"Sacar lo mejor de cada persona, acompañarla en el proceso de asimilar lo bueno, bello y justo del mundo; regalar criterios para juzgar crítica pero constructivamente el entorno, haciendo de las personas que se nos confían agentes de cambio positivo son algunas de las claves de una sabia labor docente". Estas palabras brotan del espíritu generoso de María Santos González, una maestra salteña, nacida en Tucumán en 1923, que acaba de cumplir 92 años y sigue sembrando un testimonio ejemplar: que enseñar, y aprender, no es cuestión de edad.

Esta historia llega a las páginas de El Tribuno de la mano de la profesora del ateneo Doctor Humberto P. Burgos, Yolanda Sángari. Ella contó: "Ingresé a una escuela a la que fui invitada. Era un enorme salón ornamentado con vivos colores, la música, el bullicio de cientos de niños, jóvenes, docentes que aplaudían, sonreían y celebraban las palabras y los gestos de alguien que estaba al frente hablándoles de lo que es el amor, la pasión por lo que se hace, de la necesidad de seguir soñando con un mundo mejor. Decía 'hay que involucrarse', 'no hay que darse por vencido', 'a los sueños hay que perseguirlos con amor, trabajo y perseverancia'. Eran las palabras sentidas de una persona de diminuta figura, de cabello blanco, vestida con sencillez y pulcritud. Hablaba como lo haría una abuela sabia, gesticulando y haciendo uso de un histrionismo pocas veces visto. Claro, a los 92 años la persona reúne todas sus virtudes, toda la experiencia de la vida, toda la sapiencia adquirida y la aptitud que permiten los estudios. En esa edad, por lo visto, se logra la máxima expresión del propio espíritu y se pone en práctica con toda libertad".

Agregó Yolanda: "En tiempos actuales, cuando se escucha decir con frecuencia que 'la juventud está perdida', nunca vi tanta devoción y respeto de los jóvenes para escuchar a una anciana. En el acto, de pronto comenzaron a sonar los acordes de un vals, una gran ovación estalló en el salón y como si en ese momento Dios (o su espíritu jóven) le hubieran dado alas, María Santos inició un baile maravilloso. Por segundos sola, luego profesores, jóvenes y niños, la abrazaron en ese integrador compás".

Breve biografía


María Santos González nació en San Miguel de Tucumán el 28 de mayo de 1923. Estudió en Rosario de la Frontera en la escuela República de Colombia y se recibió de maestra normal nacional en 1942.
Dedicó todos los años de su vida a la educación. Transitó por lugares inhóspitos, viajó a lomo de mula bordeando precipicios, cruzó ríos y selvas; tal como lo hacen muchos docentes que trabajan en áreas rurales hoy. En los tiempos de María Santos, esta tarea no representaba una gran diferencia en el salario. La diferencia era excluyente: la vocación.

Su entrega a las comunidades donde le tocó desempeñarse fue incondicional. Ella "hacía Patria", abrió las ventanas al mundo, a la existencia de otros lugares y otras realidades, sin más soportes tecnológicos que algún libro y el conocimiento.

Ya como supervisora comenzó a recorrer la provincia y a visitar poblaciones llevando estímulo, aliento y capacitación a los docentes del interior salteño. Cosechó grandes amistades y el cariño de los docentes rurales. Luego fue supervisora general del Consejo de Educación desde 1971 a 1975, año en que se jubiló. Pero su acción no culminó en esa etapa. Ese mismo año fue designada directora de Cultura, cargo que desempeñó con enorme compromiso y con el objetivo de desarrollar el gusto por las artes en los barrios de la ciudad, hasta que el golpe militar del 24 de marzo de 1976 dio por finalizada su inolvidable gestión.
Desde entonces, María Santos salió a recorrer el mundo para aprender, para buscar alternativas a esos difíciles tiempos. Llegó a una sola conclusión. "La educación es el motor de crecimiento y desarrollo de las naciones", según sus propias palabras.

A su regreso al país cumplió con un sueño: fundó el Liceo Cultural Docente, institución de la que salieron formados cientos de maestros. Su labor continúa vigente asesorando a instituciones educativas para que eduquen con excelencia a niños y jóvenes de nivel primario, secundario y terciario, logrando hombres y mujeres de "bien hacer", tales son sus sabias palabras.

"Una mujer admirable por su espíritu positivo, incansable en su capacidad creativa, inclaudicable en el propósito de alcanzar todos los sueños y sembradora de esperanzas de un mundo donde la educación sea la prioridad. No existe ninguna profesión, oficio o labor más importante que la de ser educador. Todo aquello que tenga que ver directamente con la formación de las personas, es crucial para el desarrollo de la sociedad", expresó la profesora Yolanda Sángari.

María Santos González representa con su vida el ejemplo más claro de que a los 92 años se puede seguir soñando y se es inmensamente útil a una sociedad que mira al futuro con verdadero compromiso y con esperanzada ansiedad.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora