Leonardo Batic (46) aparece a la cita con El Tribuno, preocupado por su impuntualidad. Se las arregla para no perder la sonrisa eterna, mientras explica que no hallaba espacio donde estacionar. Ha estado lo bastante entre los salteños para saber que 15 minutos de retraso en el Norte no espantan a nadie; sin embargo, se disculpa hasta terminar de arrellanarse en su asiento.

No podemos evitar mirarlo atentamente porque el señor de las princesas, brujas, hadas y dragones lleva sobre su cabeza un sombrero de fieltro. Y lo podemos imaginar en esas vacaciones en carpa por todo el país con su familia, de las que nos habla para romper el hielo. "Hacíamos fogones de noche donde se contaban historias y era inevitable escuchar folclore, canciones y bagualas. Desde entonces me fascina lo mitológico, con el miedo a la noche incluido, y eso fue de a poco quedando dentro de mí", comparte. Leo es uno de los escritores argentinos del género fantasy, junto con Liliana Bodoc y Márgara Averbach, más importantes del momento.

Entre sus libros se encuentran la sagaSeres Mitológicos Argentinos, Seres fantásticos del mundo, Dragones del mundo (con Diego Barletta), Duendes del mundo (con Pablo Zamboni) yPrincesas del mundo (con Jimena Arroyo). Como ilustrador hizo más de 3.000 páginas de historietas para Disney, Hanna Barbera y Warner Bros. En las páginas de su trilogía El último reino (Heredera de dragones, Heredero de las hadas y Herederos de la magia), se puede hallar lo que la literatura tiene de vertiginosa aventura del espíritu, con permanentes y profundas ligazones con la realidad cotidiana, la sociedad y la historia. Toda obra escrita contribuye a crear la mistificación de que es resultado de una inspiración abstracta, pero Leo habla sin prolegómenos de que a los 4 años había decidido que quería dibujar y que a los 18 dio una desilusión de muerte a su padre porque decidió estudiar periodismo y no ingeniería.

"Ahí me di cuenta de que lo que me gustaba más que nada era encontrar el origen de las cosas. Lo que quizá tiene que ver con que soy adoptado y nunca pudimos saber quién era la persona que me había dado vida. Eso hizo que mi pasión siempre sea la de buscar", reflexiona. El indagar sobre el origen de su trilogía nos lleva a 2005, cuando una partícula encendida saltó de la lumbre de esos fogones de su niñez, licencias que se permite la memoria, y generó la combustión que Leo permitió arder en El último reino.

¿Cómo gestó su propio universo de seres fantásticos?
En 2005 o 2006 estábamos de vacaciones en Mar Azul. Yo veía a mi hija Sofía -de dos años y medio-, jugando en la playa y pensaba en qué hubiera pasado si en vez de ser yo el adoptado hubiera sido ella. Como tenía un carácter la chiquita me dije que el único ser que podría haberla adoptado sería una dragona. Los escritores y artistas en general tenemos esta chispa que hace que se genere un incendio que ya estaba ahí, preparándose. Faltaba entonces la chispa para que se pudiera generar la historia que para mí tenía que ver también con la adopción, porque hay algo de eso en estos seres míticos en Europa que durante la ocupación alemana de Polonia en 1939 rescatan al último heredero del reino de la magia y tratan de ponerlo a salvo del hada oscura Ragarath y este ser oscuro empieza a buscar a este heredero y nos trae a la Argentina. Un día una chica de 15 años, Sofía, toma un subte en Buenos Aires y ve a 7 enanos caminando por el túnel del subte y a partir de ahí comienza la historia donde estas dos puntas comienzan a juntarse. Un día Sofía descubre que tiene magia dentro de ella y poco a poco se va enredando hacia situaciones más densas, como qué les pasó a las hadas en la época de la dictadura en Argentina.

