María Sonia Vélez tiene su corazón dividido entre Salta capital, donde ejerce como escribana, y La Silleta, el lugar donde surgieron las primeras inclinaciones por el arte, en especial por la pintura. Esta semana quedó inaugurada en Procultura Salta la muestra denominada "Misachico", compuesta por 16 cuadros que tratan sobre una arraigada tradición de la cultura local, íntimamente relacionada con la religiosidad y con la fusión cultural que se produjo con la conquista española.
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¿Cuáles son los ejes principales de esta muestra?
Misachico se inspira en las costumbres locales y la religiosidad, en donde se observa la cultura ancestral de pueblos originarios mezclada con la llegada de los españoles, dejaron como religión el cristianismo. Este sincretismo es una unión muy particular: el rezo o la oración se realiza con el retumbar de una caja, el silbido del viento a través de zampoñas o la fuerte vibración de los erkes que anuncian la salida del santo. Todo el pueblo y gente que baja de los cerros o viene de otros páramos alejados, se vuelcan a las calles. Hasta los rebaños de llamas y ovejas esperan ser bendecidos y una vez terminada la procesión proceden a la marcada o señalada. Quise reflejar en esta muestra esa cultura nuestra y que hoy día se conserva gracias a que nuestros mayores la transmiten de generación en generación

¿Cómo surge tu inclinación por la pintura?

De niña mis juguetes preferidos eran los lápices de colores y una revista para pintar u hojas sueltas donde un dibujito quedaba plasmado mágicamente. Luego, estudié en la Escuela de Bellas Artes de Salta, más tarde inicié mis estudios universitarios y la escuela de Bellas Artes dependiente de la Universidad de Tucumán me abrió sus puertas, como también la escuela de Bellas Artes, Josefina Connte, en Corrientes. Tuve profesores como Josefina Solá Torino, María Laura Lamas o Fabián Nanni, entre otros.

¿Cómo compatibilizás el arte con tu profesión?

Trabajo para vivir, es lo que me dignifica como ser humano, junto a la ética, la moral, los principios. El arte es la parte más importante de mi espíritu, es de dónde surge todo lo que soy, lo que puedo dar y hacer como ser humano. Toda persona debería aprender alguna rama del arte, que hace a la esencia del ser, a lo espiritual y a lo creativo.

¿Cuándo fue tu primera exposi ción?

La primera exposición fue cuando tenía 8 años. En esa ocasión hubo un concurso que se realizó entre 4.000 chicos de toda Salta que debían de concurrir a la plaza 9 de Julio. Enorme fue mi sorpresa cuando el jurado eligió mi pintura. Me acuerdo que como premio recibí una caja de lápices de colores que aún hoy conservo. Esa fue para mí, la primera exposición.

¿Qué rol ocupa la pintura en tu vida?
Es una de las cosas más importantes que tengo, entre ella y yo hay una fusión casi inextinguible, cada cuadro queda impreso tanto en mi alma como en algún soporte físico, sea madera, tela, porcelana, etc.

¿Qué limitaciones existen para desarrollar el arte en el interior provincial?
La distancia y la falta de oferta. La mayoría de los talleres se realizan en la ciudad de Salta y por la lejanía y el costo económico que implica viajar muchas personas no logran desarrollar sus talentos. Falta más impulso. Si bien las escuelas tienen actividades como educación física, que se imparten en horarios fuera de clase, debería ocurrir lo mismo para el dibujo y la pintura. El chico necesita que esa creatividad sea parte de su vida y de esa manera recrea su espíritu y estimula su creatividad.

¿Qué papel juega La Silleta en tus pinturas?

La Silleta es una parte muy importante de mi historia de vida; allí conocí a personas hermosas que hoy son parte de mi familia. Me sumé al fortín de La Silleta para participar en los desfiles y de las costumbres gauchescas que se conservan gracias a los que trasmiten esa sabiduría de generación en generación.

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