Angélica Gamboa Chavelón es peruana y naturópata con más de 20 años de ejercicio en Lima. Está de paso por el noroeste argentino para participar del 1er. Encuentro de Ciencia, Espíritu y Supervivencia, que se realizará del 18 al 21 de julio en la reserva ecológica Serranías de Zapla (Jujuy).
En diálogo con El Tribuno anticipó aspectos que tratará en su conferencia sobre alimentación incaica.

¿Qué alimentos acompañaron a los antepasados y continúan en nuestra mesa sin que lo sepamos?

Los más clásicos son la papa, la oca y el maíz. Recién hace 5 años que está cobrando mayor difusión la quinua, la canihua, el tarwi, el chocho, la kiwicha, el tocosh y la mayua. Los españoles prohibieron varios de estos alimentos porque proveían gran cantidad de energía, estimulaban la rapidez mental y el pensamiento ágil. Hoy en día, en Perú hay una gastronomía muy rica y se están difundiendo estos productos.

¿En Argentina cuáles de estos productos están en auge?
La tuna -que aquí en Argentina también abunda- es muy antigua y me di con la sorpresa de que está en una profecía del argentino Solari Parravicini. Es una fruta muy completa y silvestre. No necesita de ningún cuidado. Su florecimiento es como el de una célula y la gente no necesita tener dinero para consumirlo porque crece sin restricciones. Se pueden consumir las raíces, la penca, toda la planta, y tiene gran cantidad de calcio. Lo que hemos perdido es el conocimiento sobre sus grandes propiedades. Otro de los productos que está en auge es la maca, que tiene gran cantidad de fitohormonas para regular el sistema reproductivo. Es muy energética, tiene proteínas y calcio, y personas con dolores articulares ingieren maca para aliviarlos.

La alimentación incaica se basó en la papa y el maíz. ¿También comían carne de llama? Porque algunos investigadores objetan este consumo argumentando que era un animal sagrado para esta cultura...

En cuanto a lo de la papa y el maíz como dieta principal se construyó más adelante, porque los alimentos que comían en su momento se han perdido. La ingesta de carne generalmente se hacía una vez al año en forma de charqui de llama, taruca o guanaco. Los incas eran muy espirituales y estaban muy unidos a la naturaleza cósmica e interior. Por ello la ingesta de carne empezó a afectarles el organismo, ya que demora varios días en digerirse. La energía que se gesta con la carne nubla nuestro pensamiento, nuestras emociones, y con el tiempo comienza a atrofiar el funcionamiento del hígado y su metabolismo.

¿Cómo era el sistema que ingeniaron para cultivar las laderas de los cerros? Se dice que eran grandes ingenieros hidráulicos...
El sistema para cultivar las laderas de los cerros fue mediante las perjas y los peldaños, uno para aprovechar el espacio, otro para mantener una temperatura para determinados tipos de plantas. Los incas tenían muchas técnicas para manejar los caudales de agua y tener siempre abastecimiento, sistemas milenarios que con su sabiduría los aplicaron por mucho tiempo. Además, ellos eran muy ágiles para interpretar las señales del tiempo. Mi padre, por ejemplo, era capaz de anticipar por dos años las fluctuaciones meteorológicas y así podía saber con precisión dónde sembrar el maíz y la papa para que no les afecte la sequía, la helada o la inundación. Sabía en qué lugar se podía colocar las semillas con solo mirar las estrellas.

¿En qué condiciones sembraban y cultivaban la hoja de coca?
La hoja de coca se siembra de acuerdo con las condiciones climáticas cálidas. Es una siembra que siempre tiene que estar protegida del frío por los apus. El inca tenía un respeto inconmensurable por lo que representa la hoja de coca a nivel nutricional y espiritual. No es una planta común y corriente, es un gran alimento para el presente y el futuro. Se puede utilizar en panes, mazamorra y harina, para niños, adultos y ancianos, ya que previene enfermedades como la osteoporosis y la artrosis.

¿Qué propiedades tienen el olluco, la oca y la quinua, que están siendo recuperados por la gastronomía actual?
Estos productos tienen un valor nutritivo importante y propiedades curativas. Contienen gran cantidad de colágeno, son extractores de metales pesados, purifican la sangre, bajan los niveles de colesterol, mejoran los problemas de próstata y el sistema inmunológico.

¿Qué tenemos por aprender de los hábitos de los incas?

Uno de los principales aspectos de los hábitos incaicos es la posibilidad de vivir en una reciprocidad en la cual la distribución alimentaria era plena para abastecer a todo su pueblo. Las palabras respeto y bienestar tenían un gran valor. Había una común unión que con el tiempo se fue perdiendo hasta la llegada de Atahualpa y, detrás de él, con los españoles.





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