El hombre es valiente, fuerte, atractivo y rescata a alguna víctima en peligro. El débil, agresivo y conspirativo es el villano. La mujer es sensible, frágil, buena y precisa de un hombre que la salve. La inteligente, indigna de confianza o fea es la bruja. Los cuentos de hadas circulan en los hogares del mundo hace más de dos siglos. Reflejan más o menos sistematizadas las relaciones de los hombres y mujeres entre sí y determinan comportamientos, hábitos y prácticas sociales. Son portadores de estereotipos sexistas ya cuestionados, pero no superados. Sin embargo, diversas editoriales están recuperando para el universo infantil a otros protagonistas históricos, cuyas vidas tienen matices y aristas que los distancian de aquellos tradicionales e idealizados relatos. Son los casos de la española Susaeta SA y las nacionales Sudestada y Chirimbote. La primera propone la colección "Musicando con", que incluye títulos como "Rossini y la Cenicienta" y "Beethoven y Fidelio", entre otros textos, con los que desentraña la increíble sincronía que llevó a los grandes músicos a componer obras imperecederas. La segunda pone patas arriba el estereotipo de las princesas al colocar en perspectiva otros móviles sociales, psicológicos y éticos, otras masas de ideas y sentimientos a partir de los relatos de mujeres de la historia como Frida Kalho y Violeta Parra.
Antiprincesas
"¿Importantes son las princesas tan bien vestiditas que no pueden salir a jugar y ensuciarse?", dispara desde la introducción la serie "Antiprincesas" de Chirimbote y Sudestada. En una entrevista concedida a El Tribuno su autora, Nadia Fink, explicó que ficcionalizando para niños las vidas de Frida Kalho, Violeta Parra, Juana Azurduy y Alejandra Pizarnik rompió con el mito de las princesas de los cuentos tradicionales. "A partir de la quietud de esas damas que esperan a que vayan a rescatarlas, generamos una mirada crítica sobre los roles de las mujeres reales. ¿Cuántas se sientan a esperar? Claramente son más las mujeres que están en movimiento: estudiando, trabajando, criando y creando. Creemos que no se van a "desterrar'' las princesas, porque están muy arraigadas en el imaginario, pero sí tratamos de proponer otra mirada, para que, volviendo a la diversidad, las niñas puedan encontrar otros espejos", expresó.
Reescrituras
Con la premisa de que el texto literario elegido tenga un valor estético el espacio radial Cuenta Palabra, que ya obtuvo seis Martín Fierro, también aborda los cuentos tradicionales, a partir de reescrituras. Silvia Lizárraga, una de las conductoras junto con Silvina Bravo, opinó que aproximarse a autores que piensen al destinatario, es decir el niño, como un sujeto pensante no solo posibilita jugar con el lenguaje. "Nos permite desmitificar la idea de que el texto es algo sagrado. Al contrario es cambiante y "modificable''. Repecto de los estereotipos de princesas o brujas, estos textos por lo general plantean otra mirada sobre esos roles. Por ejemplo, 'El cuento de la virueja', de Canciones para no dormir la siesta, es el típico cuento de hadas pero al final el príncipe termina enamorado de la bruja. Es decir, se juega con los lugares comunes para subvertirlos", retrató. Además evaluó que como experiencia lectora este tipo de reversiones son valiosas porque más allá de la función estética general existe una función sensible y sensibilizadora que muestra que se puede cambiar una determinada cultura y concepción del mundo. "En la infancia saber que todo es factible de ser mirado desde otro lugar, y que esta nueva mirada puede ser válida, permite generar una visión crítica sobre nuestra realidad", sintetizó.
Los padres que no desean para sus hijas una vida de princesa
Desde las lecturas y los juegos hasta el lenguaje desplazan el sexismo.
"Y por qué no le decís a tu hija que ella es una luchadora, una valiente, una líder, una curiosa, una detective, una creativa, una aventurera, una campeona, una amiga o una maestra. Diez alternativas en lugar de decirle a tu hija que es una princesa". La frase interpela desde un cartel pegado en la puerta de un aula de cuarto grado de primaria. Doris David (38) le contó a El Tribuno que a su hija Maga (6) le atraen diversos personajes femeninos de Disney como Rapunzel, Elsa y Mérida, principalmente por un factor estético. "Si tenemos en cuenta la personalidad liberal que tienen estos personajes no son un mal modelo. Sobre todo las dos últimas plantean un cambio de molde", relató. Sin embargo, Maga no dejó de simpatizar con otros personajes femeninos más complejos como Hermione Granger, de la saga Harry Potter, y Astrid, de la película "Cómo entrenar a tu dragón". Esto en parte porque pueblan sus sueños imágenes furtivas del "Señor de los Anillos" y "El Hobbit", lecturas con que su mamá la acuna por las noches. María Noel Bonduri (35), mamá de Olivia (4), cuenta que su hija encarna una "antiprincesa" y no siente empatía por el acaramelado universo monárquico. "Ella juega con una tela colgada de mi techo, pinta con témperas en hojas gigantes que arma. Le gustan los libros de aventuras y de amor. No le atraen las princesas, pero sí los disfraces", enumeró. Olivia viaja junto con los personajes del "Libro de la selva" y le encanta el deporte. Ser atlética sin dudas no es un buen calificativo para una etérea princesa. "Ella se ensucia mucho para jugar y todavía no ve sentada una película de hora y media por ejemplo. Creo que no la atrapó ninguna historia y tampoco se idealiza de alguna forma a futuro. Cuando le pregunto qué quiere hacer cuando sea grande dice que dibujar y ser una gimnasta, y si se casa, va a ser con un chico que haga tatuajes y ande en bicicleta", contó María Noel. Su última reflexión es que ella y su marido nunca quisieron tener a la "princesa de la casa". "Nosotros la llamamos 'nuestra pequeña gimnasta'. Queremos una niña fuerte, autosuficiente y feliz que no siga un modelo impuesto socialmente", dijo.

¿Qué te pareció esta noticia?

Comentá esta noticia