"Todas las personas mayores fueron al principio niños (aunque pocas de ellas lo recuerdan)". Con esas palabras Antoine de Saint-Exupéry dedicaba esta historia con magia a un amigo y, a través suyo, a todos los niños. Y a los grandes, como invitándolos a volver a mirar con esos ojos. Esa es la magia de El Principito, que el grupo teatral La Morisqueta recreó para subir a escena todos los días en el ciclo Cultura a la Vista con "El Principito. Dibújame un cordero". Y le puso magia propia. Las últimas funciones se realizarán hoy y mañana, a las 17.30, en la sala Juan Carlos Dávalos de la Casa de la Cultura (Caseros 460).
Cristina Idiarte, quien dirige La Morisqueta y es además autora de la versión salteña de este clásico de la literatura infantil, propone un Principito histriónico que canta y baila, se emociona y reflexiona sobre la existencia, la amistad, la vida de los adultos. "Todas las personas mayores a las que les mostré mi dibujo me dijeron ¿por qué habría de asustar un sombrero? Mi dibujo no representaba un sombrero, representaba una serpiente boa que se tragaba un elefante... Las personas mayores siempre necesitan explicaciones", dice El Principito al inicio de la historia. Y en la obra, la reflexión es emoción, la música y el baile son sorpresas, la alegría es colores y risas desde las butacas hasta las tablas. Tiene baile, canto y cielos. Están el aviador, zorro, el vanidoso, las flores y las noches llenas de estrellas. "Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya".
Para reírse y mirar con ojos de niño, este Principito se hace preguntas que nos atraviesan, nos hacen vernos en esos otros mundos que también tienen algo de este y de nosotros. Así y a sala llena, la Casa de la Cultura se inunda todas las tardes de miradas atentas, risas que contagian y la magia de las buenas historias, cuando son contadas con calidez y calidad.
En este divertida versión, la de La Morisqueta, El Principito habita un pequeñísimo asteroide que comparte con una flor caprichosa y tres volcanes. Pero tiene "problemas" con la flor y empieza a experimentar la soledad. Hasta que decide abandonar el planeta en busca de un amigo. Buscando esa amistad recorre varios planetas, habitados sucesivamente por un rey, un vanidoso, un borracho, un hombre de negocios, un farolero, un geógrafo... El concepto de "seriedad" que tienen estas personas mayores lo deja perplejo y confuso. Siguiendo su búsqueda llega al planeta Tierra, pero, en su enorme extensión y vaciedad, siente más que nunca la soledad...
Para grandes y chicos, la obra dirigida por Cristina Idiarte nos encuentra de nuevo con las palabras atemporales e infinitas de Antoine. Vigentes y eternas.
Quedan dos funciones. "Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso". La cita con este Principito es a las 17.30 y él ya comenzó a serlo.

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