Natalie Portman se convirtió ayer en la gran atracción del Festival de Venecia, donde vino a presentar en premiere mundial el filme "Jackie", producción norteamericana del chileno Pablo Larraín y donde compone a quien fuera la esposa de John Fitzgerald Kennedy y la primera dama más joven de los Estados Unidos, en los difíciles días que van del asesinato en Dallas, el 22 de noviembre de 1963, al entierro de JFK, tres días más tarde.
Con una tristeza y una desolación que traspasa la pantalla, una dura firmeza para lidiar con los peces duros de la política de los Estados Unidos en momentos clave donde se juntan el dolor y el poder, y la gracia y la capacidad de recrear un personaje creíble y seductor que impuso tendencias mundiales, Portman compone un papel llamado a tener fuertes resonancias, aquí y a futuro.
"Fue uno de los papeles más peligrosos que me tocó hacer porque todo el mundo tiene una idea sobre ella pero nunca me pensé como una imitadora sino que afortunadamente busqué generar algo para ser Jackie y que eso pudiera establecer un contacto y llegar a la gente", aseguró hoy la actriz en charla con periodistas.
-¿Cómo fue la construcción del personaje y en qué se basó?
-Bueno, investigamos de todo, y hubo algo muy interesante que resultó de muchas cintas que escuchamos de Jackie y tapes que vimos de ella y es que era una persona muy diferente cuando estaba en público, cuando actuaba como la primera dama de Estados Unidos, cuando era la esposa de JFK y daba entrevistas, entonces era un poco más tímida y tenía un tipo de voz, mientras que era muy distinta cuando hablaba con viejos amigos y se escuchaba de fondo el sonido las copas de vino chocando, eran voces muy diferentes.
-De hecho en la película ella juega roles diferentes.
-Sí, había muchos sentimientos diferentes muy excitantes para trabajar porque es una mujer joven, es un símbolo, es una madre, es una mujer traicionada también, es una mujer que enfrenta una situación absolutamente dramática y crítica, en fin, eran muchas cosas con las que había que lidiar.
-Hay un momento muy particular de la película cuando ella habla con el sacerdote interpretado por John Hurt.
-Sí, definitivamente esa fue una de las partes más personales de lo que le está pasando a Jackie en ese momento con su devastación y si bien hay ciertas recopilaciones de esas conversaciones es evidente que nadie puede saber exactamente qué pasó y nosotros hicimos una recreación en términos del personaje, porque allí es cuando ella está enfrentándose a las cosas más fuertes: a la pérdida y el dolor de la pérdida, a la fe; ella está shockeada por toda esta situación violenta y dramática que está atravesando y se le vienen todas esas preguntas y dudas a la cabeza cuando habla con el cura, que afortunadamente fue John Hurt, que es una actor increíble y maravilloso que me ayudó muchísimo y con el que ya había trabajado en "V de Venganza", de modo que fue genial hacer eso con él.
La película no cuenta toda la historia de Jackie y JFK, ni siquiera la presidencia de él (1961-1963), sino que está narrada a través de tres momentos que se van intercalando constantemente, y que responden más a una lógica emocional que cronológica.
Uno es la entrevista que Jackie ofrece una semana después del entierro de JFK al periodista Theodore White para la revista "Life" y donde cuenta su visión de JFK, la relación de ambos y lo sucedido; otra es la recreación de una visita guiada por la Casa Blanca que ella hace para la televisión norteamericana en febrero de 1962 en un momento de apogeo de la pareja presidencial (que es prácticamente un calco de la verdadera) y la tercera parte es la que relata todos los sucesos del asesinato de John F Kennedy en una visita a Dallas, con una excelente secuencia sobre el momento de los disparos desde arriba del automóvil, pero también con todos los entretelones de la toma del poder por Lyndon Johnson, los preparativos y decisiones que se toman respecto de los funerales y el entierro en el Cementerio de Arlington, la relación con sus dos hijos pequeños y sus sentimientos personales en esos tres largos y difíciles días.
"Para construir la película -comentó por su parte el realizador Pablo Larraín sentado junto a Portman- tuvimos cantidad de material que sirvió de inspiración y que aparecía todos los días, tuvimos tapes, tuvimos libros, las conversaciones que Jackie tiene en 1964 con Arthur Schlesinger que están grabadas y se pueden seguir también a través del audio, pero hubo cosas que nadie supo, cosas que pasaron detrás de las puertas y lo que hicimos fue inventar una ficción, crear una ilusión, hablar del deseo, de la desilusión, del dolor, apelar a esa magia del cine que es similar a la más primitiva y vieja magia de los ilusionistas; nunca pensamos en una biopic de Jackie".
"Creo -agregó el realizador que en mayo pasado presentó en Cannes "Neruda" y antes había hecho "El club"- que el de Jackie es uno de los más grandes misterios y de los más desconocidos para el gran público y lo que buscamos construir nosotros con la película fue estar dentro de su mundo y sus circunstancias, estar cerca de ella o acercarla lo más posible al espectador en un momento de una enorme crisis y en que tiene que lidiar con cientos de circunstancias".
El filme, que se rodó en los estudios de Luc Besson en París, director con el que Natalie Portman arrancó su carrera como una encantadora niña en el filme "El perfecto asesino" y que después le permitió construir una trayectoria impecable con un Oscar en 2010 por "El cisne negro", pasó a convertirse hoy en uno de los que integran el reservado lote con posibilidades a alzarse con los premios principales de esta edición 73 del Festival de Venecia, que concluye el sábado.

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