"Era el único planeta que cantaba", antología poética de Leopoldo "Teuco" Castilla, publicada por Editorial Visor de Madrid, fue presentada días pasados en la Casa de Salta de Buenos Aires. La presentación estuvo a cargo de la poeta, ensayista y lingüista argentina, Ivonne Bordelois. Estuvieron presentes, además del autor, el secretario de Cultura de la provincia, Sergio Bravo, y el director de la Casa de Salta, Sergio Etchart.
"Era el único planeta que cantaba" reúne poemas seleccionados de toda la obra del Teuco Castilla. Fue publicado por Visor con la colaboración del Ministerio de Cultura de Salta. El volumen está prologado por el poeta Rafael Felipe Oteriño, y las palabras de contratapa son de Graciela Maturo, reconocida poeta y crítica literaria.
Leopoldo "Teuco" Castilla (Salta, 1947) es uno de los más valiosos poetas argentinos de los últimos tiempos, y su reconocimiento se extiende a toda la órbita de la lengua hispana. Sobre él resaltó Graciela Maturo: "Su producción escrita, que abarca distintos géneros, resplandece de modo especial en la poesía, que viene desplegando desde hace años en múltiples libros. Teuco, conocido por este nombre indígena de río de la provincia de Salta, reúne -como genuino artista- una fuerte intuición visionaria, y una aguda mirada crítica y reflexiva. Esa conjunción lo aleja de la aridez del discurso puramente científico así como del desborde emocional, permitiéndole relacionamientos imprevistos e inesperados hallazgos. Es a su modo un surrealista, aunque no de escuela; un astrólogo a pesar suyo, y un colector de lo maravilloso-real".
Por su parte, durante la presentación, Ivonne Bordelois destacó acerca del "poeta nómade" salteño: "¿Quién es Leopoldo Castilla, el Teuco? Alguien que interroga el mundo y desde ese asombro construye un lenguaje que tiene la forma de una pregunta desplegada, espiralándose en sí misma, desembocando en más y más preguntas. Una pregunta abierta, inacabable: es como si el Teuco precisara la lectura de todos los paisajes de todas las comarcas de la tierra para comprenderse y saberse a sí mismo, y por eso su búsqueda se vuelve insaciable, interminable. Pero hay una brújula: 'Para cruzar el infinito / hace falta una infancia'".
"El planeta que describe el Teuco -prosiguió Bordelois- es territorio enemigo de todo afán de tarjeta postal: es enorme, desamparado, deslumbrante, indescifrable todo a la vez. Produce terror y admiración, éxtasis y rechazo, pavor y amistad, y nos deja iluminados y transformados al mismo tiempo".
"El pincel del Teuco no es ni quiere ser épico; no asume la talla celebratoria de Neruda, ni prosigue el sabio y persuasivo lirismo terrenal de su padre, el gran poeta Manuel Castilla. Es únicamente suyo: un gigantesco ademán estrictamente contemporáneo que inquiere, a través de los viajes, las guerras, la biología, la física y la metafísica de nuestros días, el nuevo rostro del mundo que vendrá. Está solo en su dimensión de vigía del futuro; ajeno a toda moda, a todo amaneramiento, a toda imitación, está solo en su música diferente, como redoble de tambores inmensos en un horizonte que se esconde", agregó. "La poesía no puede salvar al mundo, pero puede acompañarlo en su destino más profundo y más alto. Y ésa es, precisamente, la virtud que resplandece en la obra insoslayable del Teuco Castilla", concluyó la escritora.

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