Un cantante británico de 22 años con una voz inclasificable y un artesano de California que lleva ese mismo tiempo explorando su propia versión del rock fueron reconocidos con los máximos premios de la industria de la música en la 57 edición de los Premios Grammy de la Academia de la Grabación, celebrados anoche en el Staples Center de Los Ángeles.

La canción Stay with me, de Sam Smith, es oficialmente el mejor éxito del año en opinión de la industria de la música. La misma industria reconoce a Morning phase, el último de Beck, como el mejor disco del año, por encima de los trabajos infinitamente más vendibles de Beyoncé o Pharrell Williams.

La noche fue de Smith desde el minuto uno, con la entrega del premio al mejor nuevo artista, una categoría clave que eleva a quien lo recibe a un estrellato instantáneo, si es que le hacía falta.

"Como antigua perdedora de esta categoría, en 2008, les digo que no pasa nada o pueden pasar grandes cosas", dijo Taylor Swift al presentar el premio. Quizá la afirmación era cierta para Smith, de 22 años,que irrumpió en los Grammy con la canción Stay with me como la nueva sensación británica, como lo hizo Adele en 2012. Su trabajo es omnipresente en las emisoras americanas desde que salió hace menos de un año. En su primer agradecimiento, el artista mostró una personalidad en armonía con su delicada voz cuando recogió el premio y dijo: "Oh, Dios mío. Intentaré decir algo sin llorar".

Le siguió el premio al mejor álbum vocal pop, una categoría que se podría traducir como el disco mejor cantado. In the lonely hour de Smith ganó a Coldplay, Miley Cyrus, Ariana Grande, Katy Perry y Ed Sheeran. "Antes de hacer este disco hice de todo para que se oyera mi música", dijo el premiado. "Hice música horrible. Hasta que no empecé a ser yo mismo, la música no empezó a fluir". Finalmente, el británico fue el último en subir al escenario a recoger el premio a la canción del año y a la grabación del año, el equivalente al Oscar a la mejor película. Smith acabó dedicando el premio "al hombre al que está dedicado este disco. Gracias por romperme el corazón, me has dado cuatro Grammy".

Los Grammy son el reconocimiento de una industria a sí misma, como industria, y en ellos se premia el mérito a esas canciones que parecen estar sonando en todas partes. Se premian precisamente por eso, por lograr sonar en todas partes y gustar a mucha gente. No cabe duda de que Sam Smith, con la canción Stay with me, ha logrado ser ese artista. Tras la gala, dijo que le gustaría trabajar con Joni Mitchell y con Antony and the Johnsons, una voz a la que recuerda inevitablemente. Su productor, Rodney Jerkins, afirmó que supo que se trataba de un éxito mundial la primera vez que oyó la canción.

Comparte el podio con Beck. El disco Morning phase fue premiado como mejor álbum rock, disco con mejor ingeniería y, la categoría estrella, álbum del año. "Álbumes, ¿os acordáis de lo que eran?", dijo Prince al presentar el premio. "Los álbumes siguen importando". El disco del rockero angelino, de 44 años, consigue así todo el reconocimiento más allá de los singles y los éxitos instantáneos con un trabajo de aire campestre grabado en su casa, quitándole sueño a sus hijos, según dijo, lleno de esa reconocible atmósfera que transmite su música desde hace dos décadas.

La imperdible Happy

En el resto de las categorías más lucidas, la canción Happy, de Pharrell Williams, extendió su éxito con el premio a la mejor interpretación para una nueva versión en directo. La banda sonora de Frozen, un año después de ser reconocida en los Oscar todavía llegó a tiempo de ganar dos premios Grammy el domingo. Una de las parejas más idealizadas de América, Beyoncé y Jay Z, fueron premiados por la mejor interpretación R&B por Drunk in love. El capítulo de rap vino a confirmar el estatus de Eminem como el cantante con más éxito de la historia del género. The Marshall Mathers LP 2 fue nombrado mejor álbum rap del año. Eminem es el artista que más veces ha ganado este premio, seis.

Los latinos

Las categorías latinas vinieron a recoger a los triunfadores de los Latin Grammy, celebrados el pasado noviembre en Las Vegas. Rubén Blades ganó en la categoría de mejor álbum de pop latino con su discoTangos.

Multiviral, de Calle 13, fue el mejor disco en categoría rock, urbano o alternativo. En el estilo tropical, el álbum latino del año fue Más + Corazón profundo, de Carlos Vives, el segundo Grammy que consigue. El mejor disco de música mexicana fue Mano a Mano, de Vicente Fernández. En televisión, las estrellas latinas de la noche fueron Juanes, que interpretó en directo la canción Juntos, y Enrique Iglesias, como presentador del premio a la canción del año.

Chick Corea se llevó dos de los cuatro Grammy en categoría de jazz, al mejor solo improvisado y al mejor disco instrumental por Trilogy.

El mejor álbum de latin jazz fue para Arturo O’Farrill & The Afro Latin Jazz Orchestra por The offense of the drum. El hijo del legendario Chico O’Farrill agradeció haber sido premiado en esa categoría, pero advirtió que “los músicos no se pueden encajonar, se están moviendo constantemente”. Después, ante la prensa, trató de explicar que el latin jazz está viviendo una transformación. “Cuando iba a un concierto, mi mujer me decía: ‘¿Vas a otro de esos conciertos congui? Y yo decía ¿congui? ¿de qué hablas? Porque el latin jazz era congui-congui-congui-con”, dijo imitando el ritmo.

Estos fueron algunos de los premios que no se vieron en televisión. La ceremonia empieza en realidad cuatro horas y media antes de la retransmisión. Con el Staples Center medio vacío se entregaron 71 de los 83 galardones, que tocan todos los rincones de esta industria. Existen categorías para premiar las notas interiores del álbum, el mejor disco de historia, disco de comedia, disco para niños, mejor edición limitada, mejor álbum de bluegrass, interpretación instrumental, interpretación coral, mejor remezcla… Premios que se dan cada año y que cambian vidas, lanzan carreras, tanto o más que los importantes.

El domingo uno de esos ganadores en una de esas categorías periféricas, Joe Spix, premiado como director de arte por la portada y presentación de Lighting Bolt, de Pearl Jam, tocó una fibra antigua cuando dio las gracias emocionado por recibir un premio a su trabajo de portadista “en la era de la pequeña miniatura de iTunes”. En la era de la pequeña miniatura, Sam Smith y Beck fueron gigantes, uno del superéxito irresistible, otro del lado artesano del rock.




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