Los Nocheros cumplen treinta años y las notas que les hacen desde distintos medios de prensa no se alejan del homenaje con su carga nostálgica. En la vida de los artistas las curvas de la ruta pueden llevarlos por igual a la aventura, al azar o a la desesperanza. Sin embargo, hojeando el robusto anecdotario de este grupo prima el regreso a contextos que los construyeron durante la adolescencia y la juventud.

En boca de Rubén Ehizaguirre (52), Mario (52), Kike (51) y Álvaro Teruel (29) cada ciudad, cada gente, cada calle y cada entorno configuran una trama de secuencias anclada en emociones auténticas. A fines de los 80 Rubén estaba cursando el último año del secundario en el turno noche y trabajaba en la carnicería de su papá Ricardo. Mario cumplía tareas en el ferrocarril y en el estudio contable de Jorge Mesón. Kike estudiaba Ingeniería en Tucumán. En eso estaban cuando se decidieron a portar sus arreglos novedosos y su toque romántico para ir a cantarle al mundo. Elogiar el tiempo pasado desde la gratitud es un acto de grandeza interior y precisamente este sentimiento se sustancia del inmenso don que les ha permitido tres décadas con la música.

En 1993 Los Nocheros pisaron por primera vez el escenario de Cosquín. Ustedes siempre cuentan que Cacho Tirao les había cedido unos minutos de su espacio de actuación. Pero esta historia se nutre de hechos anteriores...

Kike: Sí. Había nacido Rodrigo, mi segundo hijo, y no tenía un peso. Ahí lo hablé a Marcos Levín de La Veloz del Norte y él me dijo: "¿Qué sabés hacer?". Y le digo: "Nada". Él me tomó de un día para otro, siempre agradecido yo porque necesitaba trabajar y en esa época decía: "La música no me va a dar (dinero)" y ellos dos (por Mario y Rubén) se han ido a Cosquín con el Pala Aguilera y me llamaron para avisarme que Cacho nos apadrinaba. Entonces renuncié al laburo y le saqué plata a Marcos encima, vendí el Fiat 600 que tenía y ahí dejé todo por la música.

Rubén: El sueño del pibe fue esa noche de Cosquín, fantasiosa y linda. A Cacho es lindo recordarlo porque fue una persona de un corazón ¡tan bondadoso y tan grande! Siempre decimos que él más se fijo en nosotros porque nos invitaba a comer. Esa noche nos invitó a su casa y le hemos comido todo el chivito (risas). Encima él tenía 20 minutos de show y le restaron 10 y de ese tiempo nos regaló casi la mitad. Cuando estábamos por subir decíamos: "Tenemos un tema, un solo tiro". Era matar o morir.

¿Y qué cantaron?
Kike: El Ave María. Cacho se conmovió mucho con el Ave María porque había perdido un hijo y en 1993 firmamos un contrato para ir el año siguiente a Cosquín a cantar gratis.

(Por caprichos de la suerte cumpliendo con ese contrato resultaron Consagración en Cosquín en 1994, ya con Jorge Rojas en el grupo).

En septiembre de 1995 Los Nocheros actuaron por primera vez en el Delmi...

Mario: Yo vivía en el barrio Limache y venía al Delmi con toda mi familia. Ya por la avenida Entre Ríos, cerca de Central Norte se veían los autos y le pregunté al tachero: "Che, qué hay acá?", pensando que había otro evento y él me dijo: "Cantan los changos estos de Los Nocheros". Y cuando damos la vuelta sobre la Ibazeta y vemos la cola nos abrazamos todos. Me acuerdo de que Kike decía que con que tengamos entre 700 y 800 personas...

Y tuvieron más de 10 mil... ¿Hoy se siguen sintiendo enamorados, siguen sintiendo mariposas en la panza cuando un fan viene a besarles las manos como pasa a menudo?

Mario: -Sí, sentimos eso. Ante estos gestos, que son totalmente conmovedores, porque siguen pasando los años, pasan canciones y la gente ha pasado un montón de cosas, las mismas cosas del cantor a través de la vida, y que siga habiendo ese vínculo te diría hasta de fanatismo, porque vos decís ¿cómo llega hasta tanto? Porque uno ha comenzado a cantar como jugando y de golpe comenzar a ver que existe esa atención por algo que va más allá de las canciones. La gente ha comenzado a saber lo que hacíamos día por día, a saber de nuestras familias y eso ha sido muy loco poder asumirlo. En un momento dado pensamos que la cosa bajaba, porque pasan los años y el furor y la masividad se van pasando, pero gracias a Dios podemos decir hoy en día que esa masividad se convirtió en popularidad y que la cosa ya no pasa por ese impulso enloquecido de venir a saludar, sino por un impulso lleno de cariño, de emoción, y que obviamente a nos pone en una vibración extraordinaria.

