Ayer se cumplió el centenario del nacimiento de Orson Welles, un grande por donde se lo mire. Medía 1,82 y pesaba más de 150 kilos, así de enorme fue su creatividad también. Sus obras pasaron a la posteridad siendo hasta el día de hoy admiradas por los críticos y estudiadas por los académicos, no solo en las escuelas de cine, sino también por las teorías de la comunicación. Tenía 23 años cuando con un radioteatro paralizó a todo un país y cambió el concepto de las comunicaciones. El 30 de octubre de 1938 Welles realizó una emisión especial por la cadena radial CBS de la novela H.G. Wells La Guerra de los Mundos. Con el formato de un noticiero se anunciaba una invasión extraterrestre provocando reacciones de pánico en la población. Sin dudas a partir de allí hubo un antes y un después en la historia de la comunicación.
Como si fuera poco y con solo 26 años realizó su ópera prima cinematográfica: El Ciudadano Kane. A partir de allí hubo una transformación en el lenguaje cinematográfico. Era 1941.
Los primeros momentos de la película nos cuenta la historia de un hombre que muere solo en una mansión, rodeado de todo aquello que existe sobre la Tierra pero en completa soledad. Con su último aliento pronuncia una palabra, para todos inexplicable: 'Rosebud'. Sobre eso se monta la trama de la película que, según el Instituto de Cine Estadounidense, es la número uno de la historia del cine. Sin embargo, una de las películas más fascinantes de Welles es Sed de mal, filmada en 1958 que comienza con un plano secuencia que hizo historia y aún hoy, es estudiado.
La película fue protagonizada por Charlton Heston, Janet Leight, Akim Tamiroff.

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