Pocos pero buenos...la intención es no bajar los brazos y así se lo propusieron los organizadores del 1º Festival del Milagro, que prometieron seguir abrazados a esta causa solidaria.
El sábado pasado, em la Sociedad Rural Salteña, se levantó el telón a la primera edición del mencionado festival musical, que contó con una interesante cartelera. Quizás el frío o tal vez la fecha, no permitió observar una postal alentadora de espectadores...la verdad no hacían falta más, el corazón de los presentes rebalzó de emoción y sentimiento en el predio de la Rural.
La organización estuvo encabezada por Germán Vidaurre y Rosa Gutiérrez, quienes comunicaron que lo recaudado se destinará a la escuela de música del barrio Santa Cecilia.
Además, se benefició a las fundaciones Hope, Lila, Amanecer y Revivir, que se encargaron de la comida y la bebida que se vendió en el predio.
El público disfrutó de cada propuesta que fue desfilando por el escenario. La apertura se reflejó con el ballet oficial del festival Supay Malambo y alumnos de la Escuela de Música del Bº Santa Cecilia.
La concurrencia esperó con ansias a Pitín Zalazar...pero valió la espera, el simpático folclorista entregó un abanico de canciones que encendió el entusiasmo en el lugar.
Las Voces de Orán también hicieron prevalecer su extensa y rica trayectoria.
La historia del trío comenzó en el otoño de 1969, más precisamente en agosto, cuando Martín Zalazar, Federico Córdoba y Roberto Franco, amigos de la infancia formaron el trío y decidieron emprender la tarea de cantarle al país.
Con el tiempo lograron ser consagrados en el país, recibieron el cariño de los pueblos de Uruguay, Paraguay, Bolivia y Chile. Obtuvieron numerosos premios nacionales e internacionales. Con los años Pitín fue reemplazado por René Gerardo Flores.
El Bagualero Vazquez le puso la picardía a la velada, mientras Wanabara hizo bailar a los presentes. También se destacaron: Los Cantores del Alba, Vitae, Vira Vira, Luis Cuadra (El Quebracho) y Mario Tirado (El Puestero).
El objetivo central de esta convocatoria es conseguir materiales para construir guitarras, charangos y bombos, que luego se emplearán en la escuela de música de Santa Cecilia. Sin dudas, los chicos de la zona encuentran un espacio de contención y abren su canino en el arte.

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