"Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro".
Cien años pasaron desde que el poeta Juan Ramón Jiménez regaló al mundo una de sus obras más populares, "Platero y yo".
Y es que esta historia que cuenta la vida y muerte de un burro plateado al que su dueño ama con locura, ha conseguido enternecer a una buena parte del mundo. No en vano es es el tercer libro más traducido a diferentes idiomas después de la Biblia y El Quijote.
La historia de este obra maestra de la literatura se inició, según el poeta de Moguer, en 1906, año en que comenzó a dar forma a la que sería uno de sus textos más conocidos en el mundo y más leídos por el público infantil. Se publicó por primera vez en 1914.
Sin embargo, "Platero y yo" fue una novela dirigida a los adultos. Cuenta con varios capítulos en los que es palpable una cierta crítica social.
Así lo afirmaba el propio autor, Premio Nobel de Literatura en 1956: "Yo nunca he escrito ni escribiré nada para niños, porque creo que el niño puede leer los libros que lee el hombre, con determinadas excepciones que a todos se le ocurren", señaló. Quizás ahí reside la clave de su éxito entre el público infantil y juvenil, puesto que, como decía el escritor, ensayista y filósofo español Eugenio D'Ors, "los niños adorarán Platero y yo porque no ha sido escrito con premeditación para ellos".
A cien años de la publicación, Google le dedicó su doodle.

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