Justamente, a mí me resultó llamativo que en sus novelas los peligros no están desactivados como en muchas obras fantásticas...
Esto lo cuento sin vueltas ni miramientos, pero también sin ser panfletario. El fantasy permite mucho jugar con eso. Quizá por eso yo me siento tan cómodo, porque un escritor puede estar hablándoles a dos puntas en conflicto y que esas dos puntas se sientan identificadas al leer la historia. Seguramente nos vamos a sentir involucrados al leer cómo Moisés sacó al pueblo hebreo de Egipto, sin necesidad de ser hebreos ni egipcios; pero sentimos lo que sucede con alguien que es esclavo y tiene la voluntad férrea de irse, pese a las armas. Siempre digo que si los chicos vieran la película La noche de los lápices -soy platense y me toca muy de cerca- y leyeran Harry Potter y la Órden del Fénix, en la que los estudiantes subvierten el orden de una dirección que lo saca a Dumblendore, encontrarían que todo el tiempo se tocan los temas de una manera alegórica, pero profunda. Cuando a Harry le hacen escribir con una pluma especial "No debo mentir", sabiendo que él no había mentido, y eso se convierte en una herida lacerante en su mano... eso es una tortura. Cualquiera de los adultos vamos a entender hasta dónde puede llegar la tortura, pero un chico de esa manera metafórica puede entender a qué nos referimos cuando alguien es injustamente martirizado. Y eso es lo que más me encanta del hecho de poder escribir.

El uso de la metáfora como función sensible y sensibilizadora que ha caracterizado a grandes escritores del fantasy...
Los grandes escritores de literatura fantástica son grandes contadores de metáforas. Siempre están hablando de algo que es mucho más profundo que eso y sino basta leer Un mundo feliz, de Aldous Huxley; o 1984, de Orson Wells; o Farenheit 451, de Ray Bradbury; o El nombre del mundo es bosque, de Úrsula K. Le Guin. Incluso leyendo a J. R. R. Tolkien, quien pareciera ser el gran referente del género después de las películas, vemos que ahí hay un montón de metáforas muy interesantes para tomar. Él vivió la Segunda Guerra Mundial e, ineludiblemente, cuando habla del Mundo Oscuro habla de aquello que está atacando la seguridad de su vida cotidiana.

También es particular que sus villanos poseen estatura moral...
Por varias razones. Primero porque los chicos están demasiado acostumbrados a la violencia. Es lo mismo que nos pasa cuando vemos un programa de televisión en el que hay una mujer casi sin ropa que está bailando al compás de hombres que están aplaudiendo. Eso naturaliza una manera de ser y pensar que bajo mi óptica no es lo que quiero para la humanidad. Como es algo cotidiano quizás uno lo tiene que enajenar, hacer extraño de nuevo para que vuelva a plantearse si esto está bien o mal. Obviamente que matar está mal venga de donde venga, sea del bando que sea. La violencia y lo agresivo no son el camino. Tampoco el hecho de utilizar a la mujer de manera en que no se pueda pensar en igualarla en condiciones con un hombre y esto lo podemos extrapolar a las hadas y funcionaría de la misma manera. Y eso los chicos ya lo tienen y hay que replantearlo. Salir con una mágnum a disparar contra esa gente porque alguien te dijo que es mala y aplaudir por eso yo no lo comparto. ¿Qué pasa si conocieras a esa persona que vas a matar? ¿Te sentirías tan feliz si supieras que tiene hijos, una historia, que le pasaron cosas y que tiene una razón para luchar? Y los chicos lo agradecen, pero también el chico que tienen los adultos dentro lo agradece. Me pasa con mis hijos, yo nos los trato de tontos, los respeto, les hablo con palabras que puedan comprender; pero sin escaparme de los temas que invaden su realidad.

Vino en varias oportunidades a dar talleres a dibujantes e historietistas. ¿Cómo ve el desarrollo artístico en Salta?
Salta pelearía un primero, segundo o tercer puesto entre las capitales argentinas del arte, sobre todo con la historieta y el humor. Creo que falta para que se acerque un poco la mecha para que explote y el resto le empiece a prestar atención.

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