A Soledad y a Ana Issa se les notaban las cualidades para el canto desde muy chiquitas. Cuando tenían cuatro o cinco años, una tía abuela que tocaba el piano se regocijaba enseñándoles las canciones de Pimpinela. Pero además crecieron escuchando cantar a sus dos abuelas, Mariana y Sara, y a su papá, que envalentonado con "la viola" les pedía a ellas que le dieran el tono, "aunque nunca le acertaba" -reconocen entre risas hoy las hermanas Issa. Aunque crecieron acunadas por la música, ellas fueron las primeras de la familia en dedicarse profesionalmente al canto. Y a pesar de que en sus inicios transitaron juntas por una serie de agrupaciones vocales, el destino y los proyectos personales las separaron por un largo lapso de diez años. Hasta el año pasado, cuando decidieron encarar juntas su primer disco a dúo, que llamaron "Cómplices". Los trece temas del álbum, más un puñado extra de canciones, serán el repertorio del espectáculo que las hermanas Issa brindarán mañana, a las 21.30, en la Casa de la Cultura (Caseros 460).

"El deseo de hacer algo juntas siempre estuvo latente. La excusa perfecta para concretar este anhelo fue ganar el Fondo Ciudadano de Desarrollo Cultural. Con ese dinero materializamos el proyecto. El objetivo desde el principio fue hacer un disco para que nos quedara de recuerdo", contó Ana.

Por ser hermanas, Soledad y Ana han sido cómplices en muchas facetas de la vida, pero fundamentalmente al compartir una canción. Lo vienen haciendo desde que tienen cinco y seis años. "Fue una maestra de la primaria la que le recomendó a mi mamá que nos llevara a un coro porque teníamos condiciones. Con apenas 5 y 6 años entramos al Coro de Niños de la Escuela Superior de Música. La agrupación entonces estaba dirigida por Otilia Belmonte, que es medio parienta nuestra. Por eso pudimos entrar, porque en realidad todavía no teníamos la edad necesaria", contó Soledad.

A los 14 años pasaron a integrar el Coro de Jóvenes de la Escuela de Música y el Coro Polifónico, ambos dirigidos por Julio Reynaga. Paralelamente, se sumaron al Coro Paz y Bien del Colegio Santa Rosa de Viterbo. "Ahí las conocimos a las hermanas Calabrés y a Verónica Marcos -que iba al Colegio del Huerto- y nacieron Las Cinco Voces", continuó repasando Soledad. Fue el primer quinteto vocal femenino del país que, a lo largo de cinco años, transitó por diversos escenarios nacionales e internacionales. "En 1995 ganamos el Pre Cosquín y representamos a Salta en el festival. Éramos cinco adolescentes con poncho sobre el escenario. A muchos les resultó shockeante porque no estaban muy conformes con que cinco jovencitas representaran a la provincia, cuna del folclore. Era otro momento cultural. Además, justo en ese lapso surgían Los Nocheros con su fórmula de cuatro voces y su renovación estética. Las armonías que hacíamos nosotras eran de vanguardia porque de verdad hacíamos cinco voces diferentes, pero nuestra estética era tradicional", recordó Soledad. En el 2000, Ana dejó Las Cinco Voces para integrar un dúo con Luis Fernando Iacuzzi, mientras Soledad siguió con el quinteto un largo trecho más, hasta el 2010, año en que se disolvió el grupo.

Diez años transcurrieron las hermanas Issa desarrollando sus proyectos artísticos por caminos paralelos, sin encontrarse en un escenario. Luego de un breve paréntesis, llegó "Cómplices", el pretexto ideal de Soledad y Ana para retomar el viejo -y luminoso- placer de cantar juntas, como cuando eran chicas.

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