El Milagro tiene la magia de alargar las horas. Las noches salteñas se ponen perezosas, no se quieren ir. Entonces dan ganas de salir a caminar por la plaza 9 de Julio, recorrer las recovas y las peatonales que, aún con las persianas bajas de los negocios, están siempre pobladas de gente que parece no tener intenciones de irse a dormir.

Pasada la medianoche del sábado, terminada la novena que los fieles rezaron con frío, los megáfonos peregrinos desparramaron plegarias sobre la plaza hasta la madrugada. En la peatonal Alberdi, entre vendedores de medias y pochoclos, un montoncito de espectadores se reunió alrededor de Facundo Andrada, un mendocino de 18 años que practica el arte de la aerosolgrafía, o pintura con aerosoles. Es una actividad que desarrolla en la calle junto a su padre, un tío y un hermano, quienes viven de la venta de los cuadros que componen en vivo y en directo. El público, siempre asombrado con la destreza de los pintores, bendice cada obra terminada con un aplauso.

Facundo Andrada nació en San Rafael, Mendoza, y desde que conoció Salta el año pasado, supo que en esta ciudad podría crecer desarrollando su arte. "Vine a Salta porque mi papá vive acá hace 15 años. Me gustó tanto la técnica de la aerosolgrafía que me enseñó mi padre, que me quedé más que nada por trabajo. En San Rafael intenté hacerlo pero no están dadas las condiciones para vivir de esto allá", explicó el joven artista.

Para dejar terminado un paisaje con lunas, soles, montañas y árboles, Facundo se rodea de aerosoles de colores, esponjas, papel de diario, pedazos de cartón y un par de discos de vinilo que ya nadie escuchará. Sobre fibrofácil y en cuclillas, comienza el atractivo show que en unos 10 minutos entrega el cuadro listo para colgar.

"Hace dos años que hago esto y siento que me perfecciono y que me sale cada vez mejor. Los motivos son sencillos y salen de la imaginación, porque no copio de nada. Hay algunos paisajes que los tengo grabados en la mente y hay otros momentos en que el aerosol me va llevando y es infinito lo que se puede hacer. Por ahora solo hago paisajes pero más adelante aspiro a hacer retratos", expresó Facundo.

Con su papá, su tío y su hermano salen todas las noches a ganarse el pan con este arte urbano. Los cuadros que hacen son de dos tamaños y precios: Los de 30x40 cuestan 80 pesos; y los de 70x40, 150 pesos. Y como el ingenio no tiene techo, el joven contó que "cuando termino una pintura, si hay mucha gente la sorteo. Ofrezco tres números por 5 pesos o 10 números por 10 pesos y como la gente siempre se prende, alguno se gana el cuadro".

Facundo manifestó que siempre se encuentran con un inconveniente para ejercer su arte. "La Municipalidad, los días cuando más podríamos crear y vender, nos saca del espacio público porque nos consideran vendedores ambulantes. Yo me considero un artista callejero, no competimos comercialmente con nadie".
Por estos ejemplos de perseverancia, de conjugación del verbo "creer" en todos los tiempos, uno agradece el Milagro de cada septiembre.

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