Encanto, hechizo y atractivo sin dosificación predeterminada. Familias enteras recorrieron los diferentes stands de la segunda edición de Mercado Medieval. La feria, montada en la cancha de fútbol de San Cayetano (Av. San Martín y Los Gauchos), atrajo ayer en su primer día a más de mil personas. Hoy cerrará a las 20.

No solo se dio cita el fandom del género épico medieval, sino que muchos salteños no tan embebidos en los temas y recreaciones asociadas a este periodo histórico aprovecharon para conocer cómo se confeccionan productos como juegos de mesa, pipas, cayados y varitas mágicas, agendas y almohadones, entre una oferta extremadamente diversificada. Muchos incluso compraron objetos y los llevaron a sus casas. "Vinimos por pedido de mis hijos que son fanáticos de Eragon y Valiente", contó Rosalía Colque (28) que fue con Matías (13) y Nicolás (11).

Los preadolescentes iban a probar el tiro al arco y estaban encantados con los torneos de soft combat. Los novios Miriam Medina (18) y Sebastián Parada (17) son adeptos a los cómics y la serie para HBO Games of Thrones. "El año que viene vamos a venir disfrazados", dijeron mientras intentaban regatear el precio de agendas rústicas con piedras semipreciosas incrustadas.

Los más buscados

Personajes ataviados con todo detalle desfilaban entre los puestos. Gandalf el Gris, el mago bueno del Señor de los anillos, se prestaba diligente para tomarse fotografías. Miguel Ángel Marchessi (67) vino de Buenos Aires expresamente a la fiesta, invitado por Pablo Federico Chireno y Doris David, los organizadores de Mercado Medieval. Es artesano hace 45 años y cultivó durante su vida una gran avidez expedicionaria. Le contó a El Tribuno que en la década del 80 su esposa le regaló para un cumpleaños El Hobbit, de J. R. R. Tolkien. Ese presente lo adentró en un camino iniciático que lo llevaría a armar una biblioteca con más de 50 volúmenes de y sobre las obras de Tolkien. Además aplicó su habilidad en el manejo de los metales para hacer el anillo único y las runas de Gandalf y de Tolkien en dijes de plata. Hace años es miembro de la Asociación Tolkien Argentina, con quienes fue aprendiendo sobre la visión que el autor tenía sobre ese mundo que creó.

El increíble realismo de sus caracterizaciones le valió varios premios en concursos nacionales. A pesar de haber confeccionado 18 trajes con temática medieval, aclaró que nunca lo hizo pensando en galardones. También se especializó en caligrafía de la época. Vende cajas de caligrafía, papeles, tintas y tinteros. "El mundo medieval no es como lo representamos. Había pobreza, dolor y pestes. Creo que no sobreviviríamos en él, pero hasta las batallas parecen lindas acá, cuando en realidad los heridos se engangrenaban y morían", expresó. Sin embargo, es esta indefensión ante las fuerzas de la naturaleza y el escaso desarrollo de la medicina, que colocaba a la población en un pie de igualdad, lo que más le fascina del periodo medieval.

El tiro con arco, un deporte olímpico con raigambre medieval,
fue el centro de atención de los visitantes


Desde la aparición de Mérida y Sinsajo, ganó interés de las niñas.

El tiro con arco deriva de las armas de guerra de la antigüedad y consiste en alcanzar con flechas disparadas un blanco situado a una distancia convenida. Este deporte se había incluido en la grilla de las primeras ediciones de los Juegos Olímpicos. Pero fue reincorporado en 1972, cuando la competición internacional se celebró en Múnich (Alemania). Ivana Pérez (26) y Martín Blancat (31) estaban encargados del puesto de arquería en Mercado Medieval. Ellos son controladores de tránsito aéreo en el aeropuerto Martín Miguel de Güemes. Además, integran el Club Salteño de Tiro con Arco, grupo que practica en el complejo polideportivo Nicolás Vitale del barrio El Tribuno.

Fueron invitados el año pasado para que estuviera representada una costumbre asociada al medioevo. “Es un deporte olímpico; pero se puede practicar para competir y aliviar el estrés del día a día. Ayuda bastante psicológicamente a perder de vista los problemas que cada uno va teniendo”, definió Martín. Añadió que su práctica es ideal para focalizar, enfocar y relajarse. “Después de una sesión de tiro terminás relajado”, dijo. Ivana aportó que el año pasado hubo muchas niñas interesadas en la arquería. Mayormente atraídas por Sinsajo (o Los juegos del hambre) cuya protagonista, Katniss Everdeen, es arquera. También por Mérida, la intrépida princesa de Valiente, filme de Disney Pixar. “Es un deporte ideal para hombres porque la mujer tiene menos fuerza para tensar el arco. Como contrapartida, nos mejora la postura”, explicó. Quienes concurrieron a Vaqueros intentaron hacer centro en las dianas a la antigua usanza, sin visores ajustables que los ayudaran en la precisión del tiro.