Ahora existe un consenso social de "bien mirar" a los artistas, a los futbolistas... pero en aquella época de cantar en peñas y vender casetes mesa por mesa ¿no les decían "chineteros", "borrachos" y "vagos"?
Rubén: Para la gente éramos todo eso sí. (je) Pero aparte, para el resto de la gente estaba visto así, inclusive para la familia. Si vos decías: "Che, me voy a cantar", los viejos te sacaban a patadas. "Vas a andar borracheando, vas a volver machado, te vas a volver un vago". Creo que nosotros en una medida muy grande, así como nos hacemos cargo ahora de que le hemos cambiado la estética al folclore, que le hemos renovado también la manera de cantarlo, de decirlo en la parte poética, también hemos hecho que el folclore se haya convertido en un laburo serio.

Kike: De todas formas, en la Argentina, la parte cultural está tan deficiente... La cabeza nuestra está tan mal, que vos empezaste la pregunta muy bien porque el futbolista, el artista, el cantor, el pintor, el escultor y el actor son profesiones tan subjetivas que si a vos te va mal o mejor dicho, si la gente interpreta que no te hiciste famoso y no hiciste mucha plata, sos un vago. Por ahí dicen: "Che, ¿qué hace tu hijo?". "Estudia medicina hace diez años". "Ah, qué bueno" y nosotros pasamos ocho, nueve años cantando en peñas y no nos conocía nadie. Mi viejo le decía a mi señora: 'Decile al Kike que trabaje', porque para él no era un trabajo. Son carreras ligadas al éxito. Si no tenés éxito no sos masivo, no vendés discos y no te reconocen por la calle, parece que el cantor no existe, parece que el actor si no sale en una novela no es actor si el pintor no tiene un cuadro tasado no es pintor. Sería bueno que eso cambie, pero va a costar mucho porque socialmente estamos mal educados y mal concebidos; pero creo que se va a lograr. Ha sido muy claro Rubén, al decir nosotros hemos luchado mucho para que se sepa que cantar cuesta mucho y hay que trabajar muchísimo para seguir cantando.

Mario: El trabajador que no tiene trabajo es un desocupado, el artista que no tiene trabajo es un vago.

¿Cómo eran esas primeras luchas en el circuito del folclore, cuando se hablaba de ustedes y de la renovación del género?
Mario: Sentíamos más nuestras ganas renovadas en que los festivales tengan cuatro micrófonos para los cantores. Veíamos que pechábamos más por ese lado que por la cuestión musical. No vayas a creer que eran muchos los que hablaban de la renovación del folclore, sino decían que lo habíamos jodido al folclore, que habíamos metido instrumentos no convencionales, que el sonido no era folclórico. La necesidad de la prensa de rotular: "folclore erótico", "folclore pop", un montón de cosas que a nosotros ni nos iba ni nos venía porque teníamos la changada que nos seguía. Es más de Córdoba para abajo muy pocos sabían qué era una chacarera o que era una zamba... les llegaban el sonido y la propuesta. Teníamos en claro que queríamos caminar. No nos interesaba lo que decían, sino lo que pasaba.

Kike: Había un rechazo absoluto de los festivales tradicionales a lo que hacíamos. El primer Jesús María que fuimos nos han subido a las 4 de mañana, sin batería ni micrófonos. A los tres años con la misma gente negociábamos la televisación. La pelea nuestra era que si querían que saliéramos en la tele que nos paguen. Eran luchas sin cuartel, pero no eran condiciones de Los Nocheros para ganar más plata o ser más comerciales, sino para toda la música popular. Ahora Jesús María y Cosquín están a la altura de cualquier festival internacional. Hoy seguimos con Los Gardel, siempre hemos peleado contra ese sistema.

Rubén: En estos 30 años hemos aprendido de qué se trata este tipo negocio, más allá de cantar. Hemos aprendido a golpear puertas, molestar gente, a las disqueras y a los productores. Los chicos no. Ellos cantan bien y se muestran en un programa que es un formato exitoso, lo ganan, pero después no saben cómo seguir y es porque lo que es exitoso es el programa, no el que gana.

Álvaro, cuando reemplazaste a Jorge Rojas ¿sentiste que se te había rotulado antes de tiempo?

Álvaro: No, sí sentía que me daban una atención particular, pero porque del grupo siempre se espera lo mejor. Vos decís Los Nocheros y se espera que salgamos a volarle la cabeza al público. Es la forma que nosotros cantamos y cómo nos ponemos a entregar todo. Sí hubo un tiempo en que me hacían un apartado, pero es la que me ha tocado para ahora gozar. Además creo que en esto te vas haciendo. Para mí la música siempre me ha buscado, pero la tenés que crear día a día. Gracias a Dios me resulta un desafío volver a hacer las canciones y cantar en voces es el juego más entretenido que me han invitado a hacer. Mi viejo siempre me hacía cantar con mi hermana de chiquito. Se cortaba la luz y agarraba la guitarra para sacar una canción, entonces siempre fue la música la que me ha estado llevando desde que le puse el oído. Después me va dando una satisfacción gigante de poder llevar mi vida. El escenario me encanta y nada más.

