Ella es Katy, aunque su documento revela que se llama Martha. "Soy Katy Moya", se presenta y luego explica por qué. Es, quizás, la actriz más experimentada de todas las que desde hace diez días deleitan en los escenarios salteños con motivo de la Fiesta Nacional del Teatro. Integra el elenco sanjuanino de la Cooperativa Teatro de Arte, dirigido por Tania Leyes, que tuvo el privilegio de abrir el programa el viernes 20, en el Centro Cultural de la Universidad Nacional de Salta.
Medio en broma, medio en serio, atribuye a la actividad teatral la llamativa vitalidad y energía que contagia a sus 74 años. "Es que toda mi vida tuve ese bichito de la actuación que se movía dentro de mí", resume esta mujer de hablar mucho pero pausado, reflexiva, risueña, que pocas horas antes de regresar a su San Juan, se sentó en el patio del hotel donde se hospeda, a charlar largo y tendido con El Tribuno sobre las "cosas de la vida".

¿Por qué no se hace llamar Martha?

Resulta que cuando mi mamá estaba embarazada leía "Cumbres borrascosas" y estaba enamorada del personaje de Catherine Earshaw por eso pensaba ponerme Cathie, pero en esos tiempos esos nombres no se permitían y mi papá decidió ponerme Martha Estela, y ya está... Pero yo siempre fui Katy, así, con K e Y griega. Mi mamá, maestra y papá, escribano; pero con un dejo histriónico en el fondo; mamá salía en las comedias y el hombre siempre haciendo chistes, gracioso.

¿Cuál es el primer recuerdo que tiene de la actuación?
Imaginate, hija única, siempre como florero en el centro de la mesa, en todas las fiestas. Los hijos únicos solemos ser medios solitarios, fantasiosos, yo siempre quería tener muchas vidas, quería ser muchas personas diferentes, vivir vidas diferentes. Hasta que descubrí que en el teatro una podía hacer todas esas cosas, y bueno...

¿Qué leía? ¿Leía a los grandes dramaturgos?
Leía cosas que no me dejaban leer porque era muy chiquita. A los 4 años insistía con leer a Shakespeare, pero no entendía nada, agarraba "Otelo"... eran libros que estaban en la casa... mis padres leían eso...

¿Cuándo tuvo el primer contacto real con el teatro ?
Había ido a Buenos Aires a estudiar Filosofía y Letras. Cada vez que pasaba frente al conservatorio de artes me paraba, me quedaba mirando extasiada, a mí me pasaba algo acá adentro (se toca el pecho)... ¡No me atrevía a entrar porque para mí, eso era para gente elegida, cómo yo iba a poder trabajar ahí! Nunca me animé a entrar siquiera...

¿Cómo siguió?
Tuve que volver a San Juan por problemas de salud, entonces me dediqué a la docencia y allí aproveché para hacer cosas con los chicos. Me casé con un chileno, a los 20 años, me fui para Chile. Un día, un amigo, quería dar examen de actuación en la Universidad Católica y necesitaba una compañera. Me pidió que lo acompañara. Fuimos, pero resulta que yo quedé y él no. Ahí empecé.

Y siguió en Chile.
No. Me separé y me volví a San Juan por cuestiones políticas... aunque salí de Guatemala para meterme en "guatepeor".. Viví con mis padres y mis tres hijos y estuve mucho tiempo sin hacer nada porque había que trabajar para mantenerlos. Pero nunca se me apagó esa cosita que yo sentía en el pecho cada vez que de teatro se trataba, como un bichito que estaba ahí moviéndose... Hasta que luego de muchos años, la Facultad de Filosofía implementó un proyecto que se llama "Nuevo proyecto de vida para gente mayor", y fui ahí, tímidamente, y retomé la actuación. Tenía más de 50 años. Recuerdo que comenzamos con Estampas Lorquianas, la Cooperativa de Teatro de Arte nos prestó el lugar para ensayar, con la profesora Guadalupe Suárez Ofré que se casaba y se iba a Australia. Había otras profesoras mirando el ensayo, y de ese grupo nosotras escuchamos una voz que dijo algo que nos impactó sobre el teatro. En el grupo pensamos que esa persona debía dirigirnos. Era Tania Leyes... quien desde entonces dirige nuestro grupo.

¿Se arma el grupo con Tania y cómo sigue?
Empezamos como taller, luego formamos el elenco Candilejas, hicimos varias cosas, mucha gente se fue alejando por distintos motivos y quedamos "las tres viejitas" que estamos ahora para integrar elenco Ciertas Mujeres, del Teatro de Arte. Lo primero que hicimos fue "Un país inocente", con textos de Tania, con el que tuvimos varias distinciones. Luego vino "Fantasmáticas", también con textos de Tania, y luego fuimos elegidas para venir a Salta con "Difuntas todas", una excelente experiencia, lástima que con la lluvia nos pasamos por agua.
¿Se acuerda del primer gran aplauso que recibió en una actuación?
En Chile, haciendo “Las troyanas”, la adaptación de Jean Paul Sartre... ¡Imaginate, que era la reina de Troya...!

¿Qué sintió?
No se puede explicar. Es mágico. Es esa devolución que la artista recibe como la devolución de lo que da... no sé... es difícil de transferir.

¿Qué pasó con aquel bichito que le hacía cosquillas en el pecho? ¿Lo sigue sintiendo?
Tengo la idea que si no siento no me va a salir bien la actuación. Soy bastante jorobada, me pongo nerviosa. Soy la vieja más jodida del grupo... Es que yo soy de la época antigua, de la disciplina, del rigor. Yo estoy encantada. Cumplí el sueño que tenía de niña de vivir muchas vidas, de pasar por todos los rincones de las vidas, por los blancos y por los negros.

¿Algún papel que no haya querido hacer?
Yo no tengo miedo al ridículo. Arriba del escenario soy capaz de hacer cualquier cosa. Creo que me cuesta un poco más la comedia, me gusta más el drama. Muchas veces, también hice de hombre... y me siento cómoda.

¿Pudo vivir del teatro
alguna vez?
No, nunca pude. Tuve que tener trabajos formales para criar a mis hijos. Y ellos ahora son grandes, pero tengo a mi mamá, Kila, de 96 años que está mejor que yo, pero requiere dedicación especial por la edad. Aunque por ahí me veo complicada para los ensayos y las funciones, el teatro sigue siendo mi cable a tierra.


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