Runas, una tradición celta

Carolina Fernández (41) estaba ataviada de oráculo celta y leía las runas a los visitantes de Mercado Medieval que se acercaban a su puesto. Le contó a El Tribuno que hace ocho años que se adentró en los secretos de esta tradición milenaria. Explicó que las utilizaban los vikingos 2.500 a.C. Además, detalló que se hacían de piedras o con huesos de ballena y se utilizaban para la magia, pero también se emplearon como sistema de escritura.

Advirtió que más que en forma oracular la tirada con las runas se usa para el autoconocimiento. “Lo que hago es un diagnóstico similar a la psicomagia de Alejandro Jodorowsky”, definió Carolina. “Cuando tocás las piedras, les estás trasmitiendo tu energía y las elegís inconscientemente. Pero se pueden hacer preguntas sobre el pasado, el presente y el futuro que sí contestan. Aunque el destino no está marcado sino que lo delinea cada cual”, especificó.

Invitación al juego de mesa

Entre los diversos puestos con temática de fantasía y literatura medieval se destacaba el stand de Leonardo Ponce de León (45). Él vino invitado por segundo año consecutivo desde Villa Giardino (Córdoba). “En 2014 apostamos, este año venimos sobre seguro porque vendimos un montón”, dijo a El Tribuno. Comercializaba juegos de mesa medievales, premedievales, reproducciones de elementos de Harry Potter y Game of Thrones, esencias y runas. En su mesa tenía reproducciones de juegos de todos los continentes, algunos que llevan en sus culturas unos cinco mil años. Realzaban a la vista el Mejen egipcio, el surakarta de Indonesia, también juegos romanos, vikingos, africanos, aztecas, mayas, guaraníes y polacos.

“Desgraciadamente me basé en libros para hacerlos, aunque me hubiera encantado viajar por los cinco continentes. Esto me llevó años de estudio”, dijo.

Vikingos, guerreros montaraces y
caballeros invitaban a la lucha simulada


Las armas tenían un efecto realista pero no pesaban más de un kilo.

Los desprevenidos concurrentes a Mercado Medieval pueden toparse con grietas que los llevan a la fantasía. Entre la vegetación boscosa de Vaqueros, estaban trabados en lucha un vikingo, un guerrero montaraz y un caballero. Los pueblos nórdicos originarios de Escandinavia, famosos por sus incursiones y pillajes, poblaron los anales de relatos aterradores. Sin embargo, Juan Manuel Bonetta (31) volcó su interés en ellos. Él trabaja como seguridad en un boliche y es entrenador de pesas. El estudio para la caracterización de estos personajes lo llevó a desengañarse de otras figuraciones. “Todo lo que se ve es más tirando a la fantasía que la realidad porque no es posible blandir un hacha de los tamaños que muestran en las películas. Aparte los enemigos de estas tribus los concebían demonios y les dibujaban cascos con cuernos”, aclaró. Agregó que ya de niño tomaba una rama y jugaba con ella como si fuera una espada.

Carlos Santillán (29) es estudiante y artesano en porcelana. Puso un local virtual, La Mazmorra del Jedi, en el que vende trajes de cosplayers. Su vestimenta de caballero montaraz estaba trabajada en cuero. “Saqué los moldes y me di maña para hacer cintos, cascos y muñequeras. Todo es imaginación e ingenio”, dijo. En su atavío destacaba la cota de malla hecha con placas laminadas. Las armas para el soft combat están elaboradas en fibra de vidrio y recubiertas con aislantes como cinta de embalar.
Manuel Sierra (18) es estudiante de bachillerato. Encarnaba la mixtura entre un gaucho salteño y un caballero medieval de élite. Vestía un tabardo que le había confeccionado un sastre, una armadura de cuero a la que dotó de realismo pintándola con aerosol platinado, botas de cuero campestres y bombacha de gaucho. “En mi niñez iba a la casa de mi padrino y veíamos juntos la saga del Señor de los anillos. Así me atrapó la cultura friki”, dijo.











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