Los padres enardecidos por lo que consideraban "un manoseo". Estaban desde el mediodía y aproximadamente a las 16 horas los padres de los más de mil chicos que esperaban a que se habilite el ingreso al boliche La Roka se enteraron -no por los organizadores- que el grupo uruguayo de cumbia Márama no iba a actuar en el matiné.

Ya la noche anterior, un comunicado de la Subsecretaría de Control Comercial de la comuna capitalina señaló que no permitiría el espectáculo, ya que carecía de los permisos. Por su parte, el productor del evento, Antonio Sánchez, se comunicó con El Tribuno para ratificar que el espectáculo se haría.

"Habilitaciones de la comuna confundió la categoría. Esto no es un matiné, ya que si fuera así no podrían entrar los adultos. Y en este caso se pensó en que los menores pudieran ir en compañía de sus padres. No es un boliche matiné, sino un recital apto para todo público. Esa fue la confusión", dijo.

Pero, finalmente, el recital se suspendió. En el medio quedó la gente, paradita ante la puerta de La Roka. Cuando se hartaron, padres y madres cortaron durante horas la avenida Paraguay, esperando que alguien les dijese algo. Pero los únicos que se apersonaron fueron policías en cuatro móviles, uno de ellos de Bomberos.

El personal uniformado desplegó vallas para proteger al boliche La Roka, ya que los padres estaban exaltados. Al cabo de algunas horas, se prometió que se devolvería la plata. Cuando terminamos estas líneas eso aún no había sucedido. Y para la madrugada había programado otro recital de Márama.

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