Cuando el 15 de enero se anunciaron las nominaciones al Oscar, el nombre de Meryl Streep sólo hubiera sido noticia si no hubiera figurado. Que la Academia la incluyese por decimonovena vez por su labor como la bruja en el musical En el bosque, que se estrenó en la Argentina el jueves, fue lo más natural del mundo, de la misma manera que lo fue su candidatura número 29 en los Globos de Oro.
Y aunque Streep siempre participa entusiasmada de todas las galas, su misión está muy lejos de romper récords en las entregas de premios. A los 65 años, lo suyo es demostrar que una mujer de su edad puede seguir siento taquillera y encabezar un elenco. Por eso ya tiene otras dos películas terminadas, Ricki and the Flash y Sufragette, y se prepara para rodar Florence Foster Jenkins, en donde volverá a cantar, pero esta vez desafinando.

¿Es cierto que cuando tenía 40 años le ofrecieron tres papeles diferentes de brujas y los rechazó a todos?

Sí. La verdad es que en aquel momento me ofendió un poco, porque me preguntaba por qué me estaban ofreciendo esos papeles. Ahora ya no soy el interés amoroso de nadie y ya no me ofende. Nunca me gustó cómo se ha tratado a la bruja en la historia. Me molesta ese temor a las mujeres mayores porque no saben qué hacer con ellas, y por eso en el pueblo donde viven las convierten en la causa de todos los males. No me gusta esa imagen ni lo que significa. Creo que las mujeres mayores en el Medioevo debieron pasarlo muy mal. Por eso nunca quise hacer de bruja, pero éste es un caso diferente. Es una obra de (Stephen) Sondheim y una historia que valía la pena contar, con una idea multidimensional de una bruja, con un corazón humano y una conexión con la vida real. Aún asíi, si dije que sí fue por la música y para acompañar a este elenco excepcional. Ya sabía que Rob Marshall iba a hacer una gran película. Estoy orgullosa del trabajo que realizó. No me canso de ver esta película y creeme que no es algo que pueda decir de todas en las que he participado.

¿Cuál es su musical favorito de Stephen Sondheim?

En el bosque. Vi la producción original con Bernadette Peters y Joanna Gleason en Broadway, y me pareció asombrosa. Recuerdo que la gente se quejaba de que las canciones no eran nada del otro mundo, pero yo no me las podía quitar de la cabeza. Creo que Sondheim es el compositor más importante del teatro musical norteamericano actual, y que el musical en sí es algo muy nuestro, una expresión artística representativa de los Estados Unidos.

Su bruja ansía volver a lucir joven y hermosa. ¿Se identifica con ese deseo?

No necesariamente, pero me parece un tema para debatir. Muchas veces las mujeres se confunden y piensan que si se ven más hermosas, las van a querer más, y que lucir bien las vuelve más importantes y les da trascendencia en el mundo. En esta historia, la bruja piensa que si puede conseguir esta poción y volverse hermosa, su hija no se va a avergonzar más de ella, y no va a querer irse de la casa, pero lógicamente su interés por marcharse no tiene nada que ver con cómo luce su madre, sino con lo mal que la trata. De todos modos, me encanta que Sondheim le dé a la gente muy buenas razones para hacer cosas malas, porque así suele ser la vida real. No creo que haya un villano en el mundo que no justifique sus acciones con intenciones aparentemente honestas.

¿Fue complicado ponerse todo ese maquillaje?

Curiosamente, llevó mucho más tiempo cuando tenía que verme bella que para convertirme en la bruja, porque no hacía falta desenredarme el cabello.

¿Qué siente al ser considerada una institución en Hollywood?

Es que yo no lo veo así. Simplemente me ha tocado una racha de buena suerte que llegó en un momento de esta industria en que había muchas más mujeres en posiciones de poder. No había mujeres en los equipos de filmación y la mayor parte de los periodistas de cine eran hombres. Eso ha cambiado. Y a mí me tocó aprovechar esa transformación, y soy muy consciente de que mi experiencia ha ayudado a cambiar las de muchas más. Muchas actrices que cuando cumplieron los 50 años hubiesen visto que sus carreras estaban terminadas, siguen siendo grandes estrellas, como por ejemplo Sandra Bullock. Siempre cuento la historia de que cuando Bette Davis tenía 41 años dijo que era hora de ajustarse el cinturón porque sentía que a su carrera no le quedaba resto. De todos modos, cada generación cambia cosas y abre puertas para los que vienen detrás.

¿Quiénes son las que están siguiendo sus pasos?

Son muchísimas. No quiero mencionar a una y olvidarme de las demás, pero es una multitud y es algo que se refuerza cada año que pasa. Hay decenas de maravillosas actrices siguiéndome los pasos.

Suele interpretar personajes muy extremos. ¿Eso le ayuda a ser una persona normal fuera del set?

Es que no sé si soy tan normal. No sé qué quiere decir esa palabra. Lo que si sé es que soy una persona agradecida. Tengo amigas que no han tenido las mismas oportunidades. Pero fuera de eso, qué puedo decir. Tengo cuatro hijos, y cada uno de ellos es muy diferente de los demás. ¿Hay uno que sea más normal que los otros? ¿Cuál de ellos es el anormal? Y si hay uno así, ¿es mi culpa o la de su padre?

¿Suele hablar con sus dos hijas actrices sobre la profesión?

No. No suelo hablar del tema y salvo que ellas me pregunten, no toco el trabajo en nuestras conversaciones. Es un tema prohibido. Además, no siempre tengo tiempo de ver todo lo que hacen, no sólo ellas sino también mis amigos y la gente con la que he trabajado. Además, voto en dos academias y me cuesta mucho ver todo lo que me mandan. Recuerdo cuando antes veías una película y te quedabas una semana pensando en ella. Eso fue lo que me pasó con Boyhood. La vi y durante un tiempo no quise ver nada más durante una semana para poder disfutarla.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora