"Veo a la gente moviéndose al andar por la calle, al pedir un taxi, al moverse con sus diferentes formas, estilos y deformidades ¡Todos están bailando! ¡No lo saben pero todos están bailando!. Me gustaría gritarles: ¡hay gente que todavía no lo sabe!, ¡todos estamos bailando!, ¡los que no bailan no tienen suerte, están muertos, ni sienten ni padecen!".

Estas enérgicas expresiones que permiten dibujar las más variadas y rutinarias imágenes, son parte del mensaje oficial, internacional, escrito por Israel Galván, coreógrafo y bailaor español, con motivo de celebrarse hoy el Día Internacional de la Danza 2015, instituido por la Unesco, en 1982. Se eligió esta fecha por ser el natalicio de Jean - Georges Noverre, innovador y estudioso de este arte, maestro y creador del ballet moderno. Cada año, por pedido de la Unesco, una personalidad reconocida de este arte, redacta un mensaje para luego ser difundido mundialmente.

Galván en su llamado de este 2015, dijo también: "Carmen Amaya, Valeska Gert, Suzushi Hanayagi, Michael Jackson... danza inclasificable. Yo no podría descifrar sus estilos de baile, los veo como turbinas generadoras de energía y esto me hace pensar en la importancia de la coreografía sobre esa misma energía del que baila. Seguramente lo importante no es la coreografía, sino precisamente esa energía, el torbellino que provoca (...) De pequeño, no me gustaba el baile, pero era algo que salía de mí de una forma natural y fácil. Casi instintiva.

Con el tiempo me di cuenta que el baile curaba, me hacía efecto, casi medicinal, me ayudó a no ser tan introvertido y a abrirme a otras personas. He visto la imagen de un niño enfermo de ébola curándose a través de la danza. ¿Superstición?, no sé. Después, el baile, acaba convirtiéndose en una obsesión que consume mis horas y que hace que baile hasta cuando me quedo quieto, inmóvil, apartándome así de la realidad de las cosas. No sé si esto es bueno, malo o necesario pero así es. Mi hija Milena, cuando estoy quieto en el sofá, pensando en mis cosas, con mi propio runrún, me dice: papi, no bailes".

Palabra de maestros


Cada año, desde 1982, se busca reunir a todos aquellos que han elegido la danza como medio de expresión para que, traspasando las barreras culturales, políticas y étnicas, celebren la danza y su diversidad. El Tribuno se suma a esta celebración con reflexiones alusivas de maestros salteños, referentes de distintos géneros.

“Es vida y es salud”

Paula Argüelles, directora del Ballet Oficial de Salta, considera que la danza “es sinónimo de vida porque es la máxima expresión de lo que le pasa al alma, a través del cuerpo”. Es, además, liberadora, “porque se conecta directamente con los sentimientos, con lo que a uno le pasa, con las emociones. Muchas cosas que tenemos adentro se pueden demostrar a través de la danza, como hacían las tribus que plasmaban en sus ritmos cada emoción, cada celebración”.

Paula destacó que la danza clásica es una gran herramienta de fuerte rigor técnico que acerca a la perfección. “Quizás, con el clásico se pierda un poco la naturalidad de otras expresiones, como el folclore por ejemplo, pero otorga un plus que es aprender a dar todo lo que el cuerpo puede dar”.

Subrayó luego que el entrenamiento de la danza clásica es de alto rendimiento, y con exigencia postural, por eso en muchos casos puede resultar sanadora, además de abrir un abanico de posibilidades para otros géneros. Lo comparó con la música clásica, de donde se tienen herramientas para otros géneros musicales “porque estamos partiendo de una formación académica”.

Paula dijo que para ella, el rigor del entrenamiento “nunca fue un sacrificio”, por el contrario, considera que “si el baile se siente como una necesidad, bailar se convierte en una parte fundamental de la vida de cada uno porque colma el espíritu, llena de felicidad y placer”.

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