Este es el segundo capítulo de la historia de Manchas, un perrito que abandonó su anonimato una tarde de invierno para convertirse en el protagonista de un relato todavía inconcluso y con altas expectativas de final feliz.

Antes de ser Manchas, este mestizo de alrededor de dos años era "el perrito herido que se esconde en el fondo". Había llegado así: lastimado y sin identificación alguna al predio de diario El Tribuno, en Limache. Y se arrinconó dolorido debajo de un arbusto. Y siguió siendo "nadie" hasta que un puñado de miradas atentas lo rescataron del abandono. Entonces "el perrito del fondo" se convirtió en Manchas y comenzó una campaña (a través del diario de papel, de la web y de las redes sociales) para buscar a sus posibles dueños. Nadie lo reclamó hasta hoy.

El paso siguiente fue proporcionarle atención médica. Se llamó a un veterinario. El diagnóstico luego de la placa radiográfica fue fractura de radio y cúbito en la patita delantera.

La familia de Manchas (si es que alguna vez la tuvo) no dio señales de vida, pero sí hubo gente generosa y macanuda que leyó su historia diminuta y decidió involucrarse "patas y todo" (diría Manchas). Silvina y Nora fueron capaces de activar en sus corazones ese sentimiento mágico que se llama empatía y que hace al ser humano capaz de colocarse en el lugar del otro para evitarle dolor. Silvina llamó para ofrecerse a pagar la cirugía de Manchas y para brindarle asilo a partir de agosto. Y Nora le dio la derecha ofreciéndose para llevarlo a su casa unos días, hasta que Silvina pueda organizarse para cobijarlo en la suya. Una vez ensambladas estas piezas del rompecabezas se avanzó con el tratamiento médico. Ayer a la tarde, el paciente fue operado en Cemvet (Centro Médico Veterinario).

La intervención consistió en la colocación de tutores externos y de un clavo intramedular para estabilizar la patita fracturada. Se estima que, si su estado general es bueno, permanecerá en observación 24 horas y posteriormente será dado de alta. Luego seguirán los controles semanales para recibir antibióticos y antiinflamatorios y alrededor de un mes de reposo.

Cuando Manchas esté bien y pose para las fotos con la prestancia de Rintintin, le hará falta un hogar donde vivir, donde dormirse sin miedo a los autos o al invierno. Un lugar adonde además de atención médica y un nombre prestado -como el que tiene hoy- le den la posibilidad de ser un perrito feliz. Manchas puede serlo: se le nota de acá a la China. Solo hay que recordarle los cientos de motivos que existen en este mundo para mover la cola.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora