Hoy es una jornada de gran alegría en La Merced. Los chicos y profesores que integran la Orquesta de Niños y Jóvenes de esa localidad festejan dos años, creando y recreando melodías al son de los más variados instrumentos, entendiendo siempre que gracias al trabajo en equipo es posible llegar cada día un poco más lejos.

Un dato para destacar: a pesar de ser muy reciente, la orquesta ya brindó numerosos conciertos en el Valle de Lerma y en Salta capital. El empeño que ponen tanto los chicos como los docentes es asombroso y va dando sus frutos. "El crecimiento de los alumnos es notable. Afrontan mes a mes la ejecución de obras de mayor dificultad. En su avance, se refleja empeño y la dedicación que ponen", señalaron los docentes de la agrupación. El merecido festejo se hará hoy, en las instalaciones del colegio secundario 5.051 Nuestra Señora de La Merced, donde se realizan los ensayos para los conciertos.
La orquesta está integrada por 75 chicos de entre 7 y 18 años, provenientes de La Merced, Cerrillos, Chicoana, El Carril y la capital. Son chicos que aprendieron y aprenden día a día a amar la música y todo lo que a través de ella y con ella se puede lograr.

Guiados por docentes con destacada trayectoria a nivel provincial y nacional, aprenden violín, viola, violonchelo, contrabajo, flauta, oboe, clarinete, corno, trompeta, trombón, percusión y también lenguaje musical. Todos bajo la atenta dirección de Nicolás Sebastián Iglesias. "En la orquesta, que pertenece al Programa Orquestas y Coros para el Bicentenario, se percibe claramente lo que produce la música en los chicos y cómo les cambia la vida. No es una orquesta verticalista, así que las decisiones se toman en equipo, lo cual es un aprendizaje valioso para nosotros, para los papás y los chicos, sabiendo escuchar y entender al prójimo", contó a El Tribuno el director de la agrupación.


Aprender a confiar

Un capítulo aparte merece la experiencia que los chicos adquirieron a lo largo de todo este tiempo. Más allá del aprendizaje musical, el ser parte del proyecto les ayudó a adquirir más confianza en sí mismos a partir del descubrimiento de la propia capacidad y de los logros y metas cumplidas. Es el caso de Paula, que tiene 18 años y toca el violín. "Los días de orquesta son los mejores de la semana. Ahí conocí todo lo hermoso del mundo musical, aprendí a tocar el instrumento que siempre quise, conocí a mis mejores amigos y disfruto de cada canción que tocamos juntos, porque se notan las ganas de todos y el amor infinito a algo tan lindo como la música. No se trata solo de hacer sonar el instrumento, sino de esforzarnos en los ensayos y dejarlo todo en cada concierto. Es un lugar en donde se ve la esencia de cada uno, donde nos juntamos con un mismo propósito: hacer música, disfrutarla y tratar de ser mejores cada día. Muchos dicen que logramos bastante en apenas dos años, pienso que esto recién comienza y vamos por mucho más".

Otro tanto ocurre con Emilce, una violinista de 17 años que cuenta su experiencia con mucho orgullo y algo de incredulidad. "Estos últimos dos años fueron increíbles. Ser parte de la orquesta es hermoso. Llegamos sin saber nada y ahora nos presentamos ante autoridades, es sorprendente. Les doy las gracias a los profesores que están continuamente con nosotros. Ojalá que esto no se termine y podamos seguir así por muchos años más", dice. Por su parte, Gabriel, de 10 años, es un apasionado de la percusión y afirma: "La orquesta me enseñó muchas cosas, como lo bueno que es la música. Conocí muchas personas, muchos chicos y profesores. Hoy somos casi una familia. La verdad es que estoy muy contento por todo lo que me ofrece el estar en la orquesta".

Tanto profesores como padres coincidieron en el aporte que la agrupación representa para los chicos. Además de conocimientos, les ofrece un sentido positivo de pertenencia y un descubrimiento de la propia vocación. Así lo reflejan las palabras de Laura Pedro, profesora de Lenguaje Musical. "Lo que más me conmueve es la cooperación, el trabajo en equipo de niños y jóvenes. Es impactante ver cómo entre ellos se ayudan, se apoyan y se alientan para mejorar cada vez más, para estudiar y lograr un trabajo conjunto de calidad y en armonía", dice.

Otro tanto ocurre con los padres. "Estoy verdaderamente agradecida por el crecimiento que veo en mis hijos en todo. Siento una alegría y una emoción enormes al verlos tocar. Para ellos, la música es un espacio muy favorable. Ojalá que sigan realizando este trabajo mucho tiempo más", contó María González, mamá de Gabriel, Daniel y Lautaro Moreno.

Por su parte, Marcela Torres, mamá de Emilce, afirmó: "Es una puerta que se abrió sin necesidad de tocarla. Allí mi hija cumplió su sueño de tocar el violín, además de aprender a leer partituras y ser parte de una orquesta. Nunca nos imaginamos que saldrían a tocar en otros lugares. Lo pensábamos, pero que se haya hecho realidad es increíble".

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