En "Caminos de tinta", Silvia Katz explora -y explota- con gran destreza la fragilidad implícita en el papel, soporte bien predispuesto a la sutileza de los tracitos negros. La muestra, que se habilitó el 14 de octubre pasado en el Museo de Bellas Artes de Salta (Belgrano 992) ocupa dos salas y reúne dibujos en tinta realizados por la artista en los cinco últimos años.

La exposición está dividida en tres series -Improptus, Trazos Poéticos y Dibujos al Hilo- que invitan a pasar, sin golpear, a ese territorio de entrecruzamientos estéticos que Katz habita desde siempre. "Hay obras que tienen que ver con la música y otras que tienen que ver con la literatura, dos disciplinas que me atraviesan desde que soy chica. La muestra es, en cierta manera, la correspondencia entre el dibujo, la música y la literatura", resumió la artista.

"El jazz y la improvisación son los disparadores para la serie Improptus, donde usé los símbolos de la notación musical como valor gráfico. En Trazos Poéticos hay un homenaje a algunos poetas, principalmente a Jacobo Regen, y una serie de juegos caligráficos titulada Verso Libre", precisó la artista.
En sus dibujos, Katz transita una misma senda, de ida y vuelta, yendo y viniendo de la música espontánea y de la poesía, a la caligrafía y al dibujo en tinta. Su desplazamiento -se intuye- es veloz, sutil y espontáneo, pero de cualquier manera queda claro que la artista no deja que el azar disponga por completo del destino de una obra. Su actitud "analítica" frente al azar es la del ave que, ante el cambio de estación, sabe perfectamente hacia dónde dirigir su vuelo.

"Tiré manchas de tinta y sobre eso improvisé -describió Katz, refiriéndose a ese proceso-. Y como sucede con la música en vivo, una vez que manchaste no podés borrar o volver atrás. Aunque yo tuve la posibilidad de editar y de elegir qué dibujos mostrar. He tenido periodos de mayor libertad a la hora de encarar una obra. Cuando pinté con acuarela también trabajé así: hacía manchas y sobre eso improvisaba. Ahora lo experimento con más fuerza. Es maravilloso", expresó la artista.

"Caminos de tinta" es una muestra en la que todo parece depender de situaciones mínimas, de accidentes imperceptibles o de dictados de dioses enloquecidos: un poema de Alejandra Pizarnik, un solo de Charly Parker, una avalancha de palabras atragantadas -asfixia tan frecuente- o restitos de una madeja de lana alcanzan como pretexto e inspiración. Música y versos actúan como corrientes de aire opuestas y accidentales. De ese choque nace el torbellino de tinta: la obra paralela. "Todo parte del juego -afirma Katz-. La improvisación es el libre juego de la conciencia. La musa no es más que nuestro niño interior que juega. El Yuyo, que tiene 83 años, lo sabe perfectamente.

El juega todo el tiempo. Por ejemplo, se fabrica sus propias herramientas", dice Katz y en su ejemplo cita a su amigo Luis Felipe "Yuyo" Noé, personaje central del arte contemporáneo argentino, presente en la inauguración de "Caminos de tinta".

De jugar, Silvia Katz sabe bastante. Tiene la ventaja de tener maestros a diario en su Taller Azul (el espacio de arte para niños que dirige hace 30 años): "Las obras son todas tintas y para pintarlas no usé pincel: trabajé con piolines y lanas. Agarro manojitos, los embebo en tinta y voy trabajando con eso. Cuando el año pasado el Yuyo me invitó a pintar con él en el Centro Cultural Haroldo Conti, en ocasión de la inauguración de una muestra suya, con Eduardo Stupía y Cecilia Ivanchevich hicimos una obra sobre una tela de 7 x 3 metros.

Pintamos en vivo. Había una mesa donde ubicamos todas las herramientas de trabajo y ahí estaban mis piolincitos. Hace varios años que vengo investigando con este material. Cuando terminamos de pintar la tela gigante se acercó una señora y me preguntó muy interesada si la técnica que yo había usado se llamaba 'piolinismo'. Le contesté que sí", cuenta Katz, a las risas. La muestra "Caminos de tinta" estará habilitada en el Museo de Bellas Artes hasta el 13 de diciembre. Es una oportunidad única para constatar de qué manera una prestigiosa artista logra domesticar -dulcemente- al azar.

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