Pequeñas historias cargadas de alegrías y sinsabores pasaron y seguirán pasando por un lugar muy particular de la ciudad: el Hogar Escuela "Carmen Puch de Güemes". Este enorme edificio, inaugurado hace 63 años y concebido entonces por la Fundación Eva Perón, guarda en sus aulas, pasillos y dormitorios las risas y las lágrimas de generaciones de miles de chicos que, desde 1952, se educaron en esta escuela albergue, ubicada en un lugar privilegiado del parque San Martín.
Hoy recibe cerca de 700 niños desde el jardín de infantes a séptimo grado, de los cuales la mitad tiene un régimen de tiempo extendido porque concurren de lunes a viernes entre las 7.30 y las 19, mientras que el resto son internos y permanecen en el establecimiento en jornada completa durante la semana hábil. Por sobre las actividades propias de la primaria, en periodo escolar tienen la oportunidad de sumarse a la Orquesta Infantil del Bicentenario, una de las seis que existen en la provincia.

Una vuelta al pasado
En los últimos meses y entre algunas actividades de optimización de los espacios, personal no docente de la escuela comenzó a recuperar una parte del pasado que había quedado olvidado en diferentes rincones. La conservación de libros de actas, útiles escolares, mobiliario, vajilla y hasta vestuario entre muchas otras cosas, generó la decisión de formar un museo que seguramente en poco tiempo más se sumará a los que tiene la ciudad. Pero en este caso tendrá la particularidad de encerrar en él una especial emotividad para aquellos que, de una u otra forma, pasaron por allí, ya sea como alumnos, como docentes, como personal o simplemente como espectadores de inolvidables películas que se proyectaban los fines de semana en el cine que, tras varios años en desuso, reabrió a fines de 2013.

La recuperación
"La idea de formar un museo surgió desde una primera exposición que se hizo con elementos que el personal no docente fue rescatando en los últimos años y otros que aún seguimos recuperando", explica a El Tribuno Marta Alvarado, la directora de la escuela.
Y mientras enseña cada una de las piezas expuestas, cuenta que "Eva Perón tenía previsto alojarse aquí para la inauguración, el 22 de agosto del 52, pero como ya su enfermedad avanzaba, no pudo venir a Salta. La calidad de construcción del edificio y de todos los insumos enviados muestran el concepto de educación y contención que se tenía entonces y consideramos que es una importante parte de nuestra historia contemporánea que debemos mostrarla a salteños y visitantes", agrega Alvarado.
Dos habitaciones contiguas unidas por un pequeño acceso, donde se preveía alojar a Eva Duarte, son las elegidas por la directiva para comenzar a formar este nuevo espacio con mucha historia, como seguramente lo tendrán los otros 17 hogares escuela del país.
"Necesitamos la ayuda de especialistas en museos para aprender a conservar fundamentalmente las actas, libros de registros y archivo de fotos y recortes periodísticos, es decir, todo lo que es papel, sin descuidar el resto del equipamiento que queremos mostrar. Recibimos varias promesas para esto, pero hasta ahora no hay avances y es imprescindible que nos guíen al respecto. Para conformar un museo no solo se requiere de voluntad y limpieza, sino técnicas de conservación", reclama Alvarado.

Una exalumna y una vida de agradecimiento desde su niñez

"Cerca de cumplir los 5 años, junto con mi único hermano entramos al Hogar Escuela en calidad de pupilos. Mi madre trabajaba todo el día, nos criaba sola y este establecimiento, que a principios de 1952 no estaba totalmente terminado y aún no funcionaba como escuela, fue una gran solución tanto desde lo económico como desde la contención". Es el recuerdo de Silvia Ocampo, hoy madre de cuatro hijos y abuela de tres nietos y un bisnieto, que vive en Villa Mitre y cuenta esa parte de su infancia a El Tribuno.
"En el ala derecha estaban los dormitorios y al poco tiempo concluyó el sector de aulas. Mientras tanto, el jardín de infantes y el primer grado lo hicimos entre las escuelas Güemes y Urquiza hasta ingresar definitivamente al Hogar Escuela donde terminé la primaria con el sexto grado cumplido casi a los 13 años", rememora.
Silvia, quien hasta hoy recuerda perfectamente el nombre de muchos de sus compañeros, hace un recorrido mental por los pasillos para relatar que en odontología controlaban mensualmente la boca, en la enfermería les daban el clásico aceite de hígado de bacalao para proveerlos de vitaminas A y D y la vacuna contra la polio. "Una vez hubo un caso de poliomielitis y quedamos todos adentro, en cuarentena, y los padres iban a visitar a sus hijos".
Sigue su paseo del recuerdo por la peluquería, donde "Juancito, el peluquero, nos dejaba casi pelados en época de piojos. Eramos traviesos y nos gustaba recorrer el edificio, el lavadero con grandes secarropas y rodillos planchado, además de la ropería".
La exalumna cuenta también sobre los paseos a San Lorenzo y Vaqueros, "cosas que eran imposibles de hacer con la familia por falta de recursos. Lo mismo con la comunión, para la que teníamos unos vestidos hermosos y también la ropa para bailar folclore. Me quedó muy marcado cuando llegó la intervención, en la Revolución Libertadora de 1955, y se destruyó gran parte de las mercaderías que habían sido enviadas desde la Fundación Eva Perón y los chicos veíamos cómo se sacaban el escudo peronista entre otros símbolos partidarios y se eliminaban los sellos o marcas que remitieran a esa fundación. Hoy, mis hijos y nietos escuchan con atención mis recuerdos, pero siempre les digo que, en mi caso, soy una eterna agradecida al Hogar Escuela por todo lo que me brindó".

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