Esta noche a las 21.30, en el Club 20 de Febrero del Paseo Güemes, se presentará el maestro tucumano Roberto Buffo con su recital "El piano de bravura". "Estudio para la mano izquierda sobre un tema de Donizzetti" de Theodor Leschetiszky, "Estudio concierto en forma de vals" de Thédore Lack, "La Danza (Tarantela Napolitana)" de Franz Liszt, "Andante Spianato y Gran Polonesa Brillante" de Fréderic Chopin y "Rapsodia húngara" de F. Liszt componen este recital de entrada libre donde el público ingresará al club por la calle Del Milagro.
"El recital se llama 'El piano de bravura' porque en música se refiere a composiciones de nivel técnico considerable. Tiene obras de pianista que eran compositores para su propio lucimiento. Lo de 'bravura' se refiere a que exige una ejecución compleja. Ya sea con una mayor velocidad o con típicas complejidades técnicas. Con este concepto se puede hacer un programa y de las obras que tocó Chopin estaría más cerca del segundo significado de la palabra, mientras que las obras de Liszt con el primero. Él fue un pianista legendario de todos los tiempos. Bueno, inventa el recital de piano solo, que antes de él no existía. Chopin es más melódico, por lo que la dificultad está en el contexto de la idea musical", explica el maestro Buffo.
Para el máster en piano y dirección orquestal y coral, sin embargo, "el recital de piano está desapareciendo. A excepción de que se trate de un gran virtuoso, hay más interés en el recital de cámara que en el de piano. Parece una contradicción, porque en lo que se refiere a repertorio para un instrumento solo, ninguno es tan extenso como el que se le dedica al piano... Pero eso es lo que está pasando", señala Buffo.
Pero, para el maestro, "el hecho de las desaparición del recital de piano, sin embargo, está acompañado por un estándar de discusión más alto, en el sentido de que cada vez hay más pianistas y más jóvenes y virtuosos cada vez. Creo que el piano está en este momento en una encrucijada, tanto de repertorio como de público. Es un momento de ver para donde van las cosas. En el mercado, a la vez, hay cada vez más pianistas. En EEUU existe una carrera de 'piano acompañante', esto es el 'piano colaborativo', que nunca toca solo, sino que acompaña a un cantante en una ópera o en un ballet. Eso porque el piano tiene la ductilidad que ningún otro instrumento posee también", dice Buffo.
Para el tucumano oriundo de Monteros, el pianista argentino tiene un estilo propio y reconocible. "De acuerdo a mi experiencia en el exterior, con otros músicos y pianistas, fundamentalmente es la pasión. El argentino es pasional en su ejecución. Esto da un estilo que es único y que lo distingue de otros tipos de ejecución que son más racionales", asegura, y menciona a varios intérpretes que descollan en el país en estos momentos.
"No podemos dejar de mencionar a Marta Argerich, primeramente, que es una leyenda viviente del piano. También a Bruno Guelberg, pero se trata de gente de otra generación... Muchos ya fallecieron. Pero de la nueva generación hay muchos argentinos en Europa y EEUU a los que les va muy bien, en carreras como ejecutantes y docentes. En la Argentina puedo señalar a Alexander Panizza, rosarino, que es un fenómeno. Otro pianista es Nelson Guerber, que es un poco más racional. Por esa cuestión de la pasión, siempre en el exterior me pedían que interpretara música argentina o española. A nadie le interesaba Beethoven pero sí Manuel de Falla, que finalmente fue mi tesis doctoral", cuenta el maestro.
Para Buffo es imperioso atraer a las nuevas generaciones a la llamada "música culta", haciéndola más atractiva y popular. "Hay que renovar la audiencia, porque en 20 años las sinfónicas serán como dinosaurios: especies en extinción".

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