Una sola palabra puede crear un mundo. Alguien se la dicta y él, desde las tablas, comienza a hilvanar una historia casi siempre hilarante. En el escenario, el actor Gustavo Galdiano. Nadie más. Nada más. Así, solo, va dejando suceder una situación que sale de su imaginación y despierta la de todos, porque con su actuación crea personajes, paisajes y locaciones que desdibujan el fondo borravino del telón.
Galdiano está en Salta. Vino a dictar un seminario de improvisación que culmina hoy y a actuar en dos obras. La primera, "El cordobés improvisa" subirá a escena esta noche, a las 22, en el Salón Auditórium. Para mañana tiene una invitación diferente: "De Córdoba per cápita". Es cordobés pero hace más de 13 años que vive y trabaja en Buenos Aires. Allí da clases de teatro, seminarios y actúa. Ha trabajado distintos géneros pero hace más de siete años se especializa en improvisación teatral. Los últimos tiempos ha estado más enfocado en el humor, pero dice que con un trabajo más dirigido al cuerpo del actor, no tanto desde la caricatura y escapando un poco al paradigma de un cordobés que se para a contar un cuento de "chupaos". Su visión teatral, dice, va por otro lado. A El Tribuno le contó para cuál.

¿Cómo definís lo que hacés?
En cuanto a la improvisación podría decir que tiene cierta similitud con el stand up en el sentido en que hay un solo actor parado en el escenario, desprovisto de escenografía. Pero esto parte de consignas concretas que el público pone: un título, un conflicto y un final. De pronto el público puede subir al escenario y decir palabras y, cada 30 segundos, a medida que vas incorporando la palabra que te van diciendo en escena. El público va definiendo las historias.

¿Cómo te preparás? No hay ensayos tradicionales...
Esto lleva cadenas de entrenamientos basadas en técnicas específicas para agilizar la mente, el juego, lo lúdico. Estudié esas técnicas, aprendí y entreno mucho. Un actor que improvisa no es un actor improvisado, sino provisto de varias herramientas con las que tiene cierta libertad en escena.

¿Te enfrentaste a consignas muy desopilantes o estrafalarias que no supiste resolver?
Lo que tiene esto como técnica es que nunca vas a detenerte ante algo. A veces al pedirle al público que escriban palabras o frases, quizá lo que plasman ahí es sumamente grosero o desubicado y no sabés cómo desarrollarlo. Entonces uno trata de desarmar esa frase para que quede otra cosa. O cuando aparecen palabras raras. Mucha gente tiene la costumbre de vincular el humor con lo sexual, con los insultos. Hay buenas historias que pueden surgir de algo simple como: "El día que a mi madre le regalaron una rosa".

¿Cómo te sedujo a vos la improvisación?
Viendo un espectáculo de improvisación que me gustó mucho. Me pareció algo sumamente difícil y como me gustan los desafíos decidí intentarlo. Pero no es tan difícil. Creo que cualquier persona que trabaje y se esfuerce puede desarrollar eso.

En el escenario estás solo vos, desprovisto hasta de la escenografía... ¿Cómo se trabaja en ese sentido?

Vivirlo. Esa es la clave. Si vivís intensamente lo que estás haciendo y estás intensamente metido en tu actuación la gente puede comenzar a vivir tu universo. La gente se ríe mucho de cosas que en realidad no está viendo. Es un poco la intensidad con la que uno juega a algo y entonces el otro empieza a reconocer esa situación. Yo juego mucho con lo cotidiano y con la deformación, porque allí también está la comedia.

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