Alejandro Malowicki es un apasionado defensor del cine nacional para chicos. Es director, investigador y docente argentino especializado en la materia. Se formó en la universidad de la experiencia y de la voluntad propia por aprender, pero abriga la secreta esperanza que las generaciones próximas puedan encontrar formación en todos los claustros donde se enseña cine; en la actualidad, solo se dicta en la Universidad de Buenos Aires (en la carrera de Diseño, Imagen y Sonido), y en el Instituto de Cine.

Está en Salta invitado por Iván Slodky, director del Espacio Incaa del Hogar Escuela, donde hoy se cumplirá la segunda de dos jornadas pedagógicas sobre cine infantil. Este sábado, a las 18, también en la sala del Espacio Incaa dará una charla sobre Producción de Cine Infantil, destinada a realizadores locales y público.

Ayer, en una charla con El Tribuno, detalló su experiencia en materia de cine para los más chicos, y puso de relieve la actividad del Espacio Incaa Salta, con la organización de Iván Slodky, en coordinación con la Asociación de Productores de Cine para la Infancia. "Es muy importante, es maravilloso ver una sala de 300 butacas repleta de chicos; a esto hay que destacarlo y es lo que debería tomarse como ejemplo en otras ciudades".

¿El cine para chicos debe apuntar más hacia lo artístico o hacia lo pedagógico?
Uno debe hacer películas que entretengan a los niños, y que tengan transmisión de valores, como en cualquier obra de arte. También uno puede dedicarse al cine o a la televisión educativa, que es otro género. En Argentina, hoy se ve a través del canal Paka Paka. Pero hay que aclarar que hacer una película para niños no significa hacer películas educativas. Tienen que divertirlos, entretenerlos; no tiene por qué ser específicamente pedagógica, para eso está el género específico.

El cine hecho para chicos en Argentina es algo todavía nuevo. ¿Por qué?
Lamentablemente, está abandonado en toda Latinoamérica. En Argentina empieza a aumentar el interés de los directores y aunque estamos en un nivel que todavía no alcanza a ser satisfactorio, pero logramos una continuidad de una o dos películas cada año; hace una década, a lo mejor se hacía una película cada cuatro o seis. Ahora estamos logrando que haya iunterés para hacer una peli por año.

¿Creés que seguiremos avanzando por ese camino?
En Argentina hay unos 15 mil estudiantes de cine en distintas escuelas. En la medida en que los establecimientos de enseñanza de cine, privados y públicos, no tengan en su currícula la materia de Producción de cine para chicos, esta producción va a ser cada vez menor y deficiente. La causa es esa. Si se hicieran más películas podríamos llegar a ese público infantil con nuestros propios valores, con nuestra propia diversidad cultural.

¿En este cambio deberían intervenir tanto el Estado como los privados?
Por supuesto que sí. La causa de esto es educación. En general, por ignorancia, por falta de interés, los que dirigen las escuelas, creen que el cine para niños es un cine educativo, y ese es un gran error porque cuando vienen las películas para niños de Estados Unidos vemos que entretienen y transmiten valores concretos. Esto es lo que tenemos hacer acá.
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