El músico rosarino Franco Luciani estará hoy, a las 19, en el Teatrino (Aniceto Latorre y Alvear) para dar su primer concierto en la capital salteña. Ganador de los premios consagración y revelación de Cosquín, el Konex y un Gardel en 2015, muchos afirman que es el continuador del legado de Hugo Díaz. Su armónica genera sonoridades únicas y pasionales dentro de múltiples clásicos del folclore y el tango, con tímbricas que asemejan su instrumento a un bandoneón o un acordeón.

Antes de su llegada a nuestra provincia, Luciani se reunió con El Tribuno en un bar porteño y habló de su fanatismo por el Cuchi Leguizamón y la poética salteña, entre otras cosas.

¿Cuál será tu propuesta en Salta?

Llego a Salta con Martín González en guitarra, con quien ya hemos hecho muchas veces el formato dúo. A mí me gusta mucho ese concepto íntimo, ofrece otra cosa. La guitarra y la armónica se llevan muy bien. Creo que la armónica se lleva bien con todos los instrumentos. Haremos adaptaciones para esa forma: tango, folclore argentino y latinoamericano y alguna cosa especial. También cantaré algún bolero, a modo de detalle en el concierto. En el proyecto con Daniel Maza "Bolero y otras músicas" estuve cantando algunas cosas. A mí me gusta mucho el concepto de canción. Y dentro del repertorio, cada vez más, se van sumando las composiciones propias. De a poquito, no pretendo de un día para el otro dar todo un concierto con obras mías, mis composiciones demuestran esa amplitud de hacer y crear desde distintos paisajes.

¿Cómo es tu proceso creativo?

Hoy por hoy, está limitado a la música. Tengo composiciones instrumentales o trabajo en dupla con algún poeta. No me animo a escribir. Me gustaría, pero siempre que he escrito algo y lo he mirado al otro día, he dicho: "Esto no sirve para nada". Uno es muy exigente con uno mismo. Pero mi proceso es muy amplio. Me cuesta más que me den una letra para musicalizar. He llegado a crear melodías por etapas y otras salen de un tirón. Después mostrarlo, corregirlo. La intención es dar y recibir todas las posibilidades. Es algo que tiene que fluir. La canción es algo nuevo para mí, pero creo que en unos años me voy a encontrar con muchas canciones porque hay gente interesada que las quiere grabar, sin dar nombres. Me gustaría seguir viendo cómo crece, porque el de la canción es un mundo maravilloso, y no es fácil. Es un desafío.

Actuaste dos veces en Cafayate ¿qué recordás de entonces?

Fueron experiencias hermosas, la primera fue maravillosa. Sé lo que significa la Serenata en la zona. Uno ya es recibido por ese paisaje imponente, de una manera especial. Estoy muy contento de estar en la capital, de que se haya dado. También es un desafío porque Salta tiene, definitivamente, una tradición folclórica única. Creo que lo que es el mundo del folclore en las décadas del 50 y el 60 empieza con una esencia muy fuerte de los salteños, desde toda la región, pero Salta ha tenido siempre artistas muy populares y otros no tanto. Ofrece una amplia variedad de artistas con un folclore muy amplio: el Cuchi Leguizamón, Los Chalchaleros, Jaime Dávalos... Yo soy un fanático del Cuchi. Si terminaron su estatua, me voy a sacar una foto ahí. Destaco la magia, la calidad poética y musical... Es una región con un bagaje cultural increíble.

¿Con qué artista salteño te hubiera gustado compartir escenario?

Con el Dúo Salteño, unos genios. Me hubiese gustado tocar con el Cuchi, por su armonía, por cómo él trabajaba armónicamente el piano y me imagino qué rico hubiese sido tocar sobre esas armonías. Me gustaría haber tocado con él y tener a un Dávalos, a un Castilla recitando un poema propio. Dávalos era un recitador increíble. Eduardo Falú era inmenso. El Cuchi y Castilla era una dupla increíble, lo mismo que Falú y Dávalos. Me hubiese gustado improvisar sobre alguna zamba del Cuchi con esas armonías a lo Monk, pero folclóricas y con Dávalos recitando. No hubiera sabido si escuchar al Cuchi, a Dávalos o tocar.

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