Publicada en 2011, y tras estar en la lista de best sellers en Estados Unidos por más de un año, "El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares", del entonces novel escritor Ransom Riggs llegó al cine de la mano de Tim Burton, con una historia muy desafiante, que toma prestado un poco de acá y de allá, hasta convertirse en un cóctel de fascinante estética pero, al mismo tiempo, bastante confuso, bajo el nombre simplificado en versión argentina de "Miss Peregrine y los niños peculiares".
No cabe la menor duda de que Tim Burton es uno de los cineastas más creativos y audaces que han surgido en el cine estadounidense. Desde "La gran aventura de Pee Wee" y "Beetlejuice, el superfantasma" hasta muchos de sus 15 posteriores largometrajes, no todos perfectos pero sí casi en su totalidad dueños de un sello de fábrica que los hace claramente identificables y hasta emblemáticos, ha dejado una marca propia, cosa poco frecuente.
En aquella primera etapa, iniciada hace tres décadas, Burton pateó el tablero, y un claro ejemplo es "Beetlejuice..." que todavía hoy sigue siendo una obra que provoca y ha servido de referente para numerosas obras posteriores, al punto de convertirse en uno de esos clásicos modernos, en este caso de la década del 80, como luego también lo serían "El joven manos de tijeras", "Ed Wood" y "El gran pez".
Burton, que acredita otros títulos que en su momento se juzgaron como menores y hoy se los califica de olvidables, habría de volver por sus fueros con "Alicia en el país de las maravillas", obviamente, gracias al guión que le dejó servido hace más de un siglo y medio Lewis Carroll, esa vez partiendo de la impronta que ya le había aportado Disney en 1951, una versión sólida y rica en todo sentido.
Pero el tiempo pasa: esta vez no se trata de Carroll sino de Riggs, y es necesario convenir en que hay una distancia casi sideral entre uno y otro, aun cuando se pueda decir que en Fox fueron oportunos al comprar los derechos para Burton, que sacó partido de la moda, que había arrancado con Harry Potter y sus secuelas, muy exitosas tanto en el papel como en cine 2 y 3D.
Al igual que Carroll hace un siglo y medio, a Riggs, un estudioso de la literatura inglesa, le fascina la fotografía, y siguiendo los pasos del primero, nació la idea de un relato que siga la línea de una colección de viejas fotografías caseras, que inspiró también al segundo libro, "Talking Pictures", publicado en 2012.
A Hollywood, el cóctel Riggs-Burton le sonaba perfecto: juntar el éxito comercial de uno y el arte audiovisual con ese touch alucinógeno y a veces "perv" del otro, y es probable que la taquilla, finalmente, logre demostrar que en ese sentido la industria dio en el blanco, lo que no quita que la observación objetiva, contenidista y de lenguaje, coincidan.
En pocas palabras, el contenido tiene que ver con la historia de un adolescente, Jacob, que desde Florida parte con rumbo a una remota isla de Gales donde, por lo que le contó su abuelo recién fallecido, hay un curioso hogar, congelado en un solo día del pasado, durante la Segunda Guerra Mundial.
Allí Jacob descubre las ruinas del hogar para "niños peculiares" regenteado por Miss Peregrine, y mientras explora los abandonados cuartos y pasillos, se hace claro que los niños que allí vivieron, uno de los cuales fue su propio abuelo, no eran sólo singulares por sus características y poderes: pudieron haber sido también peligrosos.
Pueden, haciendo alarde de sus singularidades, además de ser viejos y parecer jóvenes, tener en su interior abejas, volar como un barrilete, proyectar películas con un ojo, haber sido puestos en esa isla por una buena razón y, de algún modo poco probable, pueden estar aún con vida porque esa mujer tiene la capacidad de convertir cada día en uno mismo, el 3 de septiembre de 1940, antes del bombardeo.
Como se verá, ese poco de acá y de allá -con muchos efectos digitales CGI de alto vuelo-, recuerda, argumentalmente (por el uso y abuso del cronotopos) a "La máquina del tiempo" en todas sus versiones, "Volver al futuro", de Robert Zemeckis, hasta "Pide al tiempo que vuelva", de Jeannot Sawarc, y "Hechizo del tiempo", de Harold Ramis.
Una repetición de día, emparentada a la de "El crímen de Oribe", de Leopoldo Torres Rios y su hijo Leopoldo Torre Nilsson de 1951, basada en "El perjurio de la nieve", de Adolfo Bioy Casares.
En cuanto a personajes, es obvio que hay algo del Eduardo con dedos metálicos, pero también evidente inspiración en la saga de Harry Potter y hasta algo de los mutantes del comic X-Men, dado que el guión fue escrito por Jane Goldman, autor de las adaptaciones de aquellos personajes al cine, y en el final un homenaje a los esqueletos de "Jason y los Argonautas", de Ray Harryhausen.
La propuesta "mainstream" (es decir "a la moda") puede sintetizarse en dos aspectos que es evidente tienen que ver con la mercadotecnia: el primero es que todo lo que se verá desde que comienza la proyección es fantasía pura y extrema; el segundo es que el juego del loop o rulo del tiempo, sigue vendiendo y que es bueno amontonar fórmulas ya probadas para lograr un éxito de taquilla.
A Burton -a consecuencia de su extensa trayectoria, con más altos que bajos-, le ocurre lo mismo que a Steven Spielberg con el reciente fiasco que resultó "Mi buen amigo gigante", que es terminar siendo pieza de un engranaje donde todo se convierte en funcional de un efecto grandilocuente, un amontonamiento que satura.
Frente a tanto exceso de personajes bastante surreales, de efectos especiales, algunos momentos que rozan el humor negro sui generis, poco importa que los papeles principales estén a cargo de Eva Green, Asa Butterfield, Ella Purnell, Chris O'Dowd, Allison Janney, Terence Stamp, Kim Dickens, Rupert Everett, Judi Dench y Samuel L. Jackson, o si el filme es o no copia al carbón del original.
En verdad, ya nada importa, porque como vaticinaron los hermanos Lumiere al presentar su invento, "el cine será un espectáculo de feria".
Por Claudio Minghetti (Télam)

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