La Fundación Roberto Romero (RR) cumplió este mes 15 años de actividad y está de festejo. Sin embargo, en cada aula-taller celebran una alegría cotidiana cada vez que las manos del maestro se multiplican en los alumnos. La oferta de capacitación está dividida en 12 secciones y el dictado se imparte en Caseros 42 y Zuviría 428. Son 77 las propuestas con las que cada estudiante recupera el valor del trabajo y la importancia de la formación laboral y el mejoramiento humano.

Carolina González (44) trabaja en la RR hace 7 años. Da Confección de cortinas, Muñecas soft y Confección y armado de carteras. En todos los cursos busca que sus alumnos desarrollen la capacidad de adaptarse a nuevas tendencias y que usen la imaginación e innovación como elementos diferenciadores. "Las chicas se adaptan a lo que les proponemos y llegan a vender y tener su marca. Me dicen que lograron trabajar en su casa mientras cuidan a sus hijos", relata a El Tribuno. Sus alumnas intercambian historias de motivación con cada puntada.

Mónica Anabia (32) es de Buenos Aires, hace unos años vive en el barrio Grand Bourg y hace 3 meses inició el curso de Confección y armado de carteras, por hobbie. Dice que no venderá ni regalará porque "sé muy bien dónde van a terminar todas" e imagina su placard con las carteras que produjo, asomando pícaramente entre accesorios como chalinas y pañuelos. "Las compañeras son divinas y solidarias. Si se incorporan alumnas nuevas, las más adelantadas les dan una mano", destaca. Comparte la mesa con Romina Erazo (20), del barrio Aerolíneas Argentinas y quien estaba en su primera clase de muñecas soft. Romina aclara que su reflejo inicial fue darle rienda suelta a un anhelo artístico que lleva desde niña, pero pronto supo que el taller de Dibujo humorístico no se abriría por falta de cupo y se inclinó por la confección de muñecas. De la Fundación subraya la enseñanza personalizada y añade que ella la valora porque participó de cursos de repostería en otra institución y la experiencia no fue tan edificante. "La profesora explicaba en general, pero éramos tantos que el que entendía entendía y el que no...". Además estaba sorprendida porque no había pensado que en un par de horas iba a terminar su primera muñeca. "Estoy esperando a una sobrina en septiembre y quiero llenarla de muñecas", bromea. A su lado María Sánchez (40) aprueba esta decisión. Ella viene de villa Chartas y se inscribió como medida terapéutica. Hace un año fabrica muñecas, pero no regaló ni vendió ninguna. Trabaja como empleada doméstica y expresa que no le queda tiempo para producir en serie y vender, aunque no lo descarta.


Bombonería
Hace 15 años que Claudia Ibáñez (45) enseña diversas capacitaciones en el área de respostería y pastelería. "Muchas personas quisieron hacer algo durante sus años activos y ahora que están jubiladas se dedican a esto. Otros quieren agasajar a sus seres queridos y otros poner un microemprendimiento", define. Fernando Cañizares (20), estudiante de Ingeniería Agronómica de la UNSa y habitante del barrio San Silvestre, es el único varón en la clase de Bombonería. Cobra el plan Progresar, pero como le resulta escaso para solventar sus gastos vende tortas por encargo. Llegó a la Fundación siguiendo a su mamá, y cuando esta dejó encontró a otras: "Mis compañeras son recariñosas. A veces me olvido las cosas y ellas me prestan".

Electricidad domiciliaria, aprendizaje continuo

La Fundación genera personal calificado para el sector.

Entre los cursos más demandados de la institución se encuentra el de Electricidad Domiciliaria. Este es un campo en permanente cambio y evolución que plantea retos y soluciones para problemas palpables en cualquier hogar. También resulta atractivo porque se trata de un oficio muy demandado. Nicolás Abán (58) dicta esta capacitación y es uno de los primeros profesores que tuvo la institución. "Formamos en oficios a los jóvenes, aunque también vienen señoras para hacer trabajos de reparación en sus casas", relata. Añade que no se trata de contenidos introductorios, sino de rudimentos reales que permiten a quien los adquiere prescindir de la mano de obra calificada o convertirse en ella. "Mi satisfacción mayor es cuando un alumno se me acerca y me dice: 'Estoy haciendo tal trabajo en mi casa y veo que lo hago bien'. Me gusta que mis conocimientos sean útiles y que pueden ser compartidos", manifiesta.

Sobre el mesón los alumnos trabajan en equipo. Uno de ellos, Sergio Romero, del centro de la ciudad, es programador universitario y su objetivo al inscribirse en Electricidad domiciliaria fue "poder hacer las cosas en mi casa porque hoy día la mano de obra sale más cara que el material". Añade que recomienda el curso a aquellas personas que precisan un oficio. Juan Flores (48), de zona oeste; Miguel Huertas (23), de Cafayate, y Javier Castillo (47), de Atocha III, trabajan en la Central Hidroeléctrica AES Argentina, de Coronel Moldes. "Nuestras expectativas son mejorar en el trabajo", dice Juan. Es tan ameno el clima entre los alumnos y el profesor que ya están organizando actividades fuera de la Fundación como partidos de fútbol y asados.

9.900 alumnos
Esa cantidad de personas se inscribió este año, mientras que en 2014 se anotaron 13.350.

77 ofertas
Los cursos y talleres están divididos en 12 áreas que van desde artesanales hasta oficios y salud.

Muchos alumnos completan trayectos formales en la RR

Claudia Estrada (45) está cursando el Secretariado. Vive en Ciudad Valdivia y es docente de Primaria. "No sabía nada de computación y siempre les pedía a mis hijos que me pasaran en computadora las planificaciones y los programas", relata. Su profesor, Fabio Barrionuevo (49), trabaja en la Fundación hace 15 años. "Acá vive desde gente mayor que nunca prendió una computadora hasta profesionales. También chicos de Secundario. Me pasa que luego los encuentro insertos en la Ciudad Judicial, la Municipalidad o los hospitales y siento una gran satisfacción", dice.

Marcelo Goñi (48) dicta Periodismo radial y Organización de eventos hace 5 años. Cuenta que recibe muchos alumnos que estudian Comunicaciones Sociales en las universidades y el terciario municipal. "Vienen buscando práctica de radio porque pasan cuatro años viendo teoría", detalla. Añade que además de los de la ciudad tiene estudiantes de San Carlos, Jujuy, Tartagal y General Güemes. Uno de ellos, Jesús Valdez, vive en el macrocentro. Le comenta a El Tribuno que es profesor de Educación Física formado en el Ismode y busca en este capacitación desarrollar adecuadamente la voz.

"Yo creo que la forma de hablar, la modulación y el tono que el profesor pone a sus palabras da ánimos de seguir estudiando o no. No llega a los alumnos el conocimiento que uno quiere transmitir sin una buena voz", opina.

La visión
Silvia Romero, presidenta de la Fundación, expresó que se continúa con la visión del Ateneo El Tribuno. "En vez de dar becas y que se beneficien unos pocos, preferimos que se capaciten en oficios con nosotros los que lo demanden", definió.

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