Guillermo Salvador Marinaro (Salta, 1988) es una de las cabezas visibles de la nueva literatura salteña, una generación de escritores entre los 20 y los 40 años, que lucha por acceder a un espacio hasta ahora acaparado por los autores canónicos. En su corta pero prolífica carrera lleva ganados varios premios literarios, entre los que destacan el Premio Provincia de Salta 2010, tanto en la categoría de poesía como de cuento, y el Primer Premio de Filosofía Sub-40, organizado por la Dirección del Libro de la Ciudad de Buenos Aires y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid). Actualmente vive en Capital Federal donde se desempeña como profesor de Taller de Redacción, Semiología e Historia del periodismo argentino en la Universidad del Salvador.


¿Cuál considerás fue el disparador de tu necesidad de escribir?
Dos momentos me marcaron. El primero fue entre los 11 y los 12 años. Una profesora, a la que le debo mucho, me sugirió a poetas como José Hernández y César Vallejo. A partir de esas lecturas comencé a escribir versos.
El otro momento fue cuando falleció mi padre. Mi relación con él siempre fue conflictiva y la poesía me sirvió para construir un espacio de discusión con mi propio viejo.


¿Influyó en tu escritura el cambio de Salta a Buenos Aires?
Mi partida a Buenos Aires fue una experiencia literaria, una experiencia acompañada por un libro maravilloso: "Los detectives salvajes" de Bolaño. Probablemente, la novela más importante de los últimos veinte años. No es solo la crónica de un mundo literario subterráneo (un mundo alucinante y demencial) sino también la crónica de la iniciación literaria. Leía esa novela mientras viajaba en el colectivo a Buenos Aires y mis primeros meses estuvieron acompañados por las imágenes de aquel libro.

Lo que comúnmente se llama "abrir la cabeza"...

Creo que irme del lugar de nacimiento significó que mirara las cosas de otra manera: cambiar de lugar ayuda a desnaturalizar lo cotidiano y quebrar lo habitual; te enseña que el mundo es enorme y distinto. Precisamente, para quien escribe no debe haber nada obvio ni un espacio de certeza.

¿Y tus referentes literarios?
Creo que el concepto de influencia se encuentra en crisis. La cultura se ha construido en una forma de citación constante.
Yo prefiero quedarme con el placer del texto. Es decir, construir pequeñas constelaciones a partir de lo que más me gusta. De esta manera, escribir es desear haber leído algo semejante.
Yo he construido mis constelaciones con ciertos autores, desde los italianos como Cesare Pavese y Dino Buzzati hasta Antonio Tabucci y Alessandro Baricco; el realismo norteamericano de Hemmingway, Cheever y Carver, autores que además de ser geniales enseñan a escribir y, por supuesto, la novela inglesa, en especial Virgina Woolf y, más cercano en el tiempo, Ian Mcewan.

¿Cómo ves el panorama de la literatura salteña actual?
El 2014 fue un año de despliegue de la literatura contemporánea. Apareció en escena algo que se venía gestando hace algunos años: nuevos actores, editores jóvenes, páginas y blogs culturales con reseñas, que muestran una transformación del ecosistema del libro.
La editorial Nudista, un proyecto con asiento en Córdoba pero dirigido por un salteño, Martín Maigua, desembarcó con todo su catálogo en la provincia. También se publicaron dos libros de cuentos muy interesantes, "Oparricidios" de Daniel Medina y "Los dioses del fuego" de Fabio Martínez que marcan un cambio de época.
A su vez, algunas editoriales autogestionadas presentaron sus primeros libros, entre ellas Killa, que tiene la virtud de la militancia feminista de su directora. Hubo también un recambio generacional entre los jurados de lo premios, como el reciente Concurso Miguel Ragone de la Legislatura provincial.
Esta efervescencia literaria pronto dará qué hablar.
¿Qué estás escribiendo ahora?
En estos momentos, estoy trabajando con un libro de poesía sobre la experiencia de la muerte de mi viejo que terminé de escribir hace unos meses y ya es necesario cerrar.
Por otro lado, quiero concluir un libro de cuentos antes de fin de año. Se trata de una recopilación de "cuentos extraños", es decir, narraciones que juegan en el borde de lo real y lo fantástico.
Este año, a su vez, se va a publicar un ensayo mío en la "Antología del ensayo joven argentino" que aparecerá a mediados de año.

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