Jorge Cornejo Albretch inaugura hoy viernes a las 18.30, "Senderos del espíritu", una retrospectiva formada por 30 pinturas, en el salón Alvarado del Club 20 de Febrero. El artista recibió en su casa a El Tribuno. Lo primero que confiesa es que no lleva reloj ni usa celular. "Los tiempos actuales son nocivos por estos excesos del ya. Pareciera que si no converge todo en el ya las cosas se pierden, y no es así. Por eso suelo decir: 'Talento es estar lento'. Esa es la experiencia que nos van dando los años. Es como cuando uno entra en un río y no hace pie porque se metió muy de golpe", dice Jorge en su taller. La experiencia es lo que nos pasa, lo que nos llega. Pero es cada vez más rara por falta de tiempo. Todo lo que pasa se reduce a un estímulo instantáneo que es sustituido por otra excitación igual de efímera. "Todo el mundo se atropella, aunque no sabe por qué, y se va perdiendo la identidad de ser humano", define Jorge y vuelve al río.

Más precisamente a una escena de la infancia. En La Obra, una casa que se encuentra a pocos kilómetros del histórico fuerte de Cobos y del río Mojotoro, pasó Cornejo Albretch su niñez. Allí lo arrullaba el murmullo del río que llegaba hasta su ventana.

"Esa casa, construida por Arias Rengel, encierra todo para mí porque fue mi punto de partida con el arte", cuenta, y lo gana la emoción. Cuando tenía 4 años le pedía al encargado de la hacienda que le diera los talonarios que ya no servían, para dibujar detrás. De adolescente tuvo acceso a libros sobre pintura europea que importaba el librero Benito Crivelli con los que se fue formando solo.

"Las personas suelen preguntarme en qué escuela ubico mi pintura. Más allá de las escuelas, a las que no renuncio porque me nutrí de ellas, un pintor después de un camino andado quiere hacer la propia", expresa. Le consultamos cuándo su vocación de artista se volvió una profesión. "Nunca. Soy un principiante. Uno se asume con cierto profesionalismo, pero como artista debe ser rebelde y tener actitud revolucionaria. Sobre todo con uno mismo, en vías de la superación. De las 24 horas del día, 84 le dedico a la pintura", aclara.

"Mis mejores encuentros se dan en esa actitud primaria. Además son tantos los que traigo a mi atril cuando estoy creando, como José Ríos, Juan Carlos Dávalos, Antonio Yutronich y Hugo Ovalle, que me parece injusto pensar que soy el único autor", añade. Nuestro contacto y experiencia con el arte son intransmisibles.

La posibilidad de que algo nos pase o nos llegue ante una obra requiere de un gesto de interrupción, casi imposible en los tiempos que corren. "La pintura siempre me gana por eso siempre voy a su encuentro", dice Cornejo Albretch, como autor y como espectador. Y tal vez la pasión del pintor sea la experiencia insatisfecha y orientada hacia un objeto inalcanzable. No poseer un objeto sino saberse poseído por él. Tal vez el arte sea deseado como verdadera vida, como lo único que vale la pena vivir y la condición privativa de todo renacimiento.

Una vida, un artista

Jorge Cornejo Albrecht nació en Salta el 16 de enero de 1946. Se define como un artista autodidacta. Expuso en varias oportunidades en nuestra ciudad. También participó de muestras en el interior del país, Bolivia y Francia. Sus pinturas forman parte de colecciones privadas en Francia, Mónaco, Suiza y EEUU. Como poeta ha publicado varios libros. Además, libros de dibujos y de prosa y dibujo.


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