Ahí, sobre el escenario, Martínez y el senador interpelan a las personas del público y las ayudan a la pacífica venganza del humor. La distancia entre el escenario y las butacas se acorta tanto como si en la sala estuviesen todos cara a cara. La risa es esa venganza del espectador, admite Rafael, pero sin sentirse víctima. Así habla de esta obra que dirige hace muchos años y que vuelve a las tablas el 11, 12, 13, 14 y 15, a las 22, en la Fundación Salta (General Güemes 434).
Martínez y el senador es, en realidad, una saga. Y tiene sus inicios en un momento político difícil del país, el 2001 con "¿Qué cenamos senador?", ganando en esa ocasión un premio Phersu, instituido por la Asociación de Teatristas de Salta, en el rubro mejor actor de reparto para Oscar Muñoz. Se repuso en el 2002, en una segunda temporada aún mas exitosa que la primera. La consagración definitiva de los personajes llegó en el 2003 con "Martínez y el senador... La fórmula del humor". En el 2006 y a pedido del público que reclamaba a los personajes, se estrenó la tercera parte de la saga, " Martínez y el senador 2006... La política no se mancha". En el 2007 la obra compartió en Salta, un espectáculo revisteril junto a los renombrados Gustavo Moro ("La Moro") y la vedette Evangelina Andersen. En 2011, el elenco de Espacio Teatro festejó los diez años de los personajes con el music hall "Delirio de una noche de senado" junto a las "X- Centrics Dance Show, en la cuarta entrega de esta saga. El año pasado volvió "Martínez y el senador... la fórmula 2016, en la era amarilla".

El elenco se ha ido transformando en todos estos años... ¿Quiénes lo integran hoy?

Actúan: Oscar Muñoz (Martínez), Danny Veleizán (El Senador Néstor Escalante Duva), Delia Pantaleón (Mercedes, su esposa), Fernanda González (Mariana, su secretaria) / Bernabé Bustos (Juan Manuel, el Pollo de Néstor) y Beli Figueroa (La Nena).

Es una obra cuyo contenido no ha perdido vigencia. Hay chistes que podían parecerse a situaciones reales del plano político y que siguen pareciéndose al presente. ¿No?

Lo resumo en una frase: "Cualquier parecido o semejanza con la realidad no es mera coincidencia".

¿Se ha ido aggiornando la historia de Martínez y el senador, de alguna manera?

Martínez y el senador ya es una marca registrada en el humor teatral salteño, con sus políticos corruptibles, sus blondas secretarias, sus canciones y sus líos de alcoba. Aun así, la realidad nos obliga a incorporar gags en cada función. El humor político es mantenerse siempre al día, con los medios, con el diario, los murmullos de pasillo y con los propios dichos de la gente en la calle. Los actores deben tener una buena gimnasia en improvisar.

¿En qué piensa que radica el éxito de esta obra que ha estado tanto tiempo en cartelera?

Pienso que en el atrevimiento, el desenfado de criticar nuestra realidad con una sonrisa, reírnos de nosotros mismos casi "para no llorar". El humor argentino siempre fue crítico de la política, de la sociedad, de nuestras costumbres, de nuestras miserias, estereotipos, de nuestra idiosincrasia y eso vuelve al espectador cómplice.

Martínez y el senador es un poco la radiografía de varios gobiernos que hemos tenido... ¿Qué cree que le faltaría para hablar un poco más del actual?

Lo que sucede en este país no pasa ni en Disneylandia. Me sumo al rey del café concert, Carlos Perciavalle, cuando dice que el no hace humor político porque es imposible competir con la realidad, siempre nos quedamos cortos en la crítica, pero desde el humor. Es aprender a reírnos de nosotros mismos.

¿Qué piensa que es lo que más divierte a los salteños de esta obra?

En el espectáculo se produce una catarsis en la sala. El público ejerce la "pacífica venganza del humor". Como cuando ocurre algo que es noticia y al día siguiente llueven en la oficina los chistes creados por el humor popular. El espectador razona: "Si a esta gente les permitimos que nos maneje la vida, que al menos, nos autoricen el consuelo de reírnos de ellos y de nosotros, aunque sea por la hora y media que dure el espectáculo". Alguna vez, voces pseudo autorizadas reclamaron que podríamos estar haciendo apología de los malos políticos. Sin embargo, a pesar de la tiranía de el Senador a Martínez, es este último quien al final de cada una de las sagas termina (como representante metafórico del pueblo) ganándole la pulseada.

Dicen que hacer humor es muy difícil... ¿coincide con esta idea? ¿Piensa que hay alguna "fórmula" para lograr ese instante esperado en que el público estalla de risa?

Quien lo sabe. Todos lloramos por cosas parecidas pero no nos reímos de lo mismo. Yo me siento muy identificado con el humor del café concert de los 70. De Pinti, Gasalla, Perciavalle. El monólogo, la revista, el music hall, para después animarme a escribir vodeville, comedia de enredos. Hay muchos tipos de humor: el blanco, el negro, el pícaro, el provinciano con sus modismos, en fin. El sentido del humor nace con uno y después tratamos de ponerlo en la escena.

¿Le gustaría agregar algo más a este diálogo?

Quiero agradecer, porque es claro, por lo menos para mí, que el 60 por ciento del éxito de Martínez y el Senador, depende de la creación del personaje creado por los protagonistas, siempre rodeados de talentosos comediantes. La pareja formada por Oscar Muñoz (Martínez) y Danny Veleizán (El Senador), el cómico y el comediante, funciona con la precisión de un reloj. Los actores de "Espacio Teatro", mi grupo, con 28 años en la escena salteña, tienen un ejercicio de cambiar de cuerda estética teatral, de pasar de la comedia a la comedia dramática, muy relajadamente, porque los actores que manejan histriónicamente el humor, seguramente manejan también la emoción, pero no todos los interpretes dramáticos pueden hacer humor con el mismo oficio. "Martínez y el senador", ya son como la empanada, parte de nuestra Salta.

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