Mencionar a Sara Mamani es hojear en las páginas exclusivas del folclore de nuestra provincia. Una mujer que se empapó con las plumas más reconocidas de este género y luego supo llevar su mensaje a distintos rincones del planeta.
Esta luchadora salteña fue distinguida recientemente con Premio Nelly Omar, que entregó el Honorable Senado de la Nación, en Buenos Aires.
Esta distinción se realiza en reconocimiento a aquellas mujeres destacadas por su aporte a la cultura nacional y popular.
También recibieron la mención las cantantes: Roxana Carabajal, Yamila Cafrune y Marta Pirén.
La distinción destaca la figura de Nelly Omar y pone de manifiesto su invalorable aporte a la cultura. Es también una forma de destacar a mujeres que, como Nelly, irradian la fuerza de su arte en aportes significativos que enriquecen nuestro acervo cultural.
Sara vive desde hace varios años en Buenos Aires, ciudad a la que considera dura, pero al mismo tiempo generosa y llena de magia. Más allá de la distancia, dice, conserva en su sangre y apellido la marca de una cultura ancestral, cultura por la que trabaja con la convicción de que los artistas, con sus aportes creativos y revolucionarios, son capaces de dar y generar transformaciones.
Muy joven fue representante de la provincia de Salta en el Festival de Cosquín de 1970 en la categoría solista de canto. A partir de allí construyó una envidiable carrera artística, siempre basada en sus ideales, pero principalmente en su talento.
Aunque la música es su gran pasión y el centro de su vida, el universo de intereses de Sara es amplio: es profesora de Filosofía (Universidad Nacional de Salta, 1983) y es miembro activo desde 1991 del Servicio Paz y Justicia que preside el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel.

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