Anoche, el guitarrista salteño por opción Pablo Márquez se destacó en un atractivo concierto junto a la soprano argentina María Cristina Kiehr en la Usina del Arte en Buenos Aires. Antes de esa fecha, en diálogo con El Tribuno, explicó que iba a tratarse de un recital de canto y guitarra.
"Hicimos un programa de lied alemán con obras de Schubert y Spohr que fueron publicadas en versiones alternativas para canto acompañado por piano o guitarra en vida de sus respectivos autores. De Spohr se conocen 18 lieder en versiones para guitarra, y es una música maravillosa. El caso de Schubert es un poco más complejo porque de las aproximadamente cuarenta canciones que aparecieron en versiones alternativas, pocas son las que sobrevivieron. Sin embargo, algunas llegaron hasta nuestros días en una copia manuscrita de un guitarrista aficionado de su círculo íntimo, Franz von Schlechta. El trabajo que estoy realizando, y que presentamos en parte con María Cristina es el de transcribir los lieder que no están en este manuscrito y que se sabe que fueron publicados en una versión guitarrística en vida de Schubert".
Luego, en tono reflexivo sobre las tramas de lo instrumental, Márquez señaló: "La música es el arte más abstracto de todos, y quizás por eso mismo sea tal vez el más fascinante y misterioso. Así como la guitarra es el instrumento que me sirve como vehículo de expresión, yo me considero a mí mismo como un instrumento de transmisión del pensamiento del compositor que elijo interpretar. En ese sentido, intento ser yo mismo una caja de resonancia de lo que toco".

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Criado en una tierra de músicos y poetas, con el paso del tiempo, Pablo se convirtió en un eximio ejecutante, pero inició su romance con la guitarra desde muy pequeño: "Desde que tengo memoria siempre me sentí atraído por la música. Recuerdo haber pasado horas delante del tocadiscos de mis abuelos. Cuando tenía ocho años, caminando por el barrio dónde nos habíamos mudado, vi en una casa un cartelito que anunciaba clases de guitarra, y como había una en casa les pedí a mis padres que me inscribieran. Dos años más tarde conocí a Graciela Lloveras, por entonces profesora en la Escuela de Música, quien me transmitió el entusiasmo que todavía hoy me nutre".
El folclore de hoy
En épocas en donde la música nativa sube su volumen e incluso modifica su velocidad, Márquez homenajeó el año pasado al Cuchi Leguizamón con un disco (El Cuchi bien temperado) que hace un elogio de la sutileza y de ciertas tensiones propias del autor, con el desafío de "silenciar" las letras para poner en primer plano las melodías. Además, lo recordará en otro concierto el próximo domingo en la Usina junto con Silvia Iriondo y Quique Sinesi.
"Las versiones instrumentales de temas cantados existieron desde siempre tanto en el folclore (Yupanqui, Falú...) como en la música clásica (intabulaturas del Renacimiento, las transcripciones de los lieder de Schubert hechas por Liszt...) Sin mencionar que el propio Cuchi versionaba magistralmente en el piano toda su música. Es siempre un desafío muy estimulante para el instrumentista", subraya.
"Con respecto a la tendencia que se observa hoy en el folclore, yo siento que de algún modo se está vaciando de su esencia. La grandeza de un Yupanqui o de un Falú son difíciles de parangonar, y ahí está el milagro de la obra del Cuchi, que en una alquimia perfecta introduce una libertad armónica excepcional sin perder la esencia telúrica. El Cuchi revolucionó el folclore para siempre. Ahora cuando escucho cosas que no se sabe si son folclore o New Age o rock, me dan ganas de salir corriendo".
Durante los años en los que habitó nuestra provincia, el Cuchi fue su profesor de Historia en el Colegio Nacional de Salta. Sobre esa valiosa experiencia, destaca: "­Fueron las clases de historia más divertidas que recuerdo! No recuerdo haberlo oído hablar de música en ese tiempo. Sin embargo, su personalidad tan libre fue un ejemplo en aquellos años en los que corría aún la dictadura".
Actualmente radicado en Europa, el artista analiza las manifestaciones locales de lo popular y convoca a mantener la calidad lejos de las etiquetas erróneas de lo elitista: "Yo me crié como músico clásico, lo que es difícil de entender desde la perspectiva argentina siendo guitarrista. Pero cuando me mudé a Europa, y a un lugar tan cosmopolita como es París, empecé a conocer las músicas de otros países de todos los continentes. Es ahí donde tomé la verdadera dimensión y el valor inestimable de nuestra música popular. Y desde esa perspectiva lo que veo del folclore es que está siendo muy bastardeado. Felizmente hay gente como Juan Falú, Hilda Herrera, Rudi Flores y muchos otros que mantienen en alto un ideal de exigencia y calidad que muchos consideran elitista pero que a mi entender es la esencia misma de lo que se tendría que transmitir. Como decía Atahualpa, hay que nivelar por lo alto y no por lo bajo ".

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