El escenario no es solo una porción de suelo, sino el territorio y lugar de pertenencia de todo artista. Para la cantante María Creuza (71), además, pisar 40 escenarios diferentes durante la gira "Tributo a Vinícius de Moraes" conlleva una comunicación poética que en cada actuación adquiere renovado brillo. El público que acude a ella es aquel sobre el que Vinícius ejerció una influencia durante décadas. Y a ellos la bahiana sigue encantando con su acento cariñoso y singular que multiplica las palabras del Poetinha. En su voz -a veces susurrante, a veces profunda, siempre clara y personalísima- se siente la propia compañía del compositor carioca. "Él me definió como cantora. Mi primer compromiso fuera de Brasil fue justamente en la Argentina y Uruguay, y él me dio la oportunidad de oro para definir lo que quería hacer de mi carrera. Ambos muy bien acompañados por Toquinho. Con él empezamos juntos y este repertorio es mágico", sintetiza María en diálogo con El Tribuno y pone la mirada en 1970, cuando grabó con los cantautores en el café-concert La Fusa, de Mar del Plata, "Vinícius en La Fusa con María Creuza y Toquinho". Eran parte del álbum "A felicidade", "Garota de Ipanema" y "Eu sei que vou te amar". Estas mismas canciones transportarán, hoy a las 22, 50 años atrás a los salteños que la vean en el Teatro del Huerto.

La implosión de la bossa nova ocurrió hace 5 décadas. ¿Por qué te sigue gustando interpretarla?

La bossa nova es muy fuerte para mí desde que comenzó con João Roberto, Tom Jobim, Toquinho y Vinícius de Moraes. Es un sello de música brasileña que no tenemos ni que decir que es brasileña porque es una música tan especial como una época. Tiene una cadencia y un fraseo propios y de eso no me canso. Cada vez que la canto descubro una anuencia nueva y me enriquece mucho, cuando estudio y preparo las canciones, la oportunidad de inventar sobre lo que ya estaba cantado.

Su "fin" cronológico afortunadamente no significó la extinción estética del estilo. De hecho muchos jóvenes se están interesando en ella...

Hay una nueva generación cantando bossa nova y yo me siento halagada cuando me cuentan la influencia que tuve en ellos cuando escucharon mis discos y vieron qué tipo de fraseo y de cadencia hago. La bossa nova no va a morir ni terminar. Entran nuevas generaciones y está esta música como un perfecto momento que sigue hasta hoy para quien quiera aprender de ella.

Le pedimos a María que nos cuente de Vinícius de Moraes. Y ella tan merecedora y tan privilegiada que escuchó su voz comunicativa y humana tantas veces, levanta una copa de agua, sorbe un poco y susurra: "Vinícius de Moraes, ¡saravá!". Saravá: "que te vaya bien, que estés protegido y que seas feliz", con el influjo de vida, de poder y de decreto de ciertas palabras africanas (porque Bahía no duerme nunca en el discurso de María Creuza y tampoco Vinícius que desde "Samba da bênção" dice: "Saravá! A bênção, que eu vou partir. Eu vou ter que dizer adeus").

¿Cómo te contactó Vinícius?
Él me vio por televisión en los 70. Yo participaba de un festival de música muy importante de Río de Janeiro. Él le preguntó a un periodista amigo dónde podía ubicar a esa bahiana y por esas casualidades o "causalidades" me invitó a su casa y me dijo: "Estoy buscando una cantante y me parece que sos vos". Me quedé emocionada porque era tocar el cielo con las manos y realmente me eligió y empezamos a cuidar un repertorio y yo hago bien en decir que fue una definición en mi vida, porque yo pensaba que iba a volver a Bahía y seguir mi carrera en otra cosa. Esa oportunidad que tuve con él fue una apertura extraordinaria en mi vida profesional. Lo que yo nunca podría haber adivinado es que iba a marcar tanto mi imagen con la de Vinícius.

¿Y cómo era él?
Acostumbro decir que nunca conocí a una persona tan intensa, tan generosa, con un sentido del humor tan especial y una capacidad de aguante que muchas veces me sorprendía. Durante las giras yo decía: "¡Cómo puede ser que soy una veinteañera y estoy agotada y él está fresco y enfrentando avión, barco y público! Tenía una paciencia extraordinaria con todos los que iban a verlo y saludarlo. Estaba siempre cercado de amigos. Aprendí mucho de él porque yo muchas veces no tenía paciencia para algunas cosas del trabajo y él me decía: "No, Mariazinha, todo esto te va a servir y dar una experiencia que te va a ayudar en el transcurrir de tu camino", y ese fue Vinícius como gurú, como maestro.

Además era un hombre muy cautivante...
Sí. Era tan encantador, tan carismático. Las mujeres se quedaban encantadas con él porque tenía tanta capacidad de conversar que conquistaba, era muy especial hablando. Cuando grabábamos en La Fusa le pregunté: "Maestro, por qué vos decís: 'Que o amor não seja imortal, posto que é chama. Mas que seja infinito enquanto dure' y él se reía y me decía: "Si no aprovechamos cada oportunidad que tenemos de amar no vivimos. Entonces yo aprovecho la finitud del amor que hace que busque otra vez ese calor en otra historia". Era una visión más masculina, porque la mujer se agarra más a ese sentimiento profundo. Él me decía que se terminaba el amor y buscaba otro. Por eso se casó nueve veces.

"Ponha um pouco de amor numa cadência e vai ver que ninguém no mundo vence a beleza que tem um samba, não", decía Vinícius. ¿Ni siquiera el idioma?

Las palabras de la poesía de Vinícius son tan fuertes que por más que no hables portugués entendés por su sonido especial. Todo tiene un sentido muy directo: "Eu sem você não tenho". Atraviesa barreras...

Tu marido, Víctor Díaz Vélez, es argentino...
Es mi director musical y responsable por los arreglos y apareció en mi vida en un momento que yo ni pensaba que un argentino estuviera tan metido en la música brasileña. A él le encantaba Tom Jobim y no me conocía tanto, ¡qué cosa increíble! Por esas cosas de la vida tuve un problema con un músico brasileño que no podía viajar y hablé con el productor de la Argentina para que me consiguiera un pianista urgente para hacer los compromisos que teníamos aquí y apareció Víctor. Víctor me demostró que estaba masticando cada arreglo, cada palabra, y le gustó la cantante... Fue una simbiosis maravillosa de dos personas que se encontraron y ya pasaron más de 30 años... ¡Oh, la lá!

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