Entonces uno va distraído camino al trabajo y ¡zaz! Se encuentra con el mensaje del león, que con aerosol rojo dejó escrito sobre la pared de la escuela 25 de Mayo un desesperado pedido de perdón. El destinatario: la osita. "Osita mía entendeme, por algo soy tu león", le ruega. Y si la osita aún no lo vio, el león ya le sacó varias sonrisas a los ciudadanos que imaginaron la historia detrás de una inscripción arrebatada en ese espacio que no es de nadie y es de todos.
De ingenio y arrebato. Así están hechos los grafitis y en la ciudad hay un montón. El Tribuno salió a recorrerla y se encontró con esos decires que a veces expresan amores, otras opiniones, enojos y ocurrencias de todos los colores.
Dice Francisco Reyes, un docente del Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad, de la Universidad Complutense de Madrid, que los grafitis son otra forma de gritar. Y en Salta gritan cosas como "El peronismo tiene cura" y "Sonríe, la vida es perra" o canciones ricoteras como "Nena, tu risa es la magia de los rocanroles".
En Ayacucho, entre San Martín y Urquiza: "Solo yo te amo", a pinceladas bruscas con pintura negra. Bien contundente. ¿Sabrá el o ella que a alguien le provoca ese sentimiento?. No importa. El autor necesitó gritarlo justo en esa pared y no necesitó más que eso para dejar su mensaje sin pedir permiso a nadie, ni siquiera al dueño de ese muro. Mucho menos al dueño, en todo caso, porque esa es también la adrenalina del grafiti. "Yo interpreto el grafiti como una obra hecha en un sitio sin permiso, de noche, con frío, con nervios y el resultado que queda en la pared es totalmente distinto al de un mural, por ejemplo. Está alejado del arte aunque sea también una forma de expresión de un pensamiento o lo que sea", dijo Francisco Reyes durante una entrevista.
Se trata, así, de una manifestación espontánea de alguien que tiene algo para decir y, fundamentalmente, que quiere compartir aquello con muchos otros. Se utiliza como propaganda política, como el chascarrillo que asegura "El peronismo tiene cura... Padre Crespo", como crítica social, como canto al amor o el lienzo en el cual expresar un pensamiento. Claro que a veces, también, mensajes agresivos y agraviantes se adueñan de los muros, también con arrebato y sin pudor.
"Ahora se hacen cosas que antes eran impensables. Esto es como un juego del gato y el ratón, donde el dueño del muro o del tren es el gato y tú el ratón que intenta ganarle y pintar", concluye Reyes.
Guiños traviesos que a veces, también, nos hacen pensar.

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