Álvaro en una entrevista concedida a La Nación dijo que eran un matrimonio de a cuatro. ¿Por qué razón se admiran mutuamente?

Álvaro: Corazón el Negro, llamaradas el Mario y el Kike la sabiola.

Rubén: Más allá de Álvaro y su juventud, a mí me sorprendió su desfachatez, cuando él aceptó entrar de una. Con Mario y Kike nos hemos cagado de hambre mucho y eso es lo que más rescato. Los tiempos en que vos tenés las necesidades más grandes son cuando sabés a quiénes tenés al lado.

¿Atesoran anécdotas impresentables como para sobremesa de domingo?

Kike: En los tiempos del Pala Aguilera cuando entramos en Tarija (Bolivia) nos miraban todos con asco de verdad. Nos había llevado la Policía y los canas los encerraban a los bolivianos y para salir les cobraban: tenían que comprar una entrada nuestra. Entonces todos nos odiaban y no sabíamos por qué. Y cuando llegamos al lugar, que era como el Delmi, había cuatro personas. Y me dijo el infeliz que nos había llevado: "Pensé que iba a haber 5 mil almas". Y yo: "Hijo de p..., almas sí, ¡pero tarijeños no hay nadie!

Mario: En esa misma gira nos llevan a hacer promoción y había uno de los sponsors que se llamaba "el Charuma" y era un curandero. Entonces me dice: "Necesito que te pongas a cámara y, por favor, di esto y esto", bueno ya estábamos en el baile y cuando prende la cámara me pone en el hombro una lampalagua y yo al animalito ese no lo puedo ver ni en la televisión que me estremezco entero y el bichito ahí. No sabíamos qué hacer. Y la publicidad era: "Nosotros somos exitosos porque estamos con Charuma. Ven y visita a Charuma".

Rubén: Yo recuerdo una. Cuando veníamos viajando en un colectivo, no me acuerdo si era de nosotros o lo habíamos alquilado. Creo que íbamos a Uruguay. Íbamos por la ruta 14, por Entre Ríos, y en lo mejor empezamos a sentir olor a humo, olor a quemado. Obviamente pegamos el grito todos y nos tiramos a un costado y se estaba incendiando el colectivo en la parte de atrás. Justo pasa un camión atmosférico y le hemos hecho seña y ha parado. Lo ha apagado al fuego te imaginarás con qué, pero no sabés la baranda que ha quedado...

Álvaro: Otra de ruta. Íbamos en micro y justo había un hombrecito ahí en la ruta y nos comenta que conseguía electrodomésticos a precios increíbles y yo le digo: "Sí, yo necesito una heladera, un televisor". Le hemos hecho encargos y le hemos dado plata para que nos mande las cosas y aún se nos debe estar cagando de risa.

Una reflexión por los 30 años...
Mario: Yo recién ahora que hemos comenzado con esta historia de presentar el show y todo es como que recién, cuando nos hacen estas preguntas, empiezan a caer un montón de fichas, pero la verdad es que si digo qué me provocan estos 30 años... viéndolos a estos cómo están, no ha pasado nada todavía. Es como que vamos a cantar y estamos ahí para seguir andando. No hemos armado un grupo para grabar discos, para ser famosos, sino para sacarnos las ganas esas de cantar siempre. Entonces hay que seguir cantando y caminando en agradecimiento a todo eso, porque gracias a Dios nos da el cuero. Hemos pasado un montón de achaques jodidos, porque es verdad que hemos entregado todo y hemos tenido momentos de salud críticos, cuando los mismos médicos nos decían: "Muchachos, tienen que parar". Hemos seguido cantando y no hay ganas de parar. Obviamente será hasta que nos paren.

En toda celebración hay grandes ausencias. ¿Quiénes faltarán en el Delmi?

Álvaro: Faltarán mi abuela, que falleció justo un 29 de julio, y la mamá del Negro, pero no lo vemos como ausencias sino como reencuentros. Están acá para siempre. Hemos compartido un periodo en esta tierra, pero siguen en las primeras filas del show.

Para que no se vayan tristes. ¿Alguna vez "asumieron" la postura de galán?

Mario: Hemos tratado...

Kike: Nunca nos hemos creído galanes, son las canciones. En Colombia una vez en un programa muy feminista una conductora nos dice: "¿Son así de románticos también en la casa?". Y le dije que sí, pero no sabía que me estaba escuchando mi señora por internet, que me llama y me dice: "¡Qué infeliz que sos!", porque cuando nos bajamos del escenario somos otra cosa.

Mario: Siempre hemos sido presumidos, pero ¡qué nos íbamos a estar cuidando si con la música nos veían lindos!

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