Y luego de un poco más de 30 años, ha regresado Mad Max a las pantallas; esta vez con "Fury Road", ¿fin? de la saga de sucesivas "road movies" iniciada en 1979 y que en poco tiempo se convirtió en una "cult movie".

Con un pequeño presupuesto de 350.000 dólares, el primer filme consiguió recaudar 100 millones de dólares en todo el mundo y produjo dos secuelas: Mad Max 2, también conocida como "El guerrero de la carretera" (1981) y "Mad Max, más allá de la cúpula del trueno" (1985). Las películas lanzaron a Mel Gibson al estrellato e instalaron al personaje en la cultura popular urbana por su fórmula básica -autopistas, carros y motos, golpes, explosiones, buenos y malos, etc.- y una estética post nuclear tomada en serio. Desde aquella primera entrega hasta la que se estrenó la semana pasada, todas fueron dirigidas por George Miller.

Pero en esta ocasión, el genio que brilla detrás de las cámaras, es el comics artist Brendan McCarth. Fue con sus dibujos que Miller comenzó a pensar en la nueva entrega de su Mad Max.

Es que el al contrario de la fórmula clásica para fabricar una película, lo primero que se hicieron fueron los dibujos. Y el guión se armó para que los escenarios, personajes y aparatos salidos del lápiz de McCarth, cupieran dentro. Tal vez por eso la potencia visual que logra el filme, es de un realismo que termina aprisionando los sentidos. El clima opresivo del futuro que propone Miller y el ritmo enloquecido con que se narra todo, son una sopa espesa que el espectador deberá tomar en una sola cucharada de dos horas.

El tema es así: Max se ve envuelto en una enloquecida persecución en la que una mujer, Imperator Furiosa, lidera la huida de unas féminas cuya única función era dar descendencia a un terrible señor de la guerra, Inmortan Joe. Juntas llegan a toparse con un grupo de veteranas rebeldes que, pese a haberlo perdido todo, mantienen la esperanza en un futuro mejor.

Todo sucede en la carretera: un inacabable gancho a la quijada. Sin embargo, más allá de esas escenas de riesgo admirables, Miller se da tiempo para hablar de la naturaleza, la injusticia social, la opresión sexual, la tecnología y la Humanidad en general. Sin remarcar nada, justamente parece decirnos que la lucha en la que se encarnizan esos restos de nuestra cultura, más que por necesidad de combustibles es por la falta de humanidad. La convivencia que hemos naturalizado en nuestras sociedades, bien puede perderse. Y regresaremos a la barbarie, al crimen como método de sobreviviencia. En este caso, con los restos de la tecnología del siglo XXI.

Mad Max aunque no es perfecta nos da lo que promete. Se trata de una diversión a mil kilómetros por hora, donde hay un espacio para la reflexión. Tal vez sea eso. Ya que sin saber bien porqué, volveríamos a verla una vez más.

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