Corrientes y Talcahuano, a las 20. Susana Giménez había entrado al teatro Lola Membrives dos horas antes y se sabía que no saldría hasta cerca de las 23, pero si hay algo que tienen los curiosos es paciencia y perseverancia. Nunca hubo tanta gente por centímetro cuadrado en el atrio de ese teatro. Ni tan poco oxígeno. Ni tanto frenesí. Los invitados al estreno de Piel de Judas, la obra que marcó el regreso después de 24 años de Susana a los escenarios, padecieron la mala organización: celebrities, prensa y público general se apretujaban en un embudo humano hacia la puerta de ingreso, obstruida por cámaras de televisión que lógicamente- esperaban hacer la nota con Mirtha Legrand o Ricardo Darín , algunos avivados que sólo querían colarse, y sobre todo invitados que no podían llegar siquiera a preguntar quién tenía sus entradas. La decisión de no hacer un estreno de prensa, con el consabido banner para cámaras ubicado en un sector distinto de la puerta, y un reparto ordenado de las entradas de invitación, fue deliberada, pero hay que decirlo, muy desacertada. Susana Giménez es demasiado popular. Era imposible evitar y contener la multitud de periodistas, cámaras, flashes y fanáticos que se congregó, empujó, y derribó vallas en busca de ser parte del show. ¿El resultado? Mirtha Legrand casi se desmaya y se larga a llorar por la turba enardecida que la rodeó cuando llegó, y el mismísimo Gustavo Yankelevich tuvo que ponerse a sacar del brazo a la gente del camino. Confusión, caos, maltrato y mucho malestar. Mejor les fue a Mauricio Macri y Juliana Awada , que con sus propios guardaespaldas accedieron de un tirón, y a Darín, siempre sonriente y acostumbrado como lo está a la histeria de un éxito. Porque, pasando a lo que nos convocaba, Piel de Judas ya es eso, un éxito.

A las 21 se apagaron las luces, justo después de que se acallaran los aplausos por el ingreso a la sala del jefe de Gobierno y Darín ovación de pie-. Ambos se sentaron con sus respectivas parejas en las primeras filas, junto a Mercedes Sarrabayrouse y Joe Miranda, Lucía Celasco y Joaquín Rozas, Analía Franchín y Sebastián Eskenazi, Selva Alemán, entre otros invitados exclusivos. Se levantó el telón y un silencio expectante se instaló en la sala. Sonaba un violín. Era Alexis Brucker, el eximio violinista que protagoniza esta historia encarnado por Antonio Grimau . El impactante dispositivo escenográfico diseñado por Alberto Negrín provocó los primeros comentarios en la platea y a medida que fue pasando la velada los multiplicó: una casa estilo art déco cortada transversalmente en la mitad, sobre una plataforma giratoria que nos mostraba el interior y el exterior de la mansión rodeada de un bosqueà Un trabajo exquisito. Y entró ella, con el primero de sus cuatro cambios de vestuario, un conjunto rosa chicle, su pelo platinado y su simpatía total. Los gritos no la dejaban empezar con su parlamento, algo que se repetiría a lo largo de la función, pero ella nunca se salió del personaje.
Fuente: La Nación.

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