Hay historias que merecen contarse en letra de molde. La de Perro Ciego es una de ellas. La banda de rock más veterana, emblemática y estable de la escena local lleva 26 años deshojando una fórmula clásica que se ha convertido en una marca registrada. Perro es sinónimo de rock and roll hecho en Salta y su música sigue removiendo cuerpos intrépidamente, aplanando las interesantes aristas blues que marcaron su personalidad en sus inicios.

Tony López es un profundo conocedor de las entrañas de este fenómeno artístico y social llamado Perro Ciego. Él fue el encargado de cronicar, con memoria prodigiosa, el primer cuarto de siglo de la banda en una obra que bautizó Estabas ahí: 25 años de Perro Ciego y que será presentada en sociedad hoy, a las 20.30, en Cosa e' Mandinga (Esteco y Alvarado).

La biografía oficial del grupo nacido en Salta en 1989 lleva en la tapa un dibujo -y un lujo- del maestro Rocambole, dedicado especialmente a los músicos salteños. Es el primer libro que aborda la temática del rock editado en nuestra provincia. Lleva el sello del Fondo Editorial de la Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta. Su autor es el productor de espectáculos de rock y conductor de La Balsa, programa radial que lleva 17 temporadas de aire en FM La Plaza (94.9).

Perro es un producto de Carlos "Pelado" Vega (bajo y coros), Pablo "Jopo" Zenteno (batería), Marcelo "Salchi" Dique (guitarra y voz) y Martín "Gamba" Aguilera (guitarra). En su libro, Tony López desanda los caminos de este puñado de músicos que supieron encontrar la clave para permanecer, afianzados en un estilo inconfundible y en "la perseverancia, la coherencia y el convencimiento" de que el rock también es savia en Salta.

En el prólogo del libro afirmás que el rock en Salta siempre tuvo más contras que incentivos para mostrarse en una sociedad que hace del conservadurismo cultural una cualidad. ¿Cuáles creés que fueron las virtudes de Perro Ciego para crecer en ese contexto?
La perseverancia, la coherencia y el convencimiento en lo que se hace fueron el motor de la banda para estar en escena tantos años. Claro que las relaciones personales juegan un papel muy importante y, en ese contexto, el respeto y la amistad son primordiales. Además, los chicos de Perro saben que cuando llegan las malas ellos se tienen. Casi todos han formado ya sus familias y el apoyo de sus esposas e hijos ha sido vital para seguir con la música. Otro punto importante ha sido el cariño de la gente que los sigue y el respeto que se ganaron por parte de muchos colegas rockeros.

Remarcás que los integrantes de Perro Ciego son de esa escuela donde el rock es algo esencial y superador de la existencia. ¿Cómo describís ese principio de vida basado en el rock?
No hay un molde de lo que es ser rockero, cada uno asume lo que le produce esta música, esta cultura y ve cómo traslada eso a lo cotidiano. Si estás muy metido en el tema, sin dudas que todo eso se transforma en una manera de encarar la vida. Canciones, artistas que te van marcando a cada paso de tu existencia... Tal vez cuando digo "a esa escuela" inconscientemente me refiero a una época en la que decir rock tenía cierto tinte peligroso para algunos, más por ignorancia que por otra cosa.

El público de Perro Ciego es incondicional porque los músicos han logrado una comunión con la gente. ¿A qué lo atribuís?
El público de la banda cambió con respecto a sus inicios y es lógico por una cuestión de tiempo. Creo que a finales de los 90 y a principios del nuevo milenio se dio el primer recambio. Al último lo ubicaría hace unos 5 años atrás, más o menos. El nuevo público se suma a los sobrevivientes de los recambios. Esto es lo que percibo en los shows porque muchos ya no asisten pero, por ejemplo, compran los discos y saben de las actividades por internet. Es otra manera de estar con la banda. Ahora en diciembre se viene la presentación del nuevo disco de los changos en el Microestadio Delmi y será una reunión muy especial. Imagino que nos cruzaremos muchos de todas las épocas. Creo que la gente se identifica con ellos por todas las cualidades que te enumeré: perseverancia, coherencia, convencimiento y, por sobre todas las cosas, por el buen repertorio que tienen.

Conocés muy bien a cada uno de los músicos de la banda. ¿Me tirás un par de líneas resumiendo el aporte de cada uno al grupo?
En lo musical cada uno es un gran instrumentista y tienen una fuerte cultura rockera. Han desarrollado una gran usina compositiva grupal. El Pelado Vega es el bajista, enorme compositor, profesor de historia. Básicamente es la memoria del grupo, en los otros la falta de registro a veces es alarmante (risas). Pablo Jopo Zenteno es el baterista, es el cimiento, tiene un gran sentido del humor. Martín “Gamba” Aguilera es uno de los grandes guitarristas de Salta, más allá del género rock. Su desempeño en el último disco es soberbio, casi no admite discusiones. Por último, Marcelo “Salchi” Dique es el nexo entre la gente y la banda, introvertido en una primera impresión, hace unos terribles asados. Es un gran guitarrista, de mucha sensibilidad y, como cantante, su evolución ha sido notable.

Mirando hacia atrás y como un fanático del rock, ¿qué evaluación hacés de los 80 y 90 y qué opinás del estilo hoy?
En los 80 hubo una gran variedad de estilos y de bandas a mano del regreso de la democracia. En lo personal mi inicio en esta música fue en ese tiempo y por eso todos mis recuerdos son con mucho cariño, todo era un mundo por descubrir. Aquí en Salta hubo una linda movida a partir de la segunda mitad de esa década. En los 90 el auge del formato CD, en reemplazo del disco de vinilo, encareció el acceso a lo que me gustaba. En promedio, un CD costaba el doble: época de convertibilidad. Se empezó a dar el fenómeno de bandas tocando en estadios de fútbol: Rata Blanca, Fito Páez, Los Redondos, por nombrar algunos. Más allá de todo siempre me interesó lo que sucede en el under, las bandas que dan sus primeros pasos, que sacan su primer disco. No he perdido la voracidad de escuchar nuevas bandas o a aquellas que tienen sus años en la ruta pero que son desconocidas para el gran público. Actualmente el rock argentino sigue teniendo propuestas muy interesantes y no nombro porque son muchísimas las cosas que me gustan, al igual que en Salta. El músico salteño viene con un plus: se le impregnan sonidos que tienen que ver con el folclore que circula en reuniones, asados... Además hay padres rockeros que escuchan eso en sus casas.

¿Es difícil ser fan, seguidor del grupo y, a la vez, su biógrafo?
A esta altura del partido soy amigo de todos los músicos de Perro, en especial de Salchi, con quien tengo un contacto permanente. Los conozco desde hace más de 20 años a través de movidas que hacíamos con unos compañeros en la Facultad de Humanidades: los míticos “Pozos Culturales”. Me conmueve su música, los ví centenares de veces, y lo de biógrafo como que se dio por casualidad. En un asado, Salchi me comentó acerca de la iniciativa de hacer un libro. En primer término, el que se iba a hacer cargo era el Pelado. Pero después pensaron que lo mejor era que fuera alguien externo a la banda, aunque cercano. Les dije que lo pensaría y dos vasos de vino después les dije que sí (risas). Esto fue hace ocho años. En ese momento salieron bocetos de los dos primeros capítulos, pero falleció el Pibe Acosta y el proyecto quedó guardado hasta el año pasado, cuando la Secretaría de Cultura de la Provincia me alentó a terminarlo para editarlo. Es el primer libro que se hace en Salta sobre la temática del rock local.

¿La de Perro Ciego es una historia con más claros que oscuros?
Totalmente, fueron más los tiempos de luz. Hubo un momento de oscuridad, que fue cuando falleció el Pibe Acosta. Asimilar la pérdida del amigo fue muy duro, traumático, pero nunca pensaron en dejar de tocar, solo en reordenar la dinámica musical de la banda para seguir para adelante. Eso fue un logro. Otro sería que las bandas relativamente nuevas ven en Perro Ciego un ejemplo de cómo llevar adelante un proyecto musical, una metodología de trabajo.

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