Color, crítica social y ritmos negros traerá la murga uruguaya Agarrate Catalina a Salta. El colectivo más premiado del carnaval uruguayo se presentará hoy, a las 21, en el Teatro Provincial. Ya pasaron por Santiago del Estero, Catamarca, Tucumán y Jujuy, y luego de brindar su show en nuestra provincia partirán hacia el Litoral. La expectativa del público es grande porque están "rodando" con un espectáculo nuevo: "Un día de Julio".

En él la Catalina pone al servicio de su primer cuento, la fantasía, la música y las ingeniosas letras a las que tiene acostumbrados a los espectadores.

En diálogo telefónico con El Tribuno, Yamandú Cardozo, el director responsable de la murga, contó: "Nuestros espectáculos anteriores sí habían tenido un eje temático, un hilo conductor que nucleara los bloques; pero aún no habíamos contado acerca de personajes con un espacio delimitado que se plantearan, desarrollaran, conflictuaran y concluyeran como una historia". El personaje de esta historia es Julio, un acumulador y reciclador, un genio superdotado incapaz de relacionarse con alguien fuera de su madre, sus tareas y objetos. Él pasa inadvertido para su entorno hasta que un día, por accidente, una vecina lo saca a la luz en el barrio. Su fama llega a la ciudad y los medios, y Julio se transforma en un objeto de estudio e idolatría de la sociedad. A lo largo de dos horas de un espectáculo en el que no se escatiman recursos escénicos, Julio encontrará el camino hacia su redención. Y al público seguramente le pasará lo mismo: se replantearán sus vidas a partir de un episodio movilizante.

¿Creés que entre las murgas recientemente conformadas hay una tendencia a divertir más que a criticar?
Creo que no. Por lo general, las murgas critican y hacen crítica social. Quizá lo que no es tan común como en otros tiempos es la estilística que fue tradicionalmente la más elegida: la crítica social dura.
¿Y cómo definirías este vuelco?
Una murga en su historia con el carnaval va mudando su estilística porque no son siempre los mismos los que las integran ni quienes escriben las letras. Y aunque el colectivo se mantuviera íntegro, a veces los estilos se tocan y se intercambian. La tendencia en las nuevas generaciones es criticar de otra manera y a veces hay un corrimiento -al que tampoco estoy juzgando- del foco, por lo que se critican también algunas otras cosas que tampoco son problemáticas, pero sí el sentir de generaciones nuevas.

Haciendo un inventario de estos quince años, ¿cómo hacen para mantenerse como una compañía estable de arte popular?
Teniéndolo como meta en sí mismo. El nuestro es un colectivo que mantiene mucha gente, pero que también ha ido sumando. Somos casi 30 en nuestra cooperativa y todos tienen participación en alguna rama, costado o rincón directo o indirecto sobre el espectáculo. De hecho, muchos hemos ido cambiando y no solo delegando, sino entregando el poder de decisión sobre algunas cosas a compañeros que han ido demostrando no solo el interés, sino una capacidad mucho más grande que nosotros para manejar ciertas cosas. Así como hay gente que trabaja desde las bases políticas de la murga, otros se encargan de la organización, otros de la economía, otros de la logística pura del armado, la puesta en escena, el maquillaje, el vestuario, la música o el texto. La modalidad de conservarlo vivo es sentir esa necesidad y también sabemos que hay otros colectivos que no sienten esa necesidad o el espíritu pasa por la ejecución colectiva y por el reparto de deberes y derechos artísticos sobre las tablas.
Con el foco puesto en la creatividad, ¿Tabaré Vázquez los inspira tanto como José Mujica o no hay otro personaje como el Pepe?
Creo que son dos cosas que no se oponen. No hay otro personaje como el Pepe, estoy de acuerdo con eso (ríe)..., pero igualmente, desde otro lugar, da mucho espacio para muchas críticas. Tabaré ha hecho un estilo de conducción de país y de fuerza política muy distinto al de Pepe. En mi visión prefiero hablar de Pepe, que es más conciliador e integrador, y Tabaré tiene una visibilidad de su fuerza de decisión individual más grande que la de Pepe. Cuando Tabaré tomó una decisión sobre el aborto (en 2008 vetó la despenalización de la interrupción del embarazo) recibió muchas críticas, al igual que Pepe, y también críticas muy graciosas. Todavía no hemos tenido un carnaval con Tabaré en su segundo período presidencial (asumió el 1 de marzo de este año) y en febrero próximo veremos cuáles son las caricaturas que le tocan a Tabaré... La realidad política general y los actores políticos del Uruguay son una materia prima interesante. Pepe es interesante en sí mismo, porque su manera de proceder ya es interesante y graciosa -y hasta increíble en sí misma- y hay que ser bastante torpe como para no tener un acierto en cualquiera de las cuartetas o los versos que se le dediquen.

En este momento en Argentina se percibe una fuerte dicotomía política e ideológica, ¿cómo la ven ustedes que visitan seguido este país?
Intentando ser lo más cauteloso posible -no por mojigato, sino por no caer en el atrevimiento del análisis con una pretendida autoridad que evidentemente no tenemos por no ser de acá-, sí atendemos, escuchamos y miramos mucho e intentamos, sobre todo, no analizar desesperados como quien estudia rápido y hojea un libro que no leyó del todo bien, nada más que para dar un examen y tener una opinión al respecto. Hay que intentar entender cosas que por tamaño, por dimensiones, por perspectiva y por rasgos históricos son inabarcables...

Pero sí hay una “personalidad política”...
Hay una personalidad política que es un poco distinta de los argentinos porque entiendo también que hay una personalidad social, es decir, que si humanizáramos y animáramos a los países en general uno percibe al argentino -y vaya uno a saber por qué razones sociológicas o por qué corrientes migratorias o hasta tamaños y dimensiones- más inflamable y combustible en el aire que al uruguayo, que aparentemente sufre y esconde y hace la combustión de manera más interna y desde un lugar resignado. Entones hoy sí se percibe una polarización un tanto violenta en algún lugar que no es tan diferente de lo que ocurre a veces en Uruguay, pero quizá por esto de que uno les atribuye personalidades a los pueblos ve a Argentina más intensa, más confrontada y más agresiva en muchos aspectos.

Uruguay también pasó en su última elección por un balotaje...
Y estuvo hace unos meses dividido en ese balotaje, con ese ejercicio de barrer y poner debajo de la alfombra que muchas veces puede acarrear lo pueblerino... Mascullamos una grieta interna que nos encargamos de esconder también. En general siento que con diferentes maneras de expresarlo nuestros procesos políticos tienen carriles o causas que se terminan pareciendo. Además lo que pasa en la Argentina tiene un “delay” en Uruguay: Argentina estornuda y nosotros nos resfriamos al año. Sí siento que también hay otra modalidad y otra intensidad en la confrontación y la polarización. A mí esto me da, sobre todo, mucha pena y mucha bronca.

¿Qué soñás para el futuro de la Catalina?
Me encantaría que siguiéramos e incrementáramos el deseo explorador. A nosotros nos pasó cuando terminamos de armar y de amasar este espectáculo, lejos de la legislatura del concurso y de las normativas, que sentimos una libertad que nunca habíamos experimentado y uno siempre escucha el grito de su propia voz al viento diciendo que no tiene libertad para crear. Se queja de las rejas, pero también sabe que esas rejas son las que lo definen y lo contienen, como el boxeador que está contra las cuerdas, a veces porque está acorralado, pero también porque es un lugar seguro y es desde donde se recompone y sale. Entonces terminamos de armar este espectáculo con unas ventanas que se nos abrieron de golpe en oposición nuestra y que el viento de esa libertad creativa entró y cambió el aire...

¿Y qué pasa cuando el proceso creativo es más bien un vendaval?
Entonces es tan fuerte que tira todas las estanterías sobre las que uno se apoya y hace volar todos los libros y papeles de los escritorios y derrama todos los tinteros y uno puede naufragar en esa libertad. Encontramos emocionados que en nuestra versión más experimental también está nuestra versión más murguera. Entonces a mí me encantaría que la Catalina no perdiera eso y lo cultivara. Que no naufragáramos en el miedo de no rompernos a nosotros mismos, sino cuestionarnos en la hora de la creación. Esto ya pasa pero me encantaría que siguiera pasando.


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