A lo largo de los últimos años, directores y productores de cine fueron generando un distrito audiovisual en Salta, aun cuando ni la ciudad y ni la provincia reparaban demasiado en ellos. Así, barrios de la periferia, antiguas casonas señoriales y míticos cafecitos -por ejemplo- sirvieron como efectivos sets de filmación en diversas producciones locales. Hacer cine en un contexto inspirador, pero sin políticas públicas elaboradas en materia audiovisual, podía resultar una difícil carrera cuesta arriba.

Pero eso está a punto de cambiar, aseguran Lalo Mamaní, presidente de la Asociación de Realizadores Audiovisuales de Salta (ARAS), y Agustina Gallo, subsecretaria de Cultura municipal. Esto, a partir de la reciente firma de un convenio entre esa asociación y la comuna, que apunta a convertir a Salta en Distrito Audiovisual, posicionándola como una ciudad de referencia en el noroeste del país.

Un distrito audiovisual implica la generación de beneficios para los profesionales y empresas audiovisuales radicadas en la provincia (productoras de televisión, cine, cortos publicitarios, animación y todos los servicios y actividades creativas y artísticas vinculadas directamente con una producción audiovisual). En el caso puntual del convenio firmado en Salta, el primer paso consistirá en visibilizar el trabajo de los productores locales a partir de la creación de una normativa acorde.

"La primera medida consistirá en generar una normativa impulsada por ARAS para que, el día de mañana, cuando un productor venga a la Municipalidad a decirnos que quiere filmar en Salta, todo el mundo sepa el protocolo y los pasos a seguir para conceder ese permiso", explicó Agustina Gallo.

Lo que parece una simple formalidad, en la práctica será de gran beneficio. El relato de Lalo Mamaní es más que ilustrativo: "Si a mí, productor de cine, venía un director y me decía que quería filmar una escena policial en la esquina de Entre Ríos y Sarmiento, a las 21, en cuyo transcurso un automóvil daba vuelta en 'u' y escapaba a contramano, yo tenía que tener un permiso de la Municipalidad y avisarle a la Dirección de Tránsito. Hasta ahora, para poder hacer una escena así, teníamos que ir a la Dirección de Control municipal, sacar el mismo permiso que le dan a un carro choripanero y contratar adicionales de la Policía de Salta, de Seguridad Vial... Es decir, entrábamos en la normativa existente por una puerta trasera porque no estaba contemplado nuestro trabajo", contó.

Mamaní precisó además que ARAS está embarcada en un proyecto mayor que consiste es involucrar a muchas otras artes. En sintonía, Agustina Gallo agregó: "El distrito audiovisual es una plataforma de partida para alcanzar la meta de Salta como ciudad creativa. Lo que ARAS plantea es que el sector audiovisual necesita que el Estado los acompañe en sus gestiones. A partir de ahí, ellos podrán conseguir más fondos a nivel nacional o internacional. Nosotros aspiramos a tener un espacio tangible para el Distrito Audiovisual, donde más adelante confluyan otras industrias creativas que se vinculen al audiovisual, porque un filme genera movimiento de actores, maquilladores, escenógrafos, diseñadores...".

ARAS nació hace poco más de cuatro años y representa a un sector del audiovisual y del cine salteño. "Salta es una ciudad audiovisual desde que los cineastas se adueñaron de ella, un poco por ausencia del Estado (tanto provincial como municipal), y un poco por el propio ímpetu creativo de quienes creyeron que aquí se puede filmar con las mismas condiciones que en cualquier otra parte del país y del mundo", consideró Lalo Mamaní.

El productor destacó además que nuestro país asiste a un notorio incremento de la producción audiovisual. El despegue tuvo que ver, sin dudas, con la sanción de la Ley del Cine y la política pública de fomento a la producción nacional llevada adelante por el Incaa durante los últimos años.

"La audiovisual fue la industria cultural que más facturó en Salta en los últimos cuatro años, alcanzando una suma de alrededor de 26 millones de pesos. El 60% de esos fondos fueron de orden público y concursables. En ningún caso fue un subsidio o una contratación directa. El otro 40 por ciento fueron fondos privados", precisó Mamaní.

"Claramente, el cambio de paradigma permitió avanzar hacia el desarrollo audiovisual. Muchos chicos que antes trabajaban para terceros accedieron a sus propios equipos e instalaciones para poder filmar. Algunos de los planes de la nueva gestión apuntan a que se siga desarrollando el mercado, y otros a generar trabajo a partir de la capacidad instalada. Las productoras que ya están equipadas tienen que correr ahora un riesgo empresarial", comparó el productor.

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