Detrás de los anteojos de muchacha intelectual está Vero Ortín, una muchacha intelectual. Una intelectual de la risa. Especialista en hacer reír contando anécdotas propias, ajenas y "ajenas", entre comillas.
Y la presentación es ésta: "Desde 2013 camina la escena nocturna cordobesa con sus monólogos humorísticos en donde aborda temas que le parecen importantes tales como la sexualidad, el feminismo, la política, la familia, la sexualidad y la sexualidad". Así habla, en tercera persona, de ella misma.
Esta noche actuará con la Quipi en El Teatrino (Aniceto Latorre y Alvear). A partir de las 23.30, estas "Chicas mal" prometen hacer reír a su público. La entrada tiene un valor de $100.

¿Cómo descubriste el mundo del stand up y cómo te enganchaste para hacerlo?

Comencé conociendo algunos grosos neoyorquinos por Youtube y a Malena Pichot alrededor de 2010 que me hicieron saber del género original y algo sobre el "made in Argentina".
El que yo haya comenzado a hacerlo, fue más que nada por casualidad. Fui una noche al Cineclub Hugo del Carril en Córdoba donde proyectaban un especial de stand up de George Carlin pero no sólo era una proyección sino que era la primer clase de un curso de stand up. Elisa Gagliano dictaba la clase y dijo unas palabras al final de la función invitando a la gente a su taller, que me llegaron particularmente.
Yo estaba recién separada, habían pasado sólo tres meses de haber cortado una relación de 10 años y notaba que cada vez que contaba mi nueva circunstancia civil a la gente, lo hacía de manera cómica. Mientras más me dolía contarlo, más graciosa era al hacerlo.
Y las dos cosas simplemente tuvieron sentido: pararse y hablar. Reirse de lo trágico, invitar al ridículo, incursionar en una manera de decir las cosas que me obligue a la introspección. Por supuesto que el taller fue difícil, pero la primera vez con público me encantó y no paré desde entonces.

¿Cómo es el proceso creativo de escritura de los monólogos con los que subís al escenario?

Es normal que quienes hacemos comedia en general estamos con el remate constante y agregando comentarios jocosos a cada charla, y yo me alimento mucho de las anécdotas ajenas y de las propias.
Suelo escribir en papeles sueltos o en el celular cosas que me parecen graciosas y después, cuando me siento a armar el monólogo, voy agregando o descartando éso que anote al azar. Una vez terminado el texto me filmo y me veo leyéndolos, ahí le saco la parte estática de lo escrito y le sumo los conectores, más todo lo que vaya surgiendo del texto hablado.
La escritura en mi caso, viene necesariamente de mis vivencias y de la realidad, pero primero elijo qué parte de la realidad quiero tomar y sobre qué aspecto de ello quiero reírme. A medida que lo voy armando, siempre me pregunto: "¿Qué estoy queriendo decir con esto?" Si no tengo respuesta a esa pregunta, prefiero no hacer el chiste, por más gracioso que sea.

Hace unos meses actuaste en Salta por primera vez. ¿Cómo fue ese primer encuentro con el público salteño? ¿Notás muy diferente al público de acá respecto al cordobés?

Esa noche estuvo realmente muy buena, la gente respondió muy bien y no sentí diferencias con el público cordobés en general. La Quipi fue mi anfitriona aquella vez y mi familia estuvo presente, nos divertimos todos muchísimo, amé actuar en Salta. Me parece que tiene que ver con que La Quipi es una gran representante del género en Salta y la gente sabe apreciar el stand up, son respetuosos y simplemente se dejan llevar. De todas maneras creo que hasta que no me mande un par de presentaciones más, no voy a saber con certeza cómo es el público salteño. El cordobés cada vez es más exquisito.

En general el stand up se nutre de situaciones de la vida diaria del standapista ¿Es tu caso? ¿De qué cosas de tu vida te reís primero vos para, luego, hacer reír a otros?

Sí, obvio que me río de mi misma. Compiten por el primer puesto mi sobrepeso y la falta de hijos a los 32 años. Ya con eso tengo para hacer tres Luna Park. También me río mucho de las deficiencias amorosas de las feministas progres, de las que soy parte, y de los agujeros negros que se le forman en el marco teórico del progresismo mágico cuando un chongo no se pide un taxi y prefiere quedarse a dormir. Somos unas taradas, sólo nos queda reírnos de nosotras.

Además hacés alusión a Salta en tus monólogos...

De Salta es imposible no decir algo sobre su conservadurismo y su religiosidad. Por lo menos en lo que respecta a mí, lo que más me llamó la atención para hablar de Salta es el machismo y la estructura religiosa que se come todo.
También es muy divertido hacer reír a la gente con el enfrentamiento Salta-Jujuy que para mí es absurda y con la cercanía a Bolivia. En esa clase de chistes la gente deja aflorar sin querer su xenofobia y me divierto muchísimo.

Te inspira lo cotidiano y eso, a la vez, permite la identificación de mucha gente. Multiplica la risa. ¿El ojo está puesto principalmente en buscar esa identificación o tratás de dejarte de ser, de trabajar más desde la espontaneidad?

La verdad es que no estoy buscando que la gente se identifique, porque creo que es inevitable que haya una conexión, ya sea por pena o por empatía; la gente conecta con el comediante.
Me dejo ser, como dije antes, si no digo lo que quiero decir sobre algo, no vale la pena decir otra cosa; y creo que la gente en general aprecia esa clase de sincericidio en el escenario. O por lo menos eso siento cuando actúo.

¿Tenés algún tema "tabú"? ¿Se puede hacer humor con todo?

Creo que se puede hacer humor con todo, los griegos decían (no se quién ni en dónde, por eso la referencia ambigua) que la comedia es tragedia más tiempo; con el necesario análisis y con buena argumentación cualquier situación puede ser objeto de la comedia. No tengo tabúes, me parece que todo lo que te movilice vale la pena: lo que te afecte, lo que te ofenda, lo que te choque si te saca de la alienación por un rato, ya cumplió su objetivo.
Una amiga dice que el humor negro es como las piernas: hay quienes tienen y hay quienes no. Pero no confío mucho en su palabra, es gitana y rubia, y además creo que sale con un judío; qué tanto le podés creer.

El humor está muy ligado a la inteligencia. Nietsche decía que "la potencia intelectual de un hombre se mide por la dosis de humor que es capaz de utilizar". ¿Te pensás como humorista desde esa mirada más intelectual?

Lo único intelectual que me queda son los anteojos y leer a Beatriz Sarlo en la revista Ñ los domingos. Hablando en serio, ya no leo a Sarlo y creo que si es necesario darle un marco teórico a un espectáculo; sólo que no tiene que notarse. Los hilos tienen que estar dentro de uno, la coherencia debe venir de ahí.
No se si la inteligencia está ligada al humor, pero si Nieztche lo dijo yo lo afirmaría sólo por las dudas. Si Hitler le creyó, por qué yo no. De todas maneras conozco a un par de personajes en la vida que son graciosos y generan la risa de miles aunque son francamente estúpidos. Tenemos el caso de Millhouse en dibujitos, por ejemplo.

¿De qué se ríe Vero Ortín?

Me la como toda a Malena Pichot, casi todo lo que hace me mata de risa. Junto a ella están Charo Lopez y Ana Carolina que las veo en youtube; Liniers hace un programita en UN3 que es un delirio, veo muchas series yanquis. Recomiendo Louie, Curb your entussiasm y Extras (del gordo de The Office). En stand up me gusta mucho Louis C.K. y George Carlin principalmente, pero hasta ahora Mauricio Macri es el que más me hizo reir en lo que va del año, le sacó el primer premio a Lilita Carrió.

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