero estuvo la obra, luego construyó el personaje. "Es como hacer un dibujo y después ir pintándolo y dándole los detalles", comparó. Y Ana María le pondrá el cuerpo, como a cada uno de los personajes que interpretó en su carrera. "Cuando termina la obra soy tan la otra persona que la gente quizás se queda en la puerta esperándome para saludarme y yo tardo en bajar del cielo y meterme de nuevo en mi cuerpo porque le presté todo mi ser al personaje", dijo. En escena, tan solo Lolita.

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