La última vez que supimos de él, Niño Calavera pilotaba un barco de papel de diario entre remolinos marítimos amenazantes para la estabilidad de la nave o pedaleaba con ahínco una exigida bicicleta con el furioso viento castigándole la espalda. Unas veces, cuencas vacías como ojos; otras, la mirada opaca y fija. Unas veces, labios sellados y las comisuras ligeramente hacia abajo; otras, los dientes apretados en una mueca. El Niño Calavera está de vuelta, pero para él se acabaron los tiempos de zozobra, ahora viene a contar sueños.
Hoy a las 21 en El Teatrino (Aniceto y Alvear) Martín Córdoba, su álter ego y creador, presentará "Sueños de Niño", una muestra que lo tiene como protagonista. La entrada es libre y gratuita, y actuarán en vivo los DJ El Pony y Matilde Paul.
En un diálogo telefónico con El Tribuno, el artista contó que la preparación de este conjunto de obras le insumió veinte días. Además de los cuadros, la exposición incluye un mural. Martín es dibujante, grafitero y muralista. Obtuvo reconocimiento en el medio porque hace ocho años empezó a intervenir las paredes de la ciudad, primero con Javier Cook y luego con Julien Guinet. En sus trabajos utiliza técnicas que van desde el aerosol y el aerógrafo hasta la acuarela. Con "Sueños de Niño" el bastidor se le fue poblando de imágenes oníricas cuyos significados lo desbordan y que se diversifican cuando les pone el ojo encima un nuevo espectador.

¿Quién es el Niño Calavera?
Es mi álter ego, una imagen que empecé a trabajar hace dos años, que apareció de la nada y a la que empecé a dar vida de a poquito. El año pasado hablaba mucho de mi infancia y de mi adolescencia. El año pasado lo hacía para exorcizar más que otra cosa, o sacar fantasmas y mostrar etapas que no habían sido tan buenas para mí.

Ahora que evolucionó está...
Está más relajado, más contento y no tan tormentoso como el año pasado. Ahora está más divertido y cuenta otras cosas. En realidad, no hay en él ningún mensaje social ni nada por el estilo, sino que es una imagen muy poética y va por el lado de los sueños, no solo de los que tenemos cuando nos dormimos, sino de todos los sueños como la esperanza y las cosas que uno sueña o anhela desde chico. Empieza a salir la parte más nueva, más esperanzadora.

Muchos han emparentado al Niño Calavera con la muerte, más allá de su sugestivo nombre...
Es su expresión porque está como muerto, no tiene brillo en los ojos, lo que para mí significa que todos somos iguales, más allá de la piel somos hueso, es mostrar que somos nuestra contextura anatómica. Voy por ese lado, el de la igualdad, más allá de que uno para ser calavera tiene que haber muerto...

Tiene que haber muerto o haberse prestado al juego del disfraz...
Es complejo porque hay cosas de las que me estoy dando cuenta ahora que las estamos charlando y cuando pinto me salen no más. Hay muchas cosas que no las pienso hasta que veo la obra terminada y recién me doy cuenta de lo que estoy diciendo o de lo que me está pasando. Es mío hasta que sale de dentro de mí; pero una vez fuera es de todo el mundo y cada uno ve lo que tiene ganas de ver y creo que también pasa por el momento anímico que el espectador está viviendo, su forma de ver la vida. Todo tiene que ver cuando uno se enfrenta a una obra de arte porque no solo es el momento de estar parado frente a la obra y hacer ese contacto visual, va un poco más allá porque si no todos verían lo mismo y eso es algo que no sucede casi nunca.

El arte tiene esa sustancia onírica. Los sueños también conllevan diferentes interpretaciones y depende de a quién se lo cuentes el peligro se activa o se desactiva en la vida real...
Es muy loco eso porque yo lo saco también de ahí. Tengo unos sueños muy vívidos, entonces me quedan y eso es lo que voy bajando también. No es solo lo del sueño, el niño y el ponerle un nombre, el nombre tiene un doble significado: los sueños que uno tiene de niño y los sueños que yo tuve de niño.
La conciencia de soñar le da al soñante la posibilidad de controlar deliberadamente sus acciones, también el contenido y el desarrollo de sus ficciones, de desactivarles todos los peligros. ¿Tenés algún sueño recurrente?
Tengo un sueño muy recurrente desde niño y es que sueño con naves, con seres de otro planeta. Más que un sueño es una pesadilla. Me ataco cuando tengo ese sueño y he hablado con un montón de gente y me dice que tendría que ver qué es lo que esos seres me quieren decir porque yo he desarrollado técnicas de escape en el sueño. Puedo manejar esa parte, pero nunca puedo enfrentarme a la otra a ver qué es lo que pasa, siempre salgo corriendo o activo cosas para escapar. También tenía el sueño de volar y las ganas de viajar y recorrer el mundo. Siempre la experimentación era el motor.
Algunas personas cuando se cumplen sus sueños sienten tristeza, sienten que les "han robado una fortuna" y le hacen el duelo al sueño. ¿Te ha pasado?
Nunca dejo de soñar, de anhelar siempre más. Mis sueños no son materiales por eso cuando llegan no se mueren, sino que son un nacimiento. En realidad, de chico soñaba con ser lo que soy hoy, por ejemplo. Mi sueño a futuro de la vida desde muy chico era ser artista plástico. Entonces, vivo en mi sueño y todo el tiempo lo estoy alimentando porque ya llegué; pero quiero más, seguir en el sueño, no despertarme. Sigo construyendo mis sueños, mis metas. Me pasa que cuando llego me agarra lo contrario de la muerte, viene la fuerza: estoy en un escalón y voy al siguiente.

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