Hay canciones que no envejecen. Siguen sonando porque hablan de lo que nos pasa con la sencilla y brutal franqueza que caracteriza a los locos y a los niños. Y a esta altura del partido ya se sabe que las cosas que nos pasan -como personas individuales y como sociedad- suelen ser reediciones de viejos amores, conflictos, pasiones o errores. Le pasa a Piero con temas como "Coplas de mi país", "Mi viejo", "Llegando, llegaste" y "Pedro nadie", entre tantos otros donde el cantautor supo transformar su mirada en himnos entrañables.

Cuando Piero David Franco de Benedictis decidió dedicarse a la canción, allá por la década del 60, ya tenía en claro que su objetivo sería convertirse en un juglar. Con sus primeras composiciones logró llegar a la gente, no con el espíritu erudito de quien busca sacarle brillo a sus razones, sino como un trovador errante que pinta a su país, a su gente y a su pobreza; que conoce el lenguaje del niño sacudido por el miedo y la espera amarga del campesino que saborea mates largos como el viento.
Piero fue y es, ante todo, un artista comprometido. En los 70 lo pusieron en la fila de los "cantantes de protesta" y pasó al exilio como muchos otros de sus contemporáneos. No obstante, él siempre aclaró que su propuesta no tenía "ismos" (peronismo, radicalismo, marxismo, leninismo...). El mensaje de Piero cambia de notas y tonalidades, pero en esencia siempre es el mismo: el bienestar y la paz son posibles. Su "hijita", la maestra de yoga Indra Devi, tuvo mucho que ver con ese afán del cantor de recordarle a la gente que todos somos un montón de cosas santas, mezcladito con cosas humanas.

Hacía muchos años que Piero no cantaba en nuestra provincia. El domingo, a las 21, se reencontrará con los salteños en el Teatro Provincial. Llegará con su flamante disco "América" y repasará un listado de esas canciones que varias generaciones de latinoamericanos silbamos alguna vez.

Venís a presentar tu último disco, "América". Contame de qué experiencias y de qué pasajes está hecho este nuevo material.
Estos últimos años hemos trabajado recorriendo muchísimo toda Latinoamérica y la percibimos desde distintos lugares, maneras y ópticas. Eso te lleva a componer canciones que convergen en una idea de continente. Más de la mitad de las canciones del disco abordan nuestra tierra desde distintos humores y amores. Pero lo más grande de este disco es que es la excusa para volver a vernos porque se extraña mucho el país, aunque el país nos duele y siempre está rengo, porque siempre le pasa algo.
¿Estás viviendo en Argentina?
Sí, vivo acá, pero estoy muchísimo tiempo afuera. La idea era pasar la mitad del tiempo en giras y la mitad en casa, pero resultó ser dos tercios afuera y un tercio acá. Ya hicimos San Luis, Mendoza y Córdoba. Hay mucha energía porque hay muchos conciertos atrás, mucho camino compartido junto a un público hermoso que nos sigue con afecto.

¿Te acordás de algún concierto que hayas dado en Salta?
Sí, fuimos varias veces. Me acuerdo de un lugar que era como una especie de anfiteatro natural donde había alrededor de 15 mil personas. Esa vez fuimos con Indra Devi.
¿Cómo está conformada tu banda?
Mi banda son cuatro cordobeses que tocan conmigo hace casi veinte años. Se llaman Los Ramírez. Con ellos hemos recorrido todo el país y Australia, Europa, Estados Unidos, Canadá... Cualquier ciudad grande del planeta tiene al menos 200 mil latinos y ahí vamos. En este caso se suma a la banda mi hijo, Juan de Benedictis, que toca la guitarra. En esta gira la gente puede participar del armado del listado de temas votando a través de la página www.piero online.com. Pueden elegir tres temas y en base a eso armamos un ranking. Las canciones más votadas serán parte del repertorio, más un cuarto de los temas nuevos de "América".

El año pasado hiciste una gira por varios países junto a León Gieco y Víctor Heredia. ¿Por qué creés que la música de ustedes cala tan hondo en otras naciones latinoamericanas?
Sí, fueron diez países. Porque los latinoamericanos estamos todos cortados con la misma tijera y nos pasan las mismas cosas. "Para el pueblo lo que es del pueblo" está siempre entre las dos o tres canciones más votadas en esta gira. Eso habla de cómo nos parecemos y cómo nos pasan las mismas cosas. La época de los militares fue similar en casi todos los países.
Vos siempre supiste hacer confluir en tu música arte y activismo social. Hoy en día pareciera que está mal visto que los artistas tomen partido por ciertos principios. ¿Qué lectura hacés de esto?
Yo creo que hay una parte nuestra que necesitamos alimentar y está bien. En general cada uno siente lo que siente, pero justamente, por no estar comprometidos tenemos los problemas que tenemos y nos pasa lo que nos pasa. Tenemos que ser conscientes de que votar es un derecho, pero tenemos que averiguar a quién estamos votando. Está bien que no hay mucho para elegir pero debemos comprometernos con ese voto. Después es muy fácil echarle la culpa al otro. Se necesita ese compromiso y ese contenido.

En "Coplas para mi país" decís que "las cosas se cuentan solas, solo hay que saber mirarlas". Hoy en día hay mucha gente que se deja contar las cosas por la televisión y por los diarios, sin mirar lo que realmente pasa a su alrededor...
Así es, pero la gente tampoco come vidrio y se da cuenta cuándo se la venden, cuándo el canal repite algo a propósito una infinidad de veces para que lo vean sí o sí. La gente está aprendiendo a discernir. No hablemos de periodismo independiente porque acá cada uno patea para el lado que le indica el patrón. Pero también hay un montón de gente joven que sabe diferenciar una cosa de la otra y eso permite que el público, tarde o temprano, pueda distinguir la verdad.

¿Es verdad que los restos de Indra Devi descansan en una casa que tenés en el campo?
Sí, ella tenía en esa casa su habitación, su lugar y su "oficina", que estaba ubicada debajo de los eucaliptus. Ahí se tiraba sobre una manta a contestar la correspondencia. En ese lugar están los restos de Mataji (Mataji Indra Devi era su nombre yóguico completo), donde ella quiso estar.

Fuiste como su familia entonces...
Yo era su papá. La gente se extrañaba cuando ella decía que yo era su papito y yo decía que era mi hijita. Pasó que una vez fuimos a ver a una vidente muy seria y muy importante y nos dijo que habíamos sido padre e hija en otra vida. Dijo que yo había sido escriba en el antiguo Egipto y que me dedicaba a escribir jeroglíficos. Indra era mi hija y yo pretendía que ella siguiera mis pasos, pero no quiso y finalmente nos distanciamos. Así fue que ella se retiró a internarse en una especie de convento y la relación entre nosotros, que quedó trunca en aquella vida, se vino a ordenar en esta. Me pareció bonita la historia y empezamos a jugar llamándonos "papito" e "hijita". Algunos años después, en otro viaje, fuimos a la casa de Krishnamurti y una exalumna le dijo a Indra que en ese lugar había una vidente alemana muy interesante, que estaba postrada. Indra quiso ir a verla. Cuando llegamos nos miró y me dijo a mí: "Vos eras escriba en el antiguo Egipto y ella era tu hija. Vos querías que ella se dedique a los jeroglíficos igual que vos pero ella no quiso..." Ahí se me puso la piel de gallina. No había ninguna relación entre esa vidente y la anterior. "Y vos te vas a Egipto ahora", me anticipó esta segunda vidente así de solo estar. Yo le expliqué que era imposible porque tenía una gira por el litoral. Esto fue en 1983. Entonces dábamos conciertos multitudinarios. Ella me miró y me dijo: "A mí qué me importa, acá dice que vos te vas a Egipto". Indra sí tenía planificado un viaje a Egipto con unas exalumnas. Cuando llamé a Buenos Aires para avisar que llegaba ese lunes para arrancar la gira me avisaron que se había postergado porque el litoral estaba inundado. Así que terminé viajando a Egipto, invitado. Con Indra fuimos dos veces. También fuimos a la India.

¿Cómo conociste a Indra?
Yo tenía un guitarrista, Daniel Manzini, con quien hicimos "Manso y tranquilo". Él era devoto de Sai Baba y me invitó a hacer unos talleres de yoga. Me anoté porque me intrigaba, me sonaba bien. Ahora sé que es el ejercicio más completo desde el punto de vista físico, mental y espiritual. Indra fue una gran maestra, amiga de Gandhi y de Krishnamurti. Brillaba. Me acuerdo que en Salta, cuando compartimos escenario, yo la presenté después de cantar "Miedo niño". Una parte de la letra dice "... y volar, volar". Entonces ella le dijo al público: "Tienen que hacer como dice Piero en la canción y volar de verdad, con la imaginación, con la energía. Desapegarse de las cosas terrenales y confiar. Así van a estar mucho más felices y mucho más livianos". Entonces empezó a caminar hacia el frente del escenario, que tenía como dos metros de altura, y cuando se terminaron los tablones siguió de largo y se tiró. Todos los pibes que estaban adelante la atajaron. Ella sabía que eso iba a pasar y se mandó. Fue una ovación.

¿Nunca le hiciste una canción a Indra?
Ella está presente en muchas canciones y particularmente en una que se llama "La guerra del amor", que fue tomada como lema de la paz que se va a firmar ahora en Colombia, después de 50 años de guerras. Su espíritu y sus ideas están siempre presentes en mis composiciones.


Promos 2x1
Los socios de Club El Tribuno tienen el beneficio 2x1 en la compra de entradas para el show de Piero. También hay promo 2x1 para estudiantes universitarios (en plateas). Las entradas están a la venta en el teatro y en Credimás (Balcarce 25): platea (fila 1 a la 15) $500 y $400 (fila 16 a 25), palco $400, pullman $300.



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