"Los Singui por 'sin gui-tarra', por 'sin gui-ta', por sin 'gui-so'". La presentación del conjunto con alma carpera y vestimenta bicolor en fucsia y negro es pura carcajada. Los nueve integrantes de Los Singui alegraron la mañana dominguera a los oyentes de la AM 840 y pasaron por la redacción de El Tribuno a contar acerca de sus sueños y proyectos.
Varios de los miembros de este conjunto, que toca ritmos diversos como cumbia, gaita y chamamé, son familiares. Todos son amigos y vecinos del barrio Solidaridad.
Melani Chaile (15), voz; Diego Chaile (21), güiro; Diego Canavides (29), batería; Ignacio Farfán (17), teclado; José Colque (25), animador; Andrés Canavides (35), guitarra eléctrica; Elías Chuchuy (23), voz; Anastacio Ramos (48), bajista; y Raúl Chaile (16), timbales están unidos por la música hace dos años.
Aspiran a vivir de este arte, aunque, por el momento, continúan con sus empleos y ocupaciones. Los ensayos no son rigurosos en la agenda, más bien deben colarse entre ajustados horarios.
Además, las presentaciones en festivales, fiestas carperas y en honor de la Virgen de Urcupiña o eventos sociales los hace llevar una vida nocturna a la que debieron habituarse.
"Debimos acostumbrarnos a tocar un domingo a las tres o cuatro de la mañana y al día siguiente ir a trabajar temprano, volver a la rutina. Pero como nos gusta esto le damos para adelante", cuenta Elías.
Estos cambios también inciden en sus entornos, que, comentan ellos, los apoyan en este camino que emprendieron.
"La vida de los nuestros también se modifica porque uno deja de salir los fines de semana con la pareja o de reunirse en familia. Pero siempre nos dan fuerzas para seguir hacia adelante", sintetiza Andrés.

Mandato familiar
En las vocaciones de varios miembros del grupo existen continuidades, inclinaciones heredadas de algún familiar o un sendero que un pariente debió dejar trunco y que algún hijo decidió transitar.
"Siempre en mi familia me dicen que le hago un tributo a mi abuelo, que fue quien me inició en la música. Yo nunca estudié, pero él nos sentaba en torno de él y se ponía a guitarrear. Por eso toco este instrumento de oído", relata Elías.
Melani, la voz femenina, comparte: "Empecé a seguir el sueño que perseguía mi mamá. Ella cantaba en los festivales y le hubiera gustado tener un grupo".

A todo ritmo
Varios de estos músicos pasaron del género folclórico a la cumbia carpera, la gaita y el chamamé, todos ritmos populares y que unen a generaciones.
Entre tanta reversión de temas consagrados, les está surgiendo la inquietud creadora. En este momento componen y compaginan música que en el futuro moldeará letras con temática romántica.
A veces la creación no tiene un norte programado, por ello se parte de definir aquello a lo que no se aspira.
"No queremos hablar sobre la delincuencia, ni los vicios, sino sobre los sentimientos, sobre la vida en pareja, inspirándonos en las experiencias vividas", aclara Diego Canavides.
"Tampoco nos gustan esas letras ofensivas contra la mujer como 'Laura, se te ve la tanga'", agrega Elías.
Diego comenta que muchas veces clientes los contratan para fiestas de quince o dieciocho años en los que presentan su repertorio; pero, aunque muchos jóvenes se están aficionando a los ritmos carperos con la vuelta de las fiestas carperas, los adolescentes piden que interpreten cumbia villera. "Nosotros venimos de entornos en los que existen la delincuencia y la drogadicción. Para mí es una enfermedad que destruye a muchas familias, que se ve en los barrios marginales como el que vivimos nosotros y por eso no me divierten los temas que incitan a la adicción", reflexiona Diego. Con esto en claro, al sentarse al componer ellos "la idea sería con la música transmitir un mensaje para que la gente salga de eso".

El primer CD
Los Singui ya grabaron su primer CD en una productora local. Contiene los temas "El vino", "Chiquilina", "Sueño de amor", "De rodillas", "Una cerveza", "Amiga traidora", "Nunca pensé en llorar", cumbia en vivo, ritmo de gaita y chamamé en vivo.
Los muchachos salen a rodar en vehículo alquilado y cargan y descargan ellos mismos instrumentos y equipamiento. Pero cada vez que salen al escenario, siempre exultantes de alegría y optimismo, olvidan el cansancio y sienten que cada sacrificio personal está bien empleado cuando se ve en el horizonte un destino aliado con la música.

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