Se levantó por última vez en la noche el paño rojo del telón del Teatro Colón y empezó a llover. Empezaron a llover aplausos y gritos de "¡bravo!" de cada uno de los presentes, todos de pie en un salón histórico. Empezaron a llover ramos de rosas, blancas y rojas, que caían desde ambos costados de las plateas, con gente que lanzaba besos al aire, sin siquiera saber si la protagonista los miraba. Empezaron a llover lágrimas, cuando los padres Marisa y Alberto se asomaron por un costado del escenario y se fundieron junto a ella en un abrazo. Y empezaron a llover papelitos blancos y amarillos que caían de ese cielo de un mismo Colón, que daba su último adiós a la hija prodiga.

Paloma Herrera se despidió de la danza por una puerta inmensa y lo hizo en el mismo lugar al que se había acercado 33 años antes para empezar a tomar clases, después de haberse instruido durante un año con su mentora, Olga Ferri.

Una actuación soberbia en la interpretación de Romeo y Julieta, y nada menos que bajo la dirección de Maximiliano Guerra, sirvió para sacarle el brillo final a una carrera marcada por las hazañas y el talento.

"Estoy feliz. No puedo pedirle más nada a la vida. Haberme despedido en el mismo lugar donde empecé cuando era chica, con mi familia al lado, que es la gente que más amo, fue algo soñado. Jamás en mi vida pensé que iba a llegar a un momento como este, sinceramente", reflexionó la bailarina, apenas una hora después de haber ofrecido su último baile.

La ovación producida en la Sala Principal del Colón comenzó poco antes de las once de la noche y duró, de manera ininterrumpida, unos ocho minutos.

Una abuela, vestida de gala para la ocasión, lloraba desconsolada a 14 filas del escenario mientras la nieta, de unos 12 años, le quitaba las lágrimas de la cara. Mientras tanto, en uno de los palcos la actriz Valeria Bertucelli repetía una y otra vez "¡Bravo, bravo!", acompañada por su marido Vicentico y por Esmeralda Mitre, también emocionada.

En esos últimos minutos en el escenario, Paloma Herrera pudo repasar en su cabeza los grandes hitos de su carrera. Como cuando con apenas 15 años firmó un contrato para integrar el American Ballet Theatre. O cuando, a los 19, se convirtió en la artista "Principal" más joven de los 75 años de historia de la compañía.

"Mi vida profesional está cumplida por saber que ayudé a cambiar aunque sea un poco la vida de la gente. A mí me encanta ir al teatro, ir a escuchar música en vivo y siento que todos esos espectáculos me cambian un poco la vida. Si yo pude hacer eso con la gente que me vino a ver, puedo decir que me voy más que feliz", aseguró la estrella de la noche